Santa Marta 500 años de resiliencia

Así lucía El Rodadero en los años 50’s.

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Ciudad con una historia urbana salpicada de dificultades.
Por: Álvaro Ospino Valiente, Arquitecto
Presidente de la Academia de Historia del Magdalena.

Álvaro Ospino Valiente, presidente de la Academia de Historia del Magdalena.
Álvaro Ospino Valiente, presidente de la Academia de Historia del Magdalena.

 

An rrobado y quemado mucho Nabios ansi Fragatas como Nabios grandes que á sido grandisima lastima.
Son pocos los días que no salgo a pelear con los Yndios, por ser como son, tan balientes y belicosos.
Si V.ra M.t no lo rremedia entiendo sea benir a despoblar. (Sic)
Carta del Gobernador de Santa Marta, D. Luís de Rojas al Rey D. Felipe II, 30 de septiembre 1572 (A.G.I.)

A cuatro años de cumplir su pentacentenario de su fundación, es importante abstraernos en la historia para tratar de entender la naturaleza o el anatema que arrastra nuestra Santa Marta, ciudad que se resistió a desaparecer durante la segunda mitad del siglo XVI y gran parte del XVII, por múltiples factores, la mayoría de ellos geopolíticos durante el dominio de la Casa de Habsburgo que estaban en el trono español. Hoy día, aún se percibe en su ambiente urbano, las vicisitudes vividas de las cuales, aún no se ha podido sacudir.



Durante la conquista de estos territorios por parte de los europeos, podemos identificar tres etapas de poblamiento. No fueron numerosas las ciudades fundadas en los primeros años del siglo XVI, debido las pocas expediciones organizadas y autorizadas por la Corona española, pero la alucinación por develar las regiones donde se diera noticia del oro, como en el imperio mexicano e inca, incluso chibcha, desató la fiebre de fundaciones de ciudades con un rosario de setecientas de ellas.

Fotografía de la Bahía de Santa Marta en los años 20’s.
Fotografía de la Bahía de Santa Marta en los años 20’s.

Antes de fundada nuestra Santa Marta, se erigieron treinta asentamientos urbanos de los cuales la mitad lograron sobrevivir hasta nuestros días. La primera etapa de estas fundaciones fue en el arco insular del Caribe, la segunda etapa inicia con asientos de carácter militar en el litoral de Tierra Firme; por último, las levantadas propiamente en territorio continental. La primera fundada en América fue la desaparecida La Isabela, siguieron, Santo Tomás y La Vega en 1494; Santiago de los Caballeros, 1495; Santo Domingo en 1496 -actualmente la más antigua de América- y Bonao en 1497, todas ellas erigidas en territorio de la actual República Dominicana. Luego, Nueva Cádiz (Venezuela) en 1500, ya desaparecida, siendo la primera en Tierra Firme; siguieron Puerto Plata y Santa Cruz de el Seibo (República Dominicana) y la desaparecida Santa Cruz (Venezuela) en 1502. A ellas siguieron, Hinche y Leogane (Haití), San Juan de la Maguana y Salvaleón de Higüey (República Dominicana), junto a la desaparecida Santa María de Belén (Panamá) en 1503.
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Al año siguiente, Fort-Liberté y Les Cayes (Haití), Azua y Bánica (República Dominicana). En 1505 se funda a Cotuí y Montecristi (República Dominicana) en 1506; más tarde, San Juan (Puerto Rico) y Jacmel (Haití) en 1508; y la desaparecida Sevilla la Nueva (Jamaica) en 1509. En 1510 se fundan Aguada (Puerto Rico), Nombre de Dios (Panamá), San Sebastián de Urabá y Santa María la Antigua del Darién en territorio colombiano, ambas desaparecidas. Las ciudades de San Germán (Puerto Rico) en 1511, Baracoa (Cuba) en 1512; también Bayamo (Cuba) y Puerto Píritu (Venezuela), en 1513; Santiago de Cuba, Trinidad, Camagüey, Remedios, y Sabanaque (Cuba), lo mismo que la desaparecida Santa Cruz (Panamá) en 1514.

Plaza San Francisco en la época antigua.
Plaza San Francisco en la época antigua.

En 1515 se fundan la desaparecida Santa María de Guadianilla (Puerto Rico) y La Habana (Cuba); al año siguiente, Cumaná (Venezuela), Sancti Spiritus (Cuba), Nicoya (Costa Rica), las desaparecidas Fonseca, Acla y Nata (Panamá); Santa María de la Victoria y Veracruz (México), Panamá y Nombre de Dios (2ª vez), ambas en Panamá en 1519; y al año siguiente, Tepeaca (México). Las ciudades mexicanas de Sayula y Oaxaca en 1521, Ciudad de México, Pánuco, Zimapán y Toluca en 1522; Spanish Town (Jamaica), Colima, Tecoman y Villafuerte (México) y Cumaná (2ª vez) en Venezuela en 1523. También, Zacoalco (México), Guatemala (Guatemala), Tela, San Gil de Buena Vista y Trujillo (Honduras); igualmente, León (Nicaragua), la desaparecida Bruselas (Costa Rica), Taboga (Panamá) y Granada (Nicaragua), todas estas en 1524. Por último, contemporáneas con nuestra ciudad de 1525, tenemos a Tlaxcala de Xicohténcatl (México), Puerto Cortés (Honduras), San Salvador (El Salvador) y Huehuetenango (Guatemala).
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Cumplida la primera década de su fundación, la ciudad advierte su trance de abandono, su economía se basaba en la industria del saqueo a los indígenas, el oro comenzó a escasear haciéndola poco atractiva, hambruna y pestes era lo que más abundaba. Santa Marta dependía de algunas poblaciones nativas seguras o de las provisiones de los especuladores de Santo Domingo, esta situación calamitosa la expone fray Tomás de Angulo al Consejo de Indias en 1535:

