En riesgo la supervivencia física

Editorial
Tamaño Letra
  • Smaller Small Medium Big Bigger


Las masacres aumentaron en Colombia por cuarto año consecutivo en 2023, cuando se produjeron 98, a pesar del descenso del asesinato de líderes sociales, ya que el pasado año hubo 105 homicidios.

En un gobierno donde la paz fue la bandera principal para hacerse elegir, es inaudito que los colombianos se sigan matando unos a otros, cuando hay toda la disposición gubernamental para alcanzar la tan cacareada, paz total. Ahora, es bien diferente que el presidente Gustavo Petro, no ha sabido manejar  este delicado asunto como es debido; el proceso de paz lleva mas de dos años en ires y venires; en aplazamientos, rupturas, estancamientos y toda clase de manipulación para retardar los diálogos, lo que se traduce en el poco interés que tiene la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional, Eln, en consolidar un proceso que, mientras se cristaliza, arrastra a la muerte a miles de colombianos.

Esto es solamente con el Eln; después hay que seguir con las disidencias de las Farc, el “Clan del Golfo”, y con “Conquistadores de la Sierra”,  que tienen azotada a la Sierra Nevada de Santa Marta y  a la ciudad, con el microtráfico, como principal negocio de subsistencia; al ritmo que lleva el año, que avanza rápidamente, a este gobierno no le va a alcanzar el tiempo al gobierno para acordar la paz con todos los grupos al margen de la ley. Se suponía que a los tres meses de posesión, el Eln ya estaría desmontando; la realidad es otra, es en La Habana, abriendo y cerrando diálogos, suspendiéndolos cuando a bien les venga en gana y, lo peor, siguen secuestrando a ciudadanos inocentes y de bien, con la finalidad de obtener unas ganancias económicas, algo que debió negociare como primordial, cuando se instaló la mesa de diálogo en La Habana. Desafortunadamente, no fue así.

El pasado año se recibieron 123 denuncias de masacres, de las que se pudieron verificar 98, seis más que en 2022, con 320 víctimas, perpetradas casi en su totalidad por grupos armados ilegales; es así que se observa un incremento de 6,5 % respecto de las masacres verificadas de 2022.

Aunque en relación con el 2022 se registró una disminución del 9,5 % en homicidios de personas defensoras verificados, la violencia contra ellas siguió siendo absolutamente intolerable; sigue siendo la cifra más alta del mundo.

De los casos verificados, 14 eran mujeres, 87 hombres, una persona no binaria, dos hombres gays y una mujer transexual, y el departamento de Cauca se postula nuevamente como el que mayor nivel de violencia contra los defensores se ejerce. También se ha  recibido denuncias de 763 casos de amenazas y el patrón más identificado es el de asesinatos de personas cuando alzan su voz o se convierten en un obstáculo ante las dinámicas de control social que ejercen los actores armados no estatales en los territorios.

El balance de la situación en el 2023, preocupa a pesar de existir una disminución en algunos indicadores de violencia; continúa la expansión territorial y las estrategias violentas de control social y territorial de grupos armados no estatales y organizaciones criminales con graves consecuencias para los derechos humanos.

Lo mas lamentables es que se ha comprobado que hay 206 municipios en 28 de los 32 departamentos del país donde la violencia afecta a la población; en 2021, la violencia se extendía a 156 municipios y en 2022, a 180. Por eso, a pesar de las iniciativas del Gobierno colombiano, celebradas por la ONU, de negociar con grupos armados y de enfocarse en la seguridad humana de las poblaciones, la realidad sigue siendo desoladora. La consolidación del poder de los grupos en algunos territorios representa un riesgo para la gobernabilidad en Colombia y para la protección de los derechos humanos de la población.

El actuar de los grupos armados y el que no se haya podido frenar su consolidación ponen gravemente en riesgo la pervivencia física y cultural de varios pueblos y procesos organizativos históricos del país.



Más Noticias de esta sección