Un récord histórico

Editorial
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Más de 500.000 migrantes cruzaron la peligrosa selva del Darién en su camino hacia Norteamérica en lo que va de 2023, un récord histórico de individuos que atravesaron esta frontera natural entre Panamá y Colombia, la mayoría de ellos venezolanos, dejando al desnudo la cero política de protección al migrante, en lo que respecta a nuestro país.

El Darién es hogar de la conga, una hormiga gigante cuyo veneno inflama las extremidades, causa fiebre y diarrea, pues contiene una neurotoxina que ataca el sistema nervioso. Hasta 25% de las plantas y animales del Darién son especies únicas, según expertos y estas plantas, animales y bandidos y asesinos, deben enfrentar los migrantes, que en Colombia, utilizan una ruta que va desde Necoclí, Antioquia, para llegar a Acandí o Capurganá, en el departamento del Chocó. En esa zona algunos toman lanchas a un corregimiento de Panamá denominado Calidonia, y luego hasta la capital del país. Son cientos, miles de personas las que deambulan por la selva del Darién, un territorio inmenso a caballo entre Colombia y Panamá, una de las primeras etapas de aquellos que deciden abandonar su país para buscar un futuro mejor en Estados Unidos.

De los 501.297 migrantes que han cruzado en lo que va de año el conocido como tapón del Darién, la nacionalidad venezolana es la de mayor ingreso con 320.465, seguido de la ecuatoriana con 54.757 migrantes; con aproximadamente una media de más de mil llegadas diarias, esta nueva cifra récord deja atrás los 248.000 de 2022 y los 133.000 de 2021.

Una cifra histórica a pesar de los numerosos obstáculos a los que deben hacer frente los migrantes al atravesar la selva, como el peligro de ataques de animales salvajes, la mordedura de serpientes, las crecidas de los ríos por las lluvias torrenciales o los robos y violaciones.

Esta situación demanda una respuesta de asistencia humanitaria inmediata, así como una reacción coordinada entre los países de origen, tránsito y destino junto con los organismos humanitarios. Detrás de este número bruto de ingreso de migrantes, hay que poner atención en que muchos de ellos son niñas, niños y adolescentes que llegan deshidratados tras días sin probar alimentos, enfermos, con necesidad de atención física y de salud mental, pero también con necesidades de protección específicas especialmente si fueron víctimas de violencia sexual, de extorsión, secuestros y otros delitos.

Se debe recordar que detrás de cada cifra hay individuos con historias propias, personas que decidieron emigrar por distintas razones, entre ellas la violencia, y cada una debe ser tratada con dignidad. En la segunda semana de noviembre, ya las autoridades panameñas habían situado en más de 468.000 los migrantes que habían llegado al país este año a través del Darién, que comunica el sur del continente con Centroamérica.

En el Gobierno acusan a los países del sur de América, especialmente a la vecina Colombia, de dar la espalda al problema migratorio, en cuya gestión el país centroamericano ha invertido cerca de 70 millones de dólares en los últimos años, de acuerdo con datos oficiales.

Panamá registra a los migrantes a su llegada a las poblaciones indígenas a la salida de la selva o en los centros de recepción migratoria donde les dan cobijo, alimento y atención sanitaria, para luego coordinar la salida en autobuses hasta Costa Rica, un desplazamiento que se deben costear ellos mismos. Desde hace años Panamá aplica esta operación de flujo controlado, que consiste en acoger a los migrantes irregulares en unas estaciones instaladas tanto en la frontera sur, Darién, como en la norte, en Los Planes de Gualaca, cerca de Costa Rica.
En estas estaciones las autoridades de Panamá los embarcan en autobuses que los mismos viajeros deben sufragar y que, hasta ahora, los dejaban en la frontera de Paso Canoas; sin embargo, en octubre Panamá y Costa Rica activaron un corredor humanitario para el traslado directo de migrantes hasta territorio costarricense.


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