No hay necesidad de abrir la puerta á que mas cristianos vengan. Antes hay necesidad de sacar muchos de los que hay, porque ellos estan perdidos y mueren de hambre. (Sic)

Lo cierto es que, Santa Marta nació sin porvenir, su estado de ruina y desolación, serían los signos urbanos más característicos en sus trescientos años de historia española. Poco a poco su protagonismo geopolítico se diluía en la medida que se colonizaban los territorios internos, gracias al camino fluvial que permitía dicha organización. Situación agravada con la sombra premonitoria que se cernía sobre el mar Caribe a raíz de los desacuerdos del gobierno español con naciones rivales como Francia, Inglaterra y Holanda, que trajo como consecuencia los golpes sistemáticos, asaltos, robos, comercio forzado, hostigamientos, destrucción de puertos y ciudades en reiteradas ocasiones durante los siglos XVI, XVII y XVIII, como retaliación al monopolio ejercido por España en estos territorios.

Plaza frente a la Catedral Basílica de Santa Marta.
Plaza frente a la Catedral Basílica de Santa Marta.

Se tiene conocimiento de cuarenta y seis ataques oficiales de las naciones enemigas sobre Santa Marta entre 1543 y 1779, siendo quince de ellos ofensivos saqueos, la mayoría perpetrados por los ingleses. De esos, diez terminaron en incendios provocados, cuatro por parte de los indígenas de Bonda (1531 y 1573), los Palenqueros de La Ramada (1545) y los Chimila (1576); los seis restantes fueron de corsarios franceses: Jean François de la Roque de Roberval (1543), Jacques de Sores (1555) y Martín Cote (1560), e ingleses Francis Drake (1585), William Goodson (1655) y Edward D´Oyley & Christopher Myngs (1658). Esta guerra desatada en el área del Caribe, forzó a España a multiplicar sus esfuerzos para conservar sus dominios en el “Nuevo Mundo”, relegando a su suerte a esta ciudad con una incomprendida estrategia defensiva, basada en la “defensa por indefensión”; es decir, entre menos estuviera fortificada, menos codiciable sería para el enemigo.

El dilema de poblar o despoblar estaba a la orden del día, a ello se enfrentó el gobernador Luis de Rojas en 1572, asociado al alto índice de mortalidad y su decadencia había llegado a su magnitud más crítica, que, para mediados del siglo XVI, los navíos evitaban a Santa Marta por la falta de comercio. La emigración era evidente, incluso de los vecinos más antiguos que resistieron hasta convencerse de la imposibilidad de llevar una vida sosegada en esta ciudad, algunos retornaron a España, otros prefirieron ir a Cartagena. Así transcurrieron dos siglos y medio, postrada, sin atención de la monarquía, cuando con las reformas borbónicas de segunda mitad del siglo XVIII, logró un significativo impulso que fue frenado por la independencia, proyecto político incierto, tal como la historia demostraría. Después del terremoto de 1834, vinieron las guerras civiles de segunda mitad del siglo XIX y sus espacios públicos fueron teatro bélico, agravándose con la depresión económica surgida por el desvío del comercio a Barranquilla; hasta que retomaron la panacea del ferrocarril planteada desde 1848, alternativa que contemplaba enlazarla con un puerto sobre este río Magdalena, arteria fluvial para la movilidad de mercancías y pasajeros; pero con el ferrocarril apareció la economía del banano de seis décadas de riqueza.
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En resumen, la ciudad de Santa Marta nunca pudo sentar una sólida economía basada en su geografía a pesar del puerto, ello nos lleva a reflexionar sobre las expectativas en que estuvo sentadas su posible desarrollo, que, a la larga, la mayoría quedaron convertidas en puras quimeras y otras realizadas parcialmente, como, por ejemplo: En el siglo XVI su esencia estuvo determinada por la búsqueda del metal aurífero. En el siglo XVII su futuro dependía del establecimiento de un astillero y la consolidación de la actividad portuaria. En el siglo XVIII aspiraba a convertirse en plaza de guerra y por ende activar su comercio por el puerto. En el siglo XIX sus sueños estuvieron en el ferrocarril, y por último en el siglo XX, sus ilusiones estuvieron sentadas en el turismo, que aún en el actual, sigue aferrada a ellas.

Santa Marta recibió 46 ataques oficiales de naciones enemigas entre 1543 y 1779, quince de ellos fueron saqueos, la mayoría por parte de los ingleses.