Ante el abismo de las elecciones europeas

Editorial
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El ultraderechista Matteo Salvini se juega mucho en las europeas: los comicios podrían relegarle a fuerza menor de la derecha italiana tras años de hegemonía y amenazar su control de un partido, la Liga, en el que crece el descontento. Ante estos negros augurios, el político ha decidido caldear la campaña electoral.

Es un boxeador contra las cuerdas que trata de reaccionar a una situación muy complicada, puede que la más difícil del escenario político, creen algunos. Las elecciones al Parlamento Europeo, los días 8 y 9 de junio, serán una prueba de fuego para este tahúr que revolucionó y dominó la derecha italiana durante la última década, pero que en los últimos tiempos ha visto menguar su dominio irremediablemente.

Salvini tomó las riendas de la Liga Norte en 2013 para, un año más tarde, hace una década, extirpar sus históricas pretensiones independentistas y lanzarse a la conquista de todo el país con sus filípicas contra la inmigración y su euroescepticismo.

Aquella conversión ultranacionalista funcionó en un principio, creciendo del 4 % de los votos en 2013 al 17 % en 2018, y aquel autoproclamado 'Capitano', capitán,  llegó por primera vez al Gobierno con los populistas del Movimiento 5 Estrellas; sin embargo, su ocaso empezó a vislumbrarse en sus erráticos años en el poder y por su apoyo al Gobierno de unidad nacional del tecnócrata Mario Draghi en la pandemia.

Entretanto, otra ultraderecha emergía encarnada por Giorgia Meloni, por entonces sola en la oposición.

Las elecciones de 2022 dieron la victoria a la jefa de los Hermanos de Italia, en coalición con Salvini y la conservadora Forza Italia de Silvio Berlusconi, pero también constataron finalmente el sorpaso en la ultraderecha y la pérdida de tirón de la Liga. Desde entonces Salvini ejerce de vicepresidente y ministro de Infraestructuras, pero es consciente de que los comicios europeos podrían agravar su declive.

A menos de un mes de que se celebren, los sondeos no pintan bien: un estudio de 'Youtrend' sitúa a la Liga como quinto partido (8,3 %) y para colmo de males superada por Forza Italia (8,7 %), liderada por Antonio Tajani tras la muerte de Berlusconi.

De consumarse este adelanto, Salvini sería relegado a fuerza menor de la actual coalición gubernamental, lo que le restaría influencia, pero también corre el riesgo de quedar marginado a nivel europeo en las negociaciones para la futura Comisión Europea.

Se da la paradoja de que cada partido de la alianza de Gobierno italiano pertenece a una familia distinta en Bruselas: Meloni a los Conservadores y Reformistas, como la española Vox; Salvini a los ultras de Identidad y Democracia, y Forza Italia al Partido Popular.

El político quiere contar en Europa, pero Tajani ya ha dicho que no se aliarán con socios suyos como Alianza por Alemania.

Así, la pérdida de poder y la irrelevancia europea podrían ahondar el descontento en su partido, ya revelado por las quejas de pesos pesados como los gobernadores Massimialiano Fedriga y Luca Zaia.

Por eso, de no mantener su segunda posición en la extrema derecha italiana, por detrás de Meloni, los expertos creen que se cuestionaría su propio liderazgo y se haría inevitable un congreso que valorara su sucesión, entre otras vías.

Ante esta espinosa situación, Salvini ha optado por agitar la campaña en busca del voto más radical. Ahora busca un espacio a la derecha de Meloni, que ahora, como primera ministra, aparece mucho más institucional y en línea con el resto de dirigentes europeos.

Para ello su principal baza ha sido la candidatura de Roberto Vannacci, un militar cesado tras la publicación de un libro en el que vertía todo tipo de declaraciones xenófobas y homófobas y que ha indignado al país proponiendo aulas separadas para los alumnos con discapacidades; la apuesta por Vannacci es un último movimiento desesperado de Salvini para salvar a su partido en caída libre.

Por el momento, las calles de Roma están repletas de carteles gigantes en los que un sonriente Salvini promete defender las casas y los coches de los italianos, proponiéndose una vez más como solución a su propia bandera del miedo, esperando convencer una última y desesperada vez.



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