Un callejón sin salida

Editorial
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Ni manifestaciones, ni negociaciones, ni elecciones, ni presión internacional; mucho menos las intentonas militares con aire desesperado. Nada ha funcionado para la oposición venezolana, que hoy se muestra sin un as bajo la manga, desde que se puso al frente Juan Guaidó y lanzó la mayor apuesta contra el chavismo.

Ahora, a los opositores se les plantea el enésimo dilema: las elecciones legislativas del próximo 6 de diciembre con el Consejo Nacional Electoral, Cne, como árbitro, puesto en duda por sus vínculos con el chavismo. Partidos arrebatados a sus líderes y entregados a disidentes acusados de haberse dejado sobornar complican más el panorama. Los opositores califican el proceso como una farsa y las condiciones parecen, a todas luces, poco claras; sin embargo, no proponen una alternativa.

Expertos consideran que en el 2020, la oposición venezolana se queda en un callejón sin salida porque todas las opciones que tenían ya no están sobre la mesa; además, sus aliados internacionales ya no están dando los pasos adecuados porque están en problemas internos o porque no están tomando las acciones que podrían hacer sentar al mandatario Nicolás Maduro en una mesa y negociar una salida pacífica en Venezuela.

Lejos queda aquel 23 de enero de 2019, en el que Guaidó juró en público el cargo de presidente interino, ajustado a una lectura de la Constitución que le permitía serlo por 30 días, y puso a Maduro en el mayor aprieto hasta la fecha. Desde entonces, el fervor en las calles ha ido decayendo y, aunque todavía se percibe cierto afecto hacia él en la ciudadanía, no ha sido capaz de canalizar el descontento en multitudinarias manifestaciones que hagan tambalearse al Gobierno.

Entre tanto, la presión internacional contra el chavismo se ha multiplicado en forma de sanciones contra personas y empresas además del famoso cerco diplomático que ha llevado a casi 60 países a reconocer a Guaidó como presidente interino y desestimar en la práctica a Maduro como mandatario legítimo del país. Sin embargo, un año y medio después, siguen siendo los mismos quienes ocupan las instituciones de Venezuela y las necesidades de las relaciones internacionales han llevado a los países que reconocen a Guaidó a mantener relaciones de distinto tipo con el Gobierno de Maduro, con lo que se ha atenuado la falta de reconocimiento del mundo. Ahora, las opciones que le quedan a Guaidó solo ha dicho que se incrementará la presión internacional, pero se antoja complicado imaginar un aumento de esta que pueda hacer crujir los cimientos del chavismo en el poder.

La mejor opción, para la oposición venezolana es siempre estar con sus aliados incondicionales y si son vecinos mejor, con Estados Unidos y Europa, en un bloque que ayude en una negociación pacífica con Maduro y apoyarla desde dentro.

Venezuela tiene varias oposiciones; una, nada moderada, sino cómplice de los planes de Maduro; otro sector bajo el liderazgo de Guaidó, que podría estar dentro de Venezuela o en el exilio y una posición radical pidiendo cosas que no se van a cumplir porque las pides de personas sobre las que no tienes mandato. En el último caso, se refiere a las múltiples voces que piden una intervención militar de Estados Unidos, una alternativa que, sorprendentemente, ha ganado fuerza con el paso de los meses.

Maduro se siente superpoderoso, tras haber vencido el pulso y contar con la ayuda reforzada de Rusia, dispuesto a ayudar a Maduro incluso militarmente, e Irán, por lo que parece haber llegado al que parece ser su modelo ideal: un partido, un Estado. Con un presidente que se muestra más sólido y fortificado, las causas que forjan a la oposición siguen igual de vigentes, pues la crisis económica y social sigue haciendo estragos en Venezuela; por tanto, Maduro no está tan seguro de si va a tener o no problemas dentro de Venezuela en un futuro cercano.

Dependerá entonces de la habilidad política de la oposición para reinventarse y ser capaz de elaborar una nueva reconstrucción para volver a plantar cara al jefe de Estado. Y todo hace pensar que será con una dirección renovada que, necesariamente, debe estar alejada de egos.


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