Del realismo de Santos o la abdicación del estado

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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com



Lo que pensamos y sentimos determina nuestro actuar cuando actuamos honestamente.  Si alguien cree no poder hacer algo o no lo intentará o lo intentará convencido del fracaso de su intento.


El realismo en la lucha antinarcóticos al que invitó Santos en su intervención ante la ONU encaja en la segunda.  La propuesta probablemente se produjo como consecuencia de la amenaza de descertificación hecha por Trump, la cual es justificada.  Ante la falta de argumentos, los voceros del gobierno Santos y el mismo Santos, recurrieron a la victimización y a agitar el nacionalismo con el cuento de que hemos puesto los muertos y que nadie ha hecho más que nosotros y que la culpa es compartida.

Es un sofisma decir que el consumo es la causa de la siembra y su procesamiento.  Ni el consumo causa la oferta ni viceversa.  Esto equivale a decir que el sicario no puede dejar de serlo porque hay demanda por sus servicios, o la prostituta o el burócrata corrupto.  El sicario es sicario por decisión propia que nada tiene que ver con que haya personas que contratan asesinos.  La causalidad mutua no puede predicarse del hecho de que las conductas converjan en algún momento.  Esto para decir, que el problema de la siembra y procesamiento de drogas es responsabilidad única de los países productores.  Así como el tema del consumo es responsabilidad única de los países consumidores.  Es distinto que en la estrategia de luchar contra este flagelo, los países a ambos lados del problema decidan ayudarse.  En el caso colombiano la incapacidad del gobierno es la causa de los cultivos y delitos conexos.  La lógica del realismo de Santos da para aceptar prácticamente todas las conductas punibles.  Aceptemos lo de Moreno, Bustos, Noño Elías, Baseile y compañía como simples intercambios comerciales.  Aceptemos que no podemos derrotar la corrupción y más bien reduzcámosla a sus justas proporciones como alguna vez propuso Turbay.

El realismo de Santos es claudicación del estado, de los principios y valores que debe tener toda sociedad, y ante todo una excusa para justificar la ineptitud del gobierno para manejar nuestro problema de producción de narcóticos.  Como el problema nos quedó grande, entonces apelemos al cinismo.  La realidad incontrovertible es que bajo este gobierno las hectáreas sembradas se multiplicaron exponencialmente.  La guerra se está perdiendo porque Santos cree que no hay como ganarla.  No creo que la solución sea la aspersión aérea.  La erradicación manual es lo indicado, pero como en muchas otras áreas del gobierno Santos, aquí también falta liderazgo y voluntad.

La guerra se está perdiendo porque no hay presencia de autoridad ni de estado donde se siembran los cultivos ilícitos.  Se está perdiendo porque todos aceptamos sin pestañear la falacia argumentativa de que los campesinos son puras e inocentes criaturas que siembran cultivos ilícitos porque se ven obligados a ello.  Mentira.  El “campesino” que siembra coca o marihuana es un delincuente que optó libremente por hacer algo ilegal.  No sembrar es siempre una opción real.  En este intento exculpatorio buscamos los delincuentes más arriba; es decir, en los que procesan los cultivos y los que transportan y venden el producto final.  Todos en la cadena productiva son delincuentes.

El gobierno Santos no puede declararse sorprendido por la advertencia de Trump.  Después de tantos billones en ayuda militar y asistencia económica, las excusas de Santos son una burla grotesca.  Trump es una persona práctica y quiere resultados.  No está interesado en los muchos tilines con lo que se excusa Santos sino que quiere ver las paletas, y es mejor que Santos o el próximo presidente comience a producir muchas paletas.  Y no deberíamos hacerlo tanto porque nos lo están pidiendo – ¿exigiendo?- los Estados Unidos sino porque es lo conveniente para nuestro país.  Para ganar la guerra contra las drogas, es condición sine qua non presencia y fortalecimiento del estado en las áreas problemas.

Es malo para el país tener un presidente, cuyas posiciones a veces son cínicas cuando no amorales.  Y digo es malo porque muchos de nuestros problemas son causados por el debilitamiento ético del ciudadano y el relativismo moral.


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