Consenso por Colombia

Editorial
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Colombia está viviendo días de desconcierto y preocupación por la destrucción y el vandalismo, desatado por parte de desadaptados que aprovechan las marchas para destruir, crear caos y generar una violencia que llega hasta atentar contra la vida humana.

Para reconciliar el país, el presidente Duque convocó a los diferentes movimientos políticos, judiciales, empresariales y sociales a un diálogo sin diferencias ideológicas para solucionar los problemas nacionales y la violencia que ha cobrado la vida de al menos 19 personas en manifestaciones.

Demostrando primero que la voluntad del pueblo se respeta, el gobierno nacional instaló un espacio para escuchar a la ciudadanía y construir soluciones en los cuales no deben mediar diferencias ideológicas sino un profundo patriotismo, dando espacio a todas las instituciones, los partidos, el sector privado, gobernadores, alcaldes y líderes de la sociedad civil motivados por el servicio a la ciudadanía.

La construcción de esa mesa de consenso y diálogo, tiene como objetivo rechazar la violencia en todas sus formas; acelerar el Plan Nacional de Vacunación; asegurar los recursos para garantizar la continuidad de los programas sociales y la protección de los más vulnerables, y, por supuesto, repotenciar la reactivación económica con la finalidad de seguir construyendo país.

Ese diálogo nacional debió comenzar ayer mismo, pero, increíble, el Comité del Paro pidió cita para el próximo 10 de mayo, cuando el gobierno nacional quería comenzar ayer mismo las conversaciones con las organizaciones sindicales y movimientos sociales que lideraron la campaña contra el proyecto de reforma tributaria del Gobierno. Entonces no se entiende la posición de los protestantes, que piden y exigen y cuando se les invita para conciliar, aplazan las posibilidades de diálogo y consenso.

Uno de los motivos de la urgencia del gobierno nacional por sentar en la mesa de diálogo a los manifestantes, es acabar con las cifras de muertos y heridos, productos de los disturbios de las marchas, que, en vez de ser pacíficas, son violentas y generan toda clase de desorden.

En medio de los desórdenes y de la barbarie que ha destruido bienes del ciudadano del común y por el pasado de violencia que se conoce, debe ser más contundente el compromiso con la vida; esa es la misión de la fuerza pública y por eso se debe apoyarla, al mismo tiempo exigirle el mayor rigor en el cumplimiento de su misión constitucional, tal como ha hecho hasta el momento.

Nada justifica que haya personas armadas que amparadas en el deseo legítimo de la ciudadanía de hacer marchas cívicas salgan a disparar a ciudadanos indefensos y agredir cruelmente a nuestros policías. Los policías también son vidas que hay que proteger; son hijos, padres y hermanos de familia, que en caso de sucederles algo, harán falta en la integridad del núcleo familiar.

Muchas familias colombianas están sufriendo; aquellos que han perdido a sus seres queridos en esta pandemia, que han perdido el esfuerzo y los ahorros de toda su vida en sus micronegocios, son los más afectados por los insurgentes que se infiltran en las marchas y aprovechan para acabar con bienes de uso público y privados, afectando además el sustento del sector informal, por los que se ha trabajado intensamente desde la Presidencia de la República, para darles una estabilidad laboral.

Este es un momento donde se tiene claro que todo el país está sufriendo pérdida de empleo; se vive la incertidumbre del mañana, y lo único que se puede hacer es unirnos como colombianos para conjurar esta situación y trabajar todos en reactivar a nuestro país.

Este es un momento de decisión por el trabajo, por sacar adelante las empresas, por impedir que destruyan el patrimonio de todos los colombianos; este es un momento de reflexión, de serenidad, de buscar la concordia y no dejarse contagiar de aquellos que quieren sembrar odio en la sociedad colombiana.

Tenemos que vacunarnos contra ese germen de odio y de destrucción que quieren inocular en nuestra sociedad distintos actores, con distintas motivaciones.

Sabemos que tenemos una institucionalidad en el sector privado y en la sociedad civil, una democracia y una justicia. Todo esto es susceptible de mejoramiento y lo vamos a mejorar, porque podemos entre todos.

Este es el momento en que todos tenemos que canalizar constructivamente nuestras propuestas y acuerdos, desde actos individuales, que nos permitan reunir a Colombia y acompañar al Presidente de la República y a la institucionalidad.

¡Vamos a salir adelante, no permitiremos que nos pongan a los colombianos unos contra otros!