Racismo,una realidad opacada

Adalvis Anaya Julio, docente de la Institución Educativa Distrital Liceo Samario.

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Por Daniela Peñarredonda
Redacción El Informador

Cuando se habla de racismo, en el imaginario colectivo suele aparecer episodios relacionados con Estados Unidos y la lucha contra acciones que son abiertamente racistas que inundan las noticias y se viralizan rápidamente. En Colombia, país donde hay diversidad de culturas parecería absurdo hablar de racismo, y, sin embargo, existe. No como un discurso abierto sino como un comportamiento sutil y normalizado dentro de la sociedad. Matilde Maestre Rivera, docente y lideresa del Magdalena con más de 30 años trabajando por los derechos humanos de las comunidades negras, afrocolombianas, palenqueras o raizal (NARP), asegura que en Colombia existe un racismo solapado u oculto de forma malintencionada.

“En Colombia existe un racismo asolapado, porque la institucionalidad no lo ha querido reconocer. Tenemos la constitución de 1991 que nos reconoce como pueblo étnico, así como los indígenas y la población Rom o gitana, desde ahí se manifiesta en ese preámbulo de la constitución en que todos somos iguales, pero cuando ya tú estás en tu instancia puedes observar, palpar y analizar que hay un racismo”, afirma.

Matilde Maestre, quien hace parte de la Asociación de afrodescendientes Nelson Mandela, reconocida por el Ministerio del Interior desde hace más de 10 años, señala que dentro de su objeto está trabajar por la eliminación del racismo. Pone como ejemplo ejercicios que han realizado en ámbito laboral y que dan cuenta del rechazo a personas afrocolombianas con todas las cualidades para aspirar a un cargo.
Representación de las Palenqueras de la comunidad afro.
Representación de las Palenqueras de la comunidad afro.

“Hemos hecho el experimento el ejercicio de enviar hojas de vida sin fotografías, miran tu perfil, te califican y te dicen vamos a mirar tus competencias comunicativas, pero cuando se dan cuenta que es una persona que tiene este color de piel, automáticamente, qué pena, ya el trabajo fue ocupado o lo llamaremos más adelante, muchas veces ni siquiera terminan la entrevista”, relata la lideresa quien también hace parte de la Autoridad Nacional Afrocolombiana -Anafro- y del Consejo Nacional de Paz.

“Racismo asolapado”

Acerca del Magdalena, Matilde Maestre, quien ha ocupado cargos públicos en el área de cultura, asegura que este departamento no es ajeno a este tipo de comportamientos del que son víctimas las personas afro del país.
“No es que te van a decir ‘oye negro tu no entres acá’, hay diferentes formas de racismo donde tú debes medir esa conducta”, asegura.



Además de hablar desde su punto de vista, experiencia personal y casos cercanos conocidos gracias a las diferentes asociaciones de las que hace parte, Maestre Rivera habla de estudios a nivel nacional.

“Hay un estudio y unas mesas intersectoriales que se hicieron a nivel nacional con sector privado, público y diferentes instituciones, la primera brecha que existe para que la población negra, afrocolombiana, palenquera y raizal no avance, es el racismo y la discriminación racial. Porque mientras que nosotros no reconozcamos de que existe, nunca vamos a trabajar para eliminarla”, finaliza.
Matilde Maestre Rivera, docente y lideresa del Magdalena
Matilde Maestre Rivera, docente y lideresa del Magdalena
¿Por qué se da el racismo en Colombia?

La socióloga Alba Lucía Varela, directora de la Fundación para el desarrollo humano comunitario -Fundehumac-, explica que el racismo es una conducta que se da por el intercambio cultural pero también por desconocimiento de nuestros orígenes.

“El racismo es una consecuencia de un intercambio cultural, en Colombia no hay una raza pura, América es un continente de migrantes, cuando hablamos de las migraciones a través de los siglos y las décadas encontramos esta fusión de razas y de cultura. El racismo está a nivel cultural, producto del desconocimiento de nuestros orígenes. Si una mamá educa a sus hijos acerca de que una raza es superior, ellos educarían así a sus hijos”, explica.

A nivel local, la socióloga desde su punto de vista señala que en término general el costeño no es racista. Sin embargo, el lenguaje que se utiliza puede tender a señalar. “Aquí se dice el negro o la negra o el indio, porque estamos en un territorio con nuestros Hermanos Mayores, se trata de cambiar nuestro vocabulario y al cambiarlo como que cambiamos nuestro pensar”, opina Alba Varela.

Sin embargo, va más allá, y asegura que no se trata solo de racismo sino de rechazo y discriminación hacia lo diferente. “Es todo lo que rompa el paradigma de la normalidad que rompa con lo que la sociedad ha impuesto como normal”, señala.

