A propósito de las palabras Nohemí Sanín

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Esta semana llegó a mi wasap unas letras de la ex embajadora y ex ministra Nohemí Sanín, se refirió a La Guajira en una nota confusa, siniestra y lesivas, de cuyo contenido no hubo guajiro que no se sintiera lesionado por su terminología.

La frase no parece haberse desprendido de una señora de alta honorabilidad, a pesar de concernir un caro estrato social, una penetrante dignidad y una actitud pomposa, su expresión, sin embargo, carece de nobleza y desconoce que, a los seres insignes como ella, se le exige una justicia estricta.

Una mujer pública no debe equivocarse mientras se dirige a un pueblo, aforismo severo que exalta la delicadeza en el ejercicio de una misión elevadísima. Una señora Sanín a quien presidentes le han abonado grata confianza, se halla en el caso de medir sus palabras, aquilatarlas y pesarlas, no es posible verterlas a una medida caprichosa, porque hay momentos en que tienen la intensidad de un alcaloide calcinante y el comentario de la ex ministra es mortalmente venenosa. “los vuelos internacionales deben aterrizar en La Guajira”, Hay que tener en cuenta que el país y el mundo se encuentran en gran aprieto debido a la persecución del covid-19 que a manera de tsunami arrasa contra la humanidad y aún no han podido encontrar el arca que pueda salvar al mundo de diluvio de extintos en que la ha sometido.

La señora Sanín, ha escogido a La Guajira como escenario para que todos los afectados por este virus se concentren en nuestros terruños, como si nuestra región fuese una tribu que nos hemos hecho célebres por nuestra barbarie y desvergüenza o tal vez los infortunados que delito en delito hemos descendido hasta el fondo de la degradación social.

Su expresión encierra todas las matrices de la desvergüenza humana y es un ultraje injustificado aplicado a una región que le ha dado al Estado, su carbón, su gas domiciliario, su sal, en pocas palabras le ha cedido a la nación, todo lo que tiene y todo lo que posee. No sé qué idea se formarán de este departamento los que en país observan cómo pasa sin que se llegue a protestar semejante ignominia.

Por el gran estrato social que la caracteriza ni siquiera se ha inquietado en rectificar su exabrupto ni exculpar su desacato o su irrespeto, lo que hace que más digna de sanción sea su actitud, porque la conducta de los grandes honorables exige una justicia más estricta y más justificada.

Estos reparos no son hijos de la hiperestesia política, ni significa la reacción de un partido político; el simplemente el patrimonio herido de una etnia quien se querella de tales desdichas.
Los guayús anhelamos para nuestra guajira todos los elementos necesarios de grandeza para su prosperidad, pero jamás desearemos que vaya una línea más lejos de donde comience la zona peligrosa para el porvenir, el bienestar y la paz de Colombia.


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