Testear, rastrear y aislar

Editorial
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Testear, rastrear y aislar. Esa es la estrategia ante el coronavirus en la que ha insistido hasta el cansancio la Organización Mundial de la Salud, Oms, pero en la que Latinoamérica, actual epicentro mundial de la pandemia, sigue teniendo serios desafíos, especialmente, por sus limitados recursos.

Pese a la urgencia en Latinoamérica, que con 650 millones de habitantes ya alcanzó los 2,7 millones de casos y las 120.000 muertes -un ritmo con el que puede superar los 400.000 fallecimientos en octubre-, todos los países de la región siguen librando la lucha del testeo. Aunque todos están haciendo un gran esfuerzo en esta, la peor crisis del siglo, se tiene que seguir buscando ampliar la capacidad de hacer test, en todas las fases; es vital monitorear ahora la evolución de la pandemia y, después de controlada, en las reaperturas, seguir haciendo pruebas porque este es el mejor indicador.

Una mayor cantidad de pruebas permite la identificación y el aislamiento de más casos, aunque no sea una fotografía exacta de la situación. Si esto se combina con el rastreo de contactos para identificar posibles infecciones, estos individuos serán puestos cuarentena. Ese es el medio poderoso para acorralar el virus. Los organismos internacionales recomiendan realizar pruebas de reacción en cadena de la polimerasa, Pcr, en lugar de test rápidos ya que, aunque su proceso es lento y se requiere un laboratorio especializado, son mucho más confiables.

El éxito de los programas radica no solo en la cantidad de pruebas sino también en lo que se hace con los datos obtenidos. Costa Rica, que acumula unos 4.000 casos y 17 muertes en cuatro meses de pandemia, admite que no es el país que ha hecho más test, pero sí es de los que mejor ha hecho uso de los resultados. Según las autoridades costarricenses, el rastreo de los contactos de las personas positivas ha sido una tarea ardua con la que se ha conseguido identificar casi la totalidad de los nexos epidemiológicos, aunque ahora, cuando el país atraviesa su segunda ola pandémica, la mira está en la transmisión comunitaria. Uruguay creó una red de laboratorios de diagnóstico propio por Pcr, trabajó en un grupo interinstitucional para investigar la dinámica del Sars-CoV-2 y fabricó test diagnósticos.

Sobre el tema, la OPS ha advertido de la situación en Nicaragua y Brasil. El organismo insistió esta semana, nuevamente, al Gobierno de Nicaragua en la importancia de que informe el número de pruebas que ha realizado y procesado.
Otros países afrontan el tema con mayores dificultades. En Bolivia, donde el número de contagiados supera los 34.000, de unos 11 millones de habitantes, la falta de recursos ha impactado también en la realización de pruebas. En los últimos días uno de los principales laboratorios que procesa los test de Pcr se declaró en emergencia ante la falta de equipamiento y lleva un retraso en el procesamiento de las muestras. Ecuador, que suma unos 59.000 casos y más de 4.600 muertos y realiza tanto pruebas Pcr como test rápidos, vivió también una crisis estadística en mayo, debido a inconsistencias, datos rezagados y cambios de formato. Mientras Venezuela, que reporta más de 6.000 casos y medio centenar de muertes (aunque la oposición reporta casi el triple de decesos), presume de haber realizado casi un millón de test en los últimos tres meses, aunque reportes de la Onu indican que menos del 5 % de ese total son pruebas Pcr.

Las personas con síntomas leves o sin síntomas son las que están realmente detrás de la mayor parte de la propagación en el continente. La mayoría de las personas no buscan atención médica si sus síntomas no son lo suficientemente graves; por eso, las pruebas masivas y el rastreo de contactos son claves ahora en Latinoamérica concuerda en ello y por eso plantea impulsar la “epidemiología a pie”; es decir, la búsqueda de personas puerta a puerta.


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