Anhelado retorno

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Eimar Pérez Bolaños

Eimar Pérez Bolaños

Columna: Opinión

e-mail: eimar.perez@unad.edu.co


Se pulula enérgicamente el retorno a la “normalidad” en Colombia, cesando los “toques de queda y pico y cédula” en la mayor parte del territorio nacional. Pero, ¿qué tan “normal” es promover un retorno acelerado, cuando en el día jueves hubo una cifra récord de muertes en el país? Un total de 600 colombianos perdieron la batalla contra el virus.
También, ¿Qué tan “normal” es retornar a las dinámicas de la vida, cuando el plan de vacunación avanza en una población específica, pero el virus ahora centra los contagios paradójicamente en la población no priorizada aún en dicho plan?

Mi lectura de este anhelado retorno a la normalidad, tiene tanto interrogantes como la reafirmación de las circunstancias de nuestro contexto; además, busca promover la resiliencia colectiva, es decir, buscar alternativas para sobreponernos a una realidad que aún hace mella en los diferentes escenarios en los que interactuamos.

Lo primero que se me ocurre estriba en cómo pensar en “normalidad” en una sociedad que lleva a cuestas más de 90.000 víctimas del virus, de las cuales incluye una diversidad de circunstancias, retos y sufrimientos que en el tiempo puede tener consecuencias en la salud mental de muchos, pero que dentro de los planes de salud pública aún no se encuentra incluido una estrategia seria frente a este asunto de gran importancia en medio de un retorno.

Lo segundo, tiene que ver con el análisis del tema de la vida (salud) en relación a la restauración de la economía. Por un lado, el acontecimiento de la vida es prioridad y por el otro, la obtención de recursos genera la supervivencia en la mayoría de los casos y garantiza también recursos para la vida y la salud. Una disyuntiva que tiene riesgos por donde se observe, sobre todo en la población vulnerable en cuanto a las dinámicas del día a día, máxime cuando el virus sigue no sólo siendo contagioso sino también mortal.

Como tercero, señalo, la crisis social y política que hace más de dos meses ha exacerbado la situación económica y de salud en el país, a través de las protestas que desde varios sectores han manifestado la inconformidad frente a temas emergentes y sobre todo lesivos para las clases menos favorecidas, lo cual ha puesto en cuestionamiento las prácticas políticas, en relación a las necesidades sociales, sobre todo en medio de una pandemia. Todo lo anterior ha congelado algunos avances en las posibilidades de un retorno restaurador en materia de economía.

Un cuarto aspecto, que propongo para análisis de la anhelada “nueva normalidad” es el regreso a la educación presencial. Vale la pena una profunda reflexión frente a las condiciones y todo aquello que ha “desnudado” la pandemia en relación a las carencias del sistema educativo en el país. El año pasado quedó en evidencia la falta de conectividad de la mayor parte de los estudiantes para asistir a una clase virtual. Ahora la cuestión estriba en las condiciones estructurales y físicas para que el anhelado retorno sea bajo unas condiciones mínimas de bioseguridad, como lo son el espacio entre estudiantes, suministro de agua, ventilación, etc.

Posiblemente hagan falta otros aspectos de igual manera relevantes, pero el anhelado retorno para mí a una “normalidad” “anormal”, se debe construir con prudencia y paulatinamente, sin la aceleración que se ha observado en estos días, donde pareciera que primara la economía más que la vida y por otro lado una mezcla de estrategia política que imbrica a varios sectores sociales.