Propuesta de política pública planetaria para prevenir pandemias sobrevinientes.

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Las Políticas Públicas son “las acciones de gobierno, que buscan cómo dar respuestas a las diversas demandas de la sociedad”, tal como lo señala Chandler y Plano. Para Franco Corzo, profesor de la universidad de Chicago, “lo que hace la política pública es dar un marco de análisis y acción para revertir lo indeseable, de manera organizada…que debe ser resultado de un proceso de investigación que implica el uso de un método para asegurar que la decisión tomada es la mejor alternativa posible para resolver un determinado problema público…incorporando diferentes conocimientos científicos”.

En tal virtud, para el caso de la pandemia originada por el COVID 19, el marco de acción para prevenir pandemias sobrevinientes se sustenta en la lógica de la cosmovisión del modelo ecológico, que nos demuestra que cualquier ecosistema físico o humano, funciona adecuadamente, sólo si, se articulan equilibradamente sus dos ejes constitutivos.

En consecuencia, la cosmovisión del modelo ecológico se constituye en la Carta de Navegación que señala el norte que debe orientar a economistas, académicos, empresarios y gobernantes del mundo para reinventar los modelos de desarrollo imperantes y para enmarcar las acciones simultáneas que se deberían desarrollar para desacelerar el deterioro al que hemos sometido a la madre tierra y para cerrar las brechas de injusticia social, con el propósito de garantizar la supervivencia y el bienestar de la especie humana.

En efecto, nos enseña la Ecología, que los ejes que conforman cualquier ecosistema físico son la diversidad y la dependencia, y por analogía, dichos ejes se pueden evidenciar en sistemas disímiles como la familia, la escuela, la fábrica, o el modelo de desarrollo de una sociedad.

Por analogía, afirma el psiquiatra Luis Carlos Restrepo, los dos ejes que constituyen los ecosistemas humanos en la esfera de lo público, tales como los modelos de desarrollo de los países del orbe, son la libertad económica y la justicia social, y de igual manera como acontece en los ecosistemas físicos, los ecosistemas humanos se debilitan, se contaminan o colapsan, cuando no se cuidan o no se mantiene este equilibrio entre sus ejes constitutivos.

Efectivamente, como el capitalismo está montado sobre el eje de la libertad económica y el socialismo sobre el eje de la justicia social, un énfasis exacerbado en el eje de la libertad económica, como en el caso del neoliberalismo, nos podría conducir al colapso de la civilización humana, como consecuencia del afán de productividad a ultranza y la consecuente “destrucción de los hábitats de animales, que tienden a acercar a nosotros virus letales que viven en animales salvajes”, tal como lo señala el divulgador científico David Quammen, que permiten advertir que, en algún momento sobrevendrá una corrección natural, si no replanteamos nuestro accionar; pero, por otro lado, si el desmedido énfasis se efectúa sobre el eje de la justicia social nos conducirá al descalabro de las economías, tal como sucede hoy en día con Venezuela.

Lo anterior implica que, para mantener la polaridad o equilibrio del ecosistema de la esfera pública de los modelos de desarrollo, los países capitalistas deben redireccionar sus acciones hacia la justicia social, y los países socialistas deben hacerlo hacia la libertad económica. Como ambos sistemas producen desequilibrios por hacer énfasis exacerbado en uno de los dos ejes, la racionalidad ecológica señala que equilibrar el modelo exige encaminar acciones hacia el eje descuidado.

De manera que, en concordancia con este derrotero ecológico, las actividades conscientes que se deben emprender en los países capitalistas tendrán que girar en torno a definir cuáles bienes y servicios se deben sacar de la lógica del mercado, según lo ha señalado el Presidente Macron de Francia, para ser regulados por el Estado; y en los países socialistas dichas acciones deberán orientarse hacia el libre mercado de algunos bienes y servicios, y hacia la libertad de empresa y libertad de opinión para mantener la polaridad que requiere el modelo de desarrollo del sistema socialista.

Y, no menos importante, en ambos modelos de desarrollo deben haber actividades contundentes hacia una conversión ecológica gradual, iniciada ya, tal como lo señala Jeremy Rifkin, por la generación millenial, quienes se han visto como especie en peligro de extinción y reclaman la declaración de una emergencia climática y piden un “Green New Deal”, vale decir, una Política intervencionista para luchar contra la contaminación del planeta, que permita mantener una relación amistosa y cuidadosa con la naturaleza, tal como lo propone la encíclica papal sobre el cuidado de la Casa Común, para modificar “la percepción de la tierra como negocio de mercado a superentidad viviente autorreguladora… que podría contratacar de nuevo con pandemias más letales, si continuamos atacando a la Tierra viva”, tal como lo señala Leonardo Boff.

De seguir esta ruta, reafirma el teólogo, “vamos al encuentro de nuestra propia desaparición”, pues las pandemias sobrevinientes, señala el divulgador científico David Quammen, se pueden convertir en un “drástico factor de corrección del crecimiento demográfico de la especie humana, tal como les ocurre a muchas especies de insectos cuando ejercen mucha presión sobre el medio natural”.

En efecto, señala Boff, “si continuamos atacando a la Tierra viva, ella contraatacará de nuevo con más pandemias letales, hasta que llegue una que nos exterminará”.
Por lo tanto, urge una conversión ecológica gradual, pero radical, para restablecer el rumbo tal como lo afirma el sumo pontífice: “espero que este momento de peligro sacuda nuestras conciencias dormidas y permita una conversión humanista y ecológica que termine con la idolatría del dinero y ponga la dignidad y la vida en el centro”.
“…Nuestra civilización, tan competitiva e individualista, con sus ritmos frenéticos de producción y consumo, sus lujos excesivos y ganancias desmedidas para pocos, necesita bajar un cambio, repensarse, regenerarse”.

“Ha llegado… el momento de reflexionar sobre las actividades económicas y el trabajo. ¿Por qué reinvertir en combustibles fósiles, monocultivos y destrucción de la selva tropical, cuando sabemos que ello agrava nuestra crisis medioambiental? ¿Por qué retomar la industria armamentística, con su terrible desperdicio de recursos y su inútil destrucción?... ¿Estaremos dispuestos a cambiar los estilos de vida que sumergen a tantos en la pobreza, promoviendo y animándonos a llevar una vida más austera y humana que posibilite un reparto equitativo de los recursos?
Solo mediante una política pública planetaria, como la propuesta, que brinda el marco para encaminar acciones hacia el eje descuidado, tal como lo exige la racionalidad ecológica para equilibrar los modelos de desarrollo imperantes, podremos evitar que sobrevenga una corrección natural y superar la responsabilidad social de mínimos que hemos exhibido, con la cual se han generado las desigualdades e injusticias que azotan al planeta.


Escrito por:
Autor: OSCAR ALEJANDRO PEREZ PALOMINO

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