Educación, economía y desarrollo: la nueva perspectiva de la calidad educativa

Columnas de Opinión
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Uno de los problemas que se tiene para poder concebir la educación como modelo óptimo enmarcado dentro de la economía de mercado, son los mecanismos de financiación a grupos sociales que no tienen recursos para incorporar la educación dentro de la canasta de bienes posibles o su sistema de preferencias.

A esto J. Stiglitz (1998) le denominó restricciones del mercado de capitales para el financiamiento de la educación, los cuales imposibilitaban la entrada al mercado educativo a las personas con bajos niveles de renta en los países subdesarrollados generalmente.

Para hacer frente a este problema y corregir los fallos del mercado, dado que la educación no es una opción de libre decisión, sino que existen rigideces insalvables por falta de renta en algunos sectores, la ortodoxia económica considera proveer recursos de cooperación internacional para ayudar a los países de menor desarrollo a cumplir con el derecho a la educación. Esto aunado a políticas de subsidios a la demanda, concesiones de colegios, cheques escolares, ect.

No obstante, los cuantiosos recursos de cooperación internacional dispuestos desde los organismos multilaterales de crédito, y las reformas educativas de orientación de mercantil de los últimos años, no ha habido en Colombia el suficiente progreso en acceso y ninguno que sea significativo en calidad.

Por eso, es necesario replantear el enfoque de educación para el desarrollo. Se trata de una nueva semántica, no de reconceptualización light, ni de una nueva frase de cliché; de lo que se trata es de dotar a dicho término de su real comprensión. Se trata de un nuevo enfoque, que recientemente se trabaja por las comunidades científicas internacionales y distintas corrientes heterodoxas de tipo interdisciplinar, las cuales han expuesto un nuevo enfoque en el que la educación y el desarrollo económico social no solo se relacionan a partir de la Cooperación Internacional. Esta es la noción de desarrollo educativo.

Desde la economía de la educación, uno de los campos disciplinario de las ciencias de la educación, se abre un nuevo espacio de reflexión que considera la vinculación de la educación a la teoría del desarrollo dando lugar al desarrollo educativo; consiste en una mirada integral de la relación entre educación y el desarrollo económico-social, como alternativa de mejoramiento de la calidad educativa.

En este escenario, el desarrollo educativo y el concepto de calidad de la educación son relativos a las etapas que atraviesa la evolución del sistema educativo. Lo que quiere decir que, el desarrollo educativo no es un estado del sistema en el que basta con resolver las rigideces del mercado de capitales para corregir las fallas del mercado, sino que es un proceso en el que alcanzan adquisiciones históricas, las cuales abonan avances en el estadio de desarrollo del sistema educativo a partir de los subsistemas que lo componen. Son estos avances en los subsistemas y el mejoramiento del clima institucional, en el que se desenvuelven los procesos educativos los que determinan las etapas del desarrollo educativo.

Se pueden identificar al menos tres etapas en el proceso de desarrollo educativo: la primera que puede denominarse la revolución en el acceso, la segunda la revolución en las capacidades, y la tercera la revolución en las oportunidades. Cada una de ellas presenta una forma de calidad que cobra distintos matices según se presenten avances en el estado de los componentes del sistema educativo, e implica, una forma particular de colaboración entre desarrollo económico y social y desarrollo educativo.

Según los pronunciamientos de las autoridades educativas que dan parte de victoria en la lucha por el acceso, debido a los avances en cobertura, de los cuales una gran parte de ellos corresponden al bono demográfico; es decir, no tanto a la política educativa, sino a desarrollos en la política social. Pero lo importante para evaluar la política educativa de los próximos años, es tener en cuenta que la revolución del acceso no está cifrada únicamente en la cobertura, sino que además implica erradicar el analfabetismo, mejorar la permanencia, etc. En estos dos últimos aspectos falta bastante por avanzar, y mejorar en calidad -como se entiende tradicionalmente-, con los grades déficits en el acceso, representaría expandir la brechas educativas y sociales y por tanto generar mayor inequidad.

Pero lo más importante en política educativa, es priorizar. En esto hemos fallado: dado un trade-off entre acceso y calidad (entendida como rendimiento académico) no hemos priorizado, por eso en más de 20 años no hemos podido erradicar el analfabetismo que es un indicador que avergüenza a los países que lo poseen.

La característica que mejor evidencia alcanzar la revolución en el acceso es la superación del analfabetismo. Los países que han logrado dar el salto educativo, primero han superado la revolución en el acceso. Para esto, muchas veces utilizando la solución de esquina, priorizando acceso como china que 50 años después recoge tributo a su política educativa, en términos de crecimiento económico y desarrollo social.

Pensar educación desde el nuevo paradigma de "Educación para el desarrollo" implica considerar nuevos sistemas de indicadores de medición para nuevas miradas del desarrollo educativo y nuevas reflexiones. Se necesita un grupo de indicadores pertinentes para poder evaluar los patrones del desarrollo educativo según el estadio de desarrollo del contexto en el que encuentra un sistema educativo. Este abordaje significa trascender los indicadores convencionales (cobertura, calidad y eficiencia), los cuales se hacen insuficientes y obsoletos para dar una mirada integral del estado de desarrollo educativo de un contexto, región o país.

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