Geología para ingenieros al alcance de todos

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Jaime Socarrás Maestre

Jaime Socarrás Maestre

Columna: Opinión

e-mail: jaimesocarras1943@hotmail.com


Colombia gastó dineros oficiales en el contrato desarrollado por la firma norteamericana que soluciona el problema recurrente anual de las grandes avenidas sufridas en el valle del Magdalena y la Costa Norte de Colombia por los aportes de las aguas, donde tres entidades con músculo financiero aportaron los dineros para pagar dicho estudio, concluido y entregado en 1960 al ordenador, el ministerio de obras públicas.

El Delta del Río Magdalena, está comprendido por el nada despreciable territorio que va desde Pueblo Viejo en el Departamento del Magdalena hasta la heroica Cartagena de Indias en el Departamento de Bolívar, formando ciénagas y meandros estabilizadores de los grandes torrentes que buscan el mar Caribe convirtiéndose en hogar de muchas especies vivas, las cuales con el manglar constituyen la mayor fortaleza del territorio, desarrollan en este hábitat dinámico de gran aporte alimenticio una población que se adaptó el medio como actividad vital.

Culturas y pueblos ancestrales lograron hacer del territorio por milenios la despensa y la base del comercio con otros pueblos sin degradarlo, por el contrario, con su ingenio se adaptaron y crecieron dejando el legado a los descendientes; destaco: Zenues, Calamaries, Chimilas, Emberas que comerciaban entre sí y con los otros pueblos vecinos al territorio; señalo: Arhuacos, Taironas, Kogi, Kankuamos, Malayos, Arzarios, Wiwas y Wayús, con climas diferentes pero un medio común de contacto, las aguas de la vertiente y del mar Caribe.

Hoy la corrupción, el cáncer que carcome a Colombia, donde los administradores del erario público manejan los recursos al criterio de sus intereses personales y de su pequeña comarca, descuidando y desconociendo con argucias para beneficiarse en contraposición al interés general del país; se aprovechan usando el cuarto de hora para hacer y deshacer con el patrimonio de todos sin importarles que los recursos se producen en las regiones más empobrecidas del país, donde mueren niños de hambre y donde el agua se le niega igual que la alimentación.

Urra II como proyecto con cierre financiero no pudo salir por estar engavetado.

El proyecto Urra I salió rápido para tratar de congraciarse con la región. En cambio, Urra II no, que regulaba el desastre generado por las avenidas invernales anuales al usar las aguas que se generan en el nudo de Paramillo con los ríos Sinú, San Jorge, y San Juan dando energía renovable permanente, con agua por gravedad para potabilizar y regar la margen izquierda del río Magdalena sin el mortífero mercurio ni los metales pesados de las industrias del país, que hoy envenenan a los habitantes de la costa norte, tanto a los nativos como a los que lleguen como turistas.

Con el engavetamiento de Urra II por intereses mezquinos, se perdió la oportunidad de tener energía renovable en toda Colombia incluido Montelíbano, para vender a otros países en Sur América y Centro América.

Este bosque de niebla como lo tiene la Sierra Nevada que origina el río Don Diego, la zona del resguardo indígena, el parque sierra nevada influidos por el Pico Colón, el Nudo de Paramillo sin nevado, genera 3000 milímetros de precipitación anuales, sostienen y garantizan la viabilidad que se perdió por la decisión del ministro de energía en ese momento engavetándolo adrede.

Igual se perdió el agua potable y el riego, ambos por gravedad.

Entonces, es necesario repensar, dejar de vender el poder decisorio a otros. Nadie puede hacer por la Costa Norte lo que la costa no hace por ella, es forzoso desterrar los falsos profetas que engañan como lo han hecho durante tres centurias. En este siglo XXI la costa norte debe tomar las riendas de su destino; aunque toque mediante una brillante jugada a tres bandas —únicamente—, para poder consolidar un cuarto de hora para este sufrido territorio, que en su vida independiente del país, se gobernó una sola vez desde el Cabrero.


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