El Socialismo, problema para los pueblos

Editorial
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Ese es el título de un libro relacionado con Checoeslovaquia, a propósito de la primavera checa, escrito por un venezolano, Teodoro Petkoff, cuyas tesis fueron tan importantes y ciertas que Michael Gorbachov, le reconoció que tenía toda la razón.

Se identificó plenamente hasta el punto de que él mismo en sus libros, “La Perestroika”, que hace referencia a la parte de la doctrina comunista económica y el Glasnost que toca el tema político, puso de presente la necesidad de la revisión del doctrinario marxista en esos dos aspectos; Gorbachov dimitió en cuanto se produjo la independencia de varias Repúblicas soviéticas y por ende la disolución de la URSS.

Octavio Paz decía que: “no es popular tener razón antes de tiempo”. Justamente eso ocurrió con Petkoff. Sus palabras fueron la advertencia de aquello que aconteció con el comunismo soviético. Tan pronto como conoció en 1968 las atrocidades que los rusos cometieron en Praga; una vez invadida esa ciudad en la cual, con sus tanques, prácticamente hicieron un exterminio de la población, confirmó lo que desde hacía días le rondaba en su cabeza acerca de la rígida ortodoxia comunista.

Esos visos y gritos de libertad son inconcebibles en un Estado totalitario estalinista; por tanto, había que acallar esas voces brutalmente como en efecto así lo hicieron. Simple y llanamente en ese trágico episodio en Checoeslovaquia se ratificó una vez más de que la estructura política comunista no puede ni contempla la posibilidad de tolerar un grado de libertad. Estos últimos renglones son del pensamiento de Petcoff.

Breznev, secretario en ese entonces del Partido Comunista, en un informe al XXIV Congreso de su partido atacó sus ideas y al autor del libro. El dogmatismo de los marxistas es equiparable a una religión pues ellos aseveran de que nunca se equivocan y el ejemplo lo tenemos claramente con nuestro presidente Petro.

Cuenta Petkoff, que Alejo Carpentier en 1967 le dijo: “Fidel nunca se equivoca. Yo creo lo que dice Fidel”. El partido nunca se equivoca”. Hasta una oda le hizo Neruda a Stalin. Comentaba Petkoff que “a los comunistas no les cabe en la cabeza el estar equivocados y por ello sus programas políticos y económicos los llevan a cabo en contra de las realidades objetivas, de los hechos y de la experiencia”. Ahí tenemos como ejemplo directo al gobierno petrista con sus reformas.

Esas críticas de su libro contra el comunismo estropearon la alegría y la fiesta de los leninistas de la época y el tiempo le dio la razón. El desprestigio y deterioro de los partidos comunistas en Europa del Este creció en forma tal de que no había como contener su desastre y el afán de libertad de los pueblos que decidieron quitarse de encima las dictaduras comunistas.

En junio de 1987, el presidente Ronald Reagan, expresó: “señor Gorbachov derribe ese muro”. En 1989 el 9 de noviembre fue derribado por el pueblo de Alemania del Este, ya que ese muro dividía la libertad, la prosperidad, la democracia de Alemania Occidental, lo cual se evidenciaba con lo que también se palpaba en el otro lado con los alemanes del Oriente, cual era la tristeza, la pobreza y la esclavitud política.

El criterio de Petkoff frente al Socialismo era muy claro y lo sintetizaba al afirmar que: “era el mayor problema para los valores republicanos. Es incompatible con la libertad”.  De ahí que el prologuista del libro el expresidente venezolano, Arturo Uslar Pietri, dijera: “la justicia sin libertad deja de ser justicia y que la libertad sin justicia deja de ser libertad”.

Conviene anotar de que Petkoff estuvo en la guerrilla contra el régimen venezolano, estudió, analizó y vivió lo que es el comunismo y dio un giro radical con conocimiento de causa con miras a concluir lo que materializa en el libro y eso mismo le ocurrió al escritor peruano Mario Vargas Llosa quién hoy por hoy es un abanderado del anticomunismo.

Esta situación de cambio político radical no la experimentaron dos colombianos. El primero, García Márquez también premio Nobel de Literatura, al igual que Vargas Llosa, ni tampoco el exguerrillero Gustavo Petro, presidente de los colombianos, dado que ellos se radicalizaron y han sido fervorosos defensores de Fidel Castro.

El autor de “Cien años de soledad” gozaba todos los años de 15 días de vacaciones en La Habana a cuerpo de rey y nuestro Jefe de Estado ha contado con el apoyo comunista de Cuba y Rusia para todos sus efectos políticos.

Quizás por esas razones muy particulares de cada uno jamás dejaron de ser marxistas; pero infortunadamente Colombia está sufriendo con el gobierno de Petro las consecuencias expuestas por Petkoff.



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