Limar asperezas y reforzar las alianzas

Editorial
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El presidente chino, Xi Jinping, terminó su viaje a Europa, donde trató de limar asperezas con Francia y la Unión Europea, al tiempo que reforzó su alianza estratégica y comercial con Serbia, uno de los países europeos más prorrusos, y Hungría, uno de los más díscolos de la Unión Europea, UE.

A esta gira europea, la primera que realiza Xi en cinco años, hay que sumar la visita que realizaría próximamente a China el presidente ruso, Vladímir Putin, aún no confirmada por Pekín, en medio de las presiones de Occidente para que el líder chino utilice su influencia sobre el ruso para que cese su ofensiva en Ucrania.

En tres jornadas en Francia marcadas por gestos de buena voluntad y malabares diplomáticos, Xi señaló ante su par, Emmanuel Macron, que Pekín se opone a que se centre la responsabilidad sobre Rusia o que se use la crisis para lanzar una nueva Guerra Fría.

Xi pidió la celebración de una conferencia internacional que sea reconocida por Rusia y por Ucrania para reanudar el diálogo, aunque Pekín no ha cambiado un ápice su postura sobre el conflicto.

China ha insistido en la necesidad de respetar tanto la soberanía y la integridad territorial como las preocupaciones legítimas de seguridad de todos los países y rechazado cualquier sanción unilateral, al tiempo que ha seguido profundizando sus intercambios con Moscú.

En las conversaciones entre Xi y Macron no hubo grandes entendimientos más allá de coincidir en la necesidad de buscar una solución política a la guerra. Los dos líderes sí coincidieron sobre la situación en Gaza, con llamados al final de las hostilidades y la petición del mandatario chino de que se apoye la admisión de Palestina en Naciones Unidas como miembro de pleno derecho para relanzar la solución de los dos Estados.

Al margen, Macron, en una reunión trilateral con presencia de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, apostó por unas relaciones equilibradas entre la UE y el gigante asiático, pero sin renunciar a medidas de protección frente a unas prácticas que considera desleales por parte de Pekín, especialmente por la subvención masiva de algunos sectores cuyos productos inundan el mercado europeo.

La prensa francesa ha destacado que Xi descartó imponer aranceles al coñac francés en una muestra de buena voluntad: no se llegó a grandes acuerdos ni a compromisos, pero logró mantenerse firme en sus posiciones pese a las críticas para corregir los desequilibrios comerciales o cambiar de postura sobre Ucrania.

Más productiva fue la visita de Xi a Serbia, donde se reunió con su homólogo Aleksandar Vucic para prometerse apoyo mutuo en la ONU entre loas al marcado aumento del intercambio comercial bilateral, que se potenciará aún más con un acuerdo de libre comercio que entrará en vigor el próximo julio.

China tiene puesta la mira en Serbia como país receptor de sus inversiones en proyectos de infraestructura, pero también porque Vucic parece concordar con la visión multipolar del orden global de Xi, llegando a afirmar que el cielo es el único límite entre ambos países. Por su parte, el presidente chino prometió no olvidar nunca el bombardeo de la embajada china en Belgrado a manos de la OTAN en 1999.

Xi eligió intencionalmente esta efeméride para visitar Serbia y mandar el mensaje de que sigue viendo a esa organización como un desafío.

La última parada del viaje tuvo lugar en Hungría, donde el mandatario fue recibido por el primer ministro de ese país, Viktor Orbán, con vistas a intensificar la cooperación en todos los frentes y reforzar la influencia del gigante asiático en la región.

Xi alabó la política exterior independiente de Orbán mientras la prensa china destaca este viernes la atmósfera entusiasta y sincera del encuentro, agregando que otros países de la UE deberían tomar nota de cómo mantener unas buenas relaciones con Pekín basadas en la confianza, la defensa de la justicia y una cooperación beneficiosa para todas las partes.

La cooperación amistosa entre China y Hungría sirve como modelo para otros miembros de la UE porque demuestra que es posible colaborar sin confrontación. Hay países que exageran los conflictos y alimentan la división.

Pekín ve en Budapest una de las puertas de entrada de China en la UE para distribuir sus productos en el bloque comunitario, entre ellos baterías para vehículos eléctricos, y por ello ha invertido miles de millones en un país que, con constantes roces con Bruselas, se ha convertido en el mayor receptor de inversión china en la zona. 



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