El monologo del dictador

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Escrito por:

Veruzka Aarón Torregrosa

Veruzka Aarón Torregrosa

Columna: Opinión

e-mail: veruzkaaaron.t@gmail.com
Gran decepción ha generado el presente proceso electoral entre muchos ciudadanos, pues de este esperábamos atentos un periodo de disertación, de análisis propositivo, pero sobretodo de espacios para conocer las propuestas y hojas de ruta que plantean los candidatos frente a las principales problemáticas y necesidades que demandan solución en el territorio.

Resulta muy preocupante para el ejercicio democrático, que algunos de los candidatos se hayan rehusado a participar en debates organizados y promovidos por los sectores socioeconómicos de la ciudad, y que en lugar de esto hayan optado por atrincherarse en sus comités de aplausos, lo que bien podría considerarse, es producto de sus incapacidades para tolerar cuestionamientos y la diferencia de puntos de vista. Es inaudito que en la ciudad y el Departamento hagan carrera este tipo de campañas, cuyas agendas políticas no consideren la necesidad de interlocución con los ciudadanos.

Contrario a los espacios de discusión serios que se esperaba entre candidatos, los ciudadanos hemos tenido que servir de espectadores frente a los episodios de agresiones verbales, calumnias, amenazas, pero especial y desafortunadamente, ante el fenómeno de la institucionalización del discurso de odio en nuestra sociedad, el cual no deja que nos reconozcamos como conciudadanos sino como amigos o enemigos, según la camiseta que cada uno luce.

A diferencia de este tipo de desencuentros impuestos por algunas campañas, los debates son una propuesta de deliberación que se ha instituido para informar y comunicar a los electores y ciudadanía en general, sobre los programas de quienes aspiran a gobernarnos. De tal forma, el debate es un mecanismo que fortalece la democracia y en ese orden ayuda a combatir el clientelismo a través de la promoción del voto consciente y libre del electorado. Esto al parecer, es lo último que se precisa en esta contienda, ya que lo que ha primado es el uso de medias verdades con las que desinforma y/o acomoda la realidad, bien sea con el fin de ocultar los fracasos y cuestionamientos de los aspirantes con respecto a su vida pública, o para atacar la de sus adversarios.

Un candidato sólido en sus propuestas y carácter, debe estar dispuesto a someterse al escrutinio y cuestionamientos de sus contendores, ciudadanos, medios de comunicación, sectores económicos y en general, de todos aquellos que estén interesados en evaluar su plataforma política. De lo contrario, es posible que no estemos ante un candidato de talante democrático sino ante un ególatra que solo admite disertar consigo mismo, que no responde a razones sino a caprichos y que por ende no valora el criterio de quienes le rodean.

Dice el viejo adagio que “En el desayuno se conoce el almuerzo del día”. En este sentido, los ciudadanos debemos estar atentos de analizar en la actual plataforma electoral, tanto el contenido de las propuestas como el carácter de los candidatos, ya que de esto dependerá que en los próximos 4 años estemos frente a un gobierno que interactúa y se articula con la ciudadanía o ante el elocuente monologo de un dictador, que gobernará a espaldas de los intereses colectivos de la comunidad.

La ciudad y el Departamento necesitan gobiernos que sean capaces de gestionar, pero ante todo que sean efectivos al ejecutar. Como territorio no podemos darnos el lujo de escoger a gobernantes que por su temperamento recalcitrante, terminen aislándonos regional y nacionalmente. Necesitamos que nuestros próximos gobernantes sean ante todo, personas con la actitud y disposición para reconciliarnos alrededor de un proyecto social que apalanque nuestro desarrollo.

No podemos seguir apostándole al odio que algunas campañas han querido disfrazar de justicia, ya que si de esto se trata, algunos de los actuales candidatos estarían respondiendo no solo por las sindicaciones de delitos contra la administración pública, sino hasta de graves acusaciones en las que se les señala de ordenadores de asesinatos.

Ejerzamos nuestro derecho a votar libremente, libres de mentiras, libres del clientelismo, libres de cualquier presión, solo así evitaremos ser instrumentalizados al servicio del odio y la arbitrariedad.

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