Luchar contra el racismo desde la educación

La lideresa Matilde Maestre señala que la principal forma para erradicar el racismo y la discriminación es desde la educación. En Colombia a través del Decreto 1122 de junio 18 de 1998 se expidió la norma para el desarrollo de la Cátedra de Estudios Afrocolombianos, en todos los establecimientos de educación formal del país.
El turbante resalta a la mujer afrodescendiente, es símbolo de resistencia y parte de la identidad. Los nudos significan jerarquía.
El turbante resalta a la mujer afrodescendiente, es símbolo de resistencia y parte de la identidad. Los nudos significan jerarquía.
“Que es lo que se quiere con esta catedra, es que aquel chico o chica que no se reconozca como afrocolombiano, aprenda a respetar a los que si nos reconocemos. Que cuando yo vea una mujer negra con un turbante no diga allá va Piedad Córdoba, investiguemos y enseñemos al niño y a la niña qué significa el turbante para la mujer negra, la historia del turbante; de por qué nosotros hablamos alto, cuales era nuestros usos, costumbres y tradiciones en nuestros territorios”, afirma Matilde Maestre.

Dentro de esta cátedra que debe ser asumida por todas las instituciones educativas de forma transversal, para la lideresa Matilde Maestre debe ser asumida desde el área de sociales y de castellano, teniendo en cuenta que hay terminología aceptada en el idioma que proviene del africano.



“Desde el ámbito de sociales manejar por qué nos trajeron, por qué nos esclavizaron. Nosotros no éramos esclavos, nos esclavizaron. Cuando tú conoces la verdadera historia, no la del capítulo de historia del negro esclavo, como me la enseñaron a mí en el colegio; la parte lingüística y toda la parte cultural, comenzamos a respetar, y posiblemente comencemos a eliminar el racismo y posiblemente no haya discriminación racial”, señala Maestre Rivera.
Socióloga Alba Lucía Varela, directora de la Fundación para el desarrollo humano comunitario -Fundehumac-
Socióloga Alba Lucía Varela, directora de la Fundación para el desarrollo humano comunitario -Fundehumac-
Un ejemplo a seguir en el ámbito educativo

Adalvis Anaya Julio, docente de matemáticas de la Institución Educativa Distrital Liceo Samario, desde hace diez años ha liderado un proceso de enseñanza acerca de la identidad, diversidad y el respeto.
“Yo llegué a la institución hace nueve años y enseguida hice una encuesta, visualización de qué clase de estudiantes teníamos y encontré que había negros, indígenas, había blancos con familia española, una gran fortuna que nuestra institución es diversa y multicultural”, señala Adalvis Anaya.

Además de su trabajo como docente de matemáticas, se encarga de trabajar con los niños la parte de identidad negra para que se sientan orgullosos de ser afrodescendientes.

“Le explico que es la multiculturalidad, que somos diferentes culturas que tenemos que convivir juntos, que somos diferentes pero que a la vez somos iguales, las costumbres y el árbol genealógico”.

Una de las herramientas que utiliza la docente Adalvis Anaya es la realización del árbol genealógico en el área de estadísticas. Esta actividad permite a los niños identificar con fotos en un solo cuadro a sus padres, así como los abuelos paternos y maternos. Algunos añaden tíos y hermanos. Los niños van encontrando la diferencia y la ancestralidad.
Representación de las Palenqueras de la comunidad afro.
Representación de las Palenqueras de la comunidad afro.
“Esta herramienta evita un poco la discriminación y además saben la descendencia de ellos, y evita porque sabiendo que tengo un abuelo negro, cómo voy a tratar a otro de negro. En cambio, a veces cuando no conocen su historia es que vienen esas dificultades”.

Los niños necesitan saber quiénes son sus tíos, abuelos, sus familiares y sus raíces para evitar la discriminación. ¡

Adicional a estas enseñanzas relacionadas con la identidad y la multiculturalidad, Adalvis Anaya señala que se les enseña a los niños a respetar las diferencias y a aceptar al otro no solo por el color sino por tener alguna dificultad motriz, psicológica, psicomotriz.

Aportando a la solución

Además del importante papel que juega la educación en la lucha contra la discriminación, la socióloga Alba Lucía Varela destaca que es necesario realizar una introspección individual.

“El ser humano siempre espera que las cosas se solucionen desde afuera hacia adentro porque creen que los culpables son otros, entonces es cómo desde mi ser empiezo a hacer los cambios porque yo también he sido parte de una complicidad en ciertos comportamientos, cuando somos espectadores en momentos en que discriminan a otros”, señala la directora de la Fundación para el desarrollo humano comunitario –Fundehumac-.

En ese sentido la mirada interior hacia los propios actos de cada uno permite empezar a cambiar las dinámicas de pensamiento de la sociedad.

“Es desde el propio ser, qué siento cuando veo una persona diferente a lo que yo creo que es el estereotipo. Y qué estoy yo haciendo desde mi ser para que haya esos cambios, desde mi palabra, desde mi acción. Si yo acepto a todos los que están alrededor mío, empiezo a hacer un cambio evolutivo. Pero si a mí me escuchan mis hijos, o las personas que estén a mi alrededor hablando despectivamente de alguien, entonces sigue la discriminación”, finaliza.
Por tanto, desde la individualidad como desde la educación está la clave para romper los estereotipos y paradigmas para construir una mejor sociedad.

De acuerdo con el censo de 2018 del Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (DANE), en Colombia solo 2.982.224 personas se autoreconocen como negras, afrocolombianas, raizales o palenqueras (NARP). Lo cual en comparación con las cifras del censo del 2005, significa una reducción del 30 % de la población que en esa época llegaba a 4.311.757 de habitantes.