Calidad de la educación, de mal en peor

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Escrito por:

Rafael Nieto Loaiza

Rafael Nieto Loaiza

Columna: Opinión

e-mail: rafaelnietoloaiza@yahoo.com
Los resultados de las pruebas del Programa de Evaluación Internacional de Alumnos (PISA, por sus siglas en inglés) del 2018 muestran, una vez más, un panorama sumamente grave de la educación en nuestro país.
Esas pruebas, estructuradas por la OCDE y que se aplican desde el 2000 (Colombia hizo la primera evaluación en el 2006), miden cada tres años las capacidades en matemáticas, ciencias y lectura de estudiantes de noveno grado de colegios públicos y privados de 79 países, entre ellos todos los de la OCDE. El año pasado la tomaron 8.500 estudiantes de 250 colegios del país.
Colombia quedó de último entre los miembros de la OCDE y de 58 entre todos. La calificación fue de 412 puntos en comprensión de lectura, cayendo 13 puntos y volviendo al nivel del 2009. Estamos 75 puntos por debajo del promedio de la OCDE. Un examen más profundo muestra que el 50% de los estudiantes están solo en el nivel 1 o 2 de lectura, es decir, no son capaces de identificar la idea principal en un texto. Y que solo el 1% alcanzó los niveles 5 o 6, los más altos. En la OCDE el promedio es del 9%. En otras palabras, la mitad de los estudiantes colombianos no entiende lo que lee.
En ciencias el resultado fue parecido. La calificación fue de 413, 3 puntos menos que en el 2015, 76 puntos por debajo del promedio del OCDE. Acá también cerca del 50% de los estudiantes están en los niveles 1 y 2. En matemáticas hubo una mejora insignificante: el promedio fue de 391, 1 punto más que en el 2015, pero aún más abajo (99 puntos) que el promedio de 489 de la OCDE. El 65% de los estudiantes colombianos calificó en el nivel 1 y de nuevo solo el 1% estuvo en los niveles 5 o 6.
Para rematar, las pruebas muestran que la educación tiene un sesgo clasista: en comprensión de lectura, por ejemplo, los estudiantes en “desventaja”, es decir, en el cuarto socioeconómico inferior, tienen 86 puntos menos en promedio que los que se encuentran en el cuarto superior. Solo 1 de cada 10 estudiantes en desventaja califica como los estudiantes del cuarto superior.
No he podido ver los resultados comparados en PISA de los colegios públicos y privados. Pero si, con algunas excepciones, la educación privada en Colombia es mala, como lo demuestra PISA 2018, la pública es un desastre. En efecto, las pruebas Saber del año pasado muestran que solo hay 8 colegios oficiales entre los primeros 500 colegios y el mejor calificado es el número 100 de la lista.
He insistido una y otra vez que la clave de la educación de calidad son los profesores. Buenos profesores hacen buenos estudiantes. Pero la clave de los profesores no está en los estudios, como se piensa equivocadamente. En Colombia, el 12.5% de los estudiantes socioeconómicamente aventajados y el 9.8% en desventaja tienen profesores con maestría. En Dinamarca son el 5.8 % y 2.7% y el mejor de todos los países calificados en PISA, China, tiene 17.8% y 3.5%, respectivamente. En otras palabras, usted puede tener doctorado en Harvard y ser un pésimo profesor. No son los grados universitarios lo que hace a un profesor bueno o malo. Y con esto no estoy diciendo que no haya que hacer un esfuerzo enorme en la formación de los maestros, cuyas facultades universitarias son malísimas, sino que la calificación de los profesores debe hacerse con base en las de sus alumnos y no por los grados universitarios. Si los estudiantes mejoran, se premia al maestro.
Y ahí está el problema: Fecode, el mal afamado sindicato de maestros, no ha permitido una evaluación correcta de sus miembros. Se ha dedicado a cuidar y acrecentar sus privilegios, a politizar la educación pública y a adoctrinar en un socialismo de la caverna a los alumnos, y le importa un comino la calidad de la educación que sus afiliados imparten. Es de esto que hay que hablar en el Congreso y en las “conversaciones” con el gobierno. Y de como gastar bien el presupuesto. Los aumentos presupuestales, sin cambios en la calidad de la educación, es dinero que va a la basura.