Por culpa de los cotilleos

Editorial
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Las relaciones entre Justin Trudeau y Donald Trump vuelven a convertirse en un dolor de cabeza para las autoridades de Canadá tras los cotilleos y supuestas burlas del primer ministro canadiense durante la cumbre de la Otan y la respuesta del presidente estadounidense.

El último sobresalto en las relaciones entre los dos socios y vecinos se inició con la publicación de un video en el que Trudeau aparece conversando con el primer ministro británico, Boris Johnson; el presidente francés, Emmanuel Macron, y la princesa Ana, hija de la reina Isabel II, durante una recepción en el palacio de Buckingham, en Londres, en honor a los participantes en la cumbre de la Otan.

En el video difundido, aunque el presidente estadounidense no es mencionado expresamente, Trudeau parece cotillear y burlarse de la duración de las ruedas de prensa de Trump y de que con ello incluso deja “boquiabierto” a su propio equipo, entre las sonrisas de sus interlocutores.

En una rueda de prensa al finalizar la cumbre de la Otan, Trudeau reconoció que la conversación era en efecto sobre Trump y sobre una conferencia de prensa no programada antes de su reunión con él. Trudeau intentó quitar importancia al incidente al matizar las palabras recogidas en el video y señaló que se referían al anuncio de Trump de que la próxima cumbre del G7 se llevará a cabo en Camp David, Estados Unidos.

Además Trudeau repitió que mantiene buenas relaciones con Trump y que la asociación entre Canadá y Estados Unidos es sólida; la gente sabe que las relaciones entre Canadá y Estados Unidos son profundas y van más allá de la relación del primer ministro y el presidente, aunque dirá que como todos saben, el presidente y Trudeau tienen una relación muy buena y constructiva.

Pero Trump no pareció tener la misma opinión sobre el video y los comentarios de Trudeau y tras enterarse de la existencia de las imágenes lo tildó de falso. El gobernante añadió que el cotilleo de Trudeau ante otros líderes europeos quizás era fruto de las críticas que le lanzó a la cara y en público sobre el incumplimiento canadiense de destinar un 2 % del PIB del país a la Otan.

Lo que está claro es que Canadá tiene que andarse con pies de plomo con Trump, ya que desde que el empresario llegó a la Casa Blanca, la relación especial entre Ottawa y Washington no es tan fluida como ha sido durante décadas; por ejemplo, Trump ha utilizado aranceles al acero y al aluminio canadienses como forma de presión en las negociaciones del nuevo tratado de libre comercio de Norteamérica, en el que también participa México, conocido como T-MEC.

Esos aranceles, que provocaron que Canadá tomará represalias comerciales contra Estados Unidos por valor de 16.000 millones de dólares, sólo fueron retirados en mayo de este año, meses después de que los tres países llegarán a un acuerdo para la firma del T-MEC.

Y a pesar de las buenas relaciones entre Trudeau y Trump, el presidente estadounidense no tuvo problemas para insultar al primer ministro de Canadá al final de la Cumbre del G7 celebrada en junio de 2018 en Quebec y retirar su firma del comunicado conjunto en represalia. Y todo porque Trudeau se atrevió a decir en su conferencia de prensa que Canadá no se dejaría “avasallar” por Estados Unidos y que consideraba “insultantes” los aranceles impuestos por Washington al acero y aluminio canadienses. Esta vez, en Ottawa se teme que Trump tome represalias contra Canadá por las supuestas burlas de Trudeau.


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