Derechos de los indigentes


Cada día es mayor el número de personas que deambulan por las calles de Colombia pidiendo una ayuda o limosna y muestran su estado harapiento y cargando una criatura que llama a la compasión. ¿Acaso el desplazamiento forzado del campo y otros lares los han traído a la ciudad? Muchas veces hemos visto personas gorditas llenas de juventud y vida reclamando el giro del gobierno, pero... ¿Qué hace el Estado por estas personas que muestran un estado mísero?

Estas personas no pueden ejercitar libremente el derecho al desarrollo de su personalidad ni otros derechos humanos, inclusive en materia de delitos si no prueban arraigo con un lugar de residencia se les priva de la libertad. ¿Acaso la calle no es también domicilio para el que no tiene techo? ¿No será inconstitucional esa norma que niega la libertad por falta de arraigo? ¿Acaso es imputable a ellos ese estado de cosas?.

El Estado y la sociedad son responsables en común de esa situación vergonzosa. Cuando duermen y viven en la intemperie se someten al rigor del clima, lluvias, vientos, calor etc. Tienen hambre. No tienen asistencia sanitaria de vida. Como dice el profesor Arias Ávila, el Estado los ha relegado y la sociedad los rechaza y discrimina y los despersonaliza; se les da el calificativo de "desechables" y cuantas veces una mano negra policial en algunos lares los acribilla.

Con estos comportamientos el Estado y la sociedad olvidan que los indigentes, al igual que todos los seres humanos, tienen los mismos derechos civiles, políticos, sociales, económicos y culturales, como lo establece el Art. 5º de la Constitución Política que nos rige. El mismo Art. 13 de la citada hoja de navegación del Estado establece el principio de la igualdad. La Corte Constitucional ha sido reiterativa en su referente judicial, como puede leerse en las sentencias T-533 de septiembre 23 de 1992, T-376 de septiembre 2 de 1993.

¿Por qué ese desconocimiento de su integridad moral y física?. Es igual en derechos a los demás colombianos, pero al paso que vamos estamos creando una ciudad paralela en todas las ciudades de Colombia de personas que residen en la calle.

Deben crearse albergues especiales donde puedan dormir y por qué no comer por cuenta de las entidades territoriales. Si no se pone un cortapisa a tiempo al problema social será para Colombia cada día peor, vale la pena que los alcaldes ordenen un censo de esas personas tenidas como indigentes y pueda el Estado y la sociedad hacer rápidamente la cirugía de ese problema social que cada día alcanza mayores indicadores.

Al fin y al cabo son seres humanos y no puede uno parar el carro en cualquier semáforo y que no se acerque un indigente a pedir plata. Y no puede la justicia cambiar el arraigo de vivir en la calle por la de vivir en las cárceles, por cárceles de arraigo, como dicen los jueces, cuando la calle es también un arraigo y ya es tiempo de que corrijamos esa mala interpretación con que veníamos trabajando judicialmente. La calle es también arraigo para el indigente.

Ya es tiempo también que la sociedad no siga asumiendo una actitud de desprecio o de pasiva conmiseración, para quienes por fuerza de las circunstancias, muchas veces producto del desplazamiento forzado, vienen a esconderse en la ciudad. No podemos romper del derecho de igualdad que admite la Carta del Art. 13.

La Carta en su Art. 95 impone el criterio de la solidaridad social y el Estado no puede seguir siendo ciego a esta situación de vergüenza en el trato desigual a los desiguales. No debe ser la política del huevito de regalar dinero a los pobres, dejando por fuera a los indigentes. No olvidemos el principio chino que no regales un pescado para que el hombre resuelva el hambre de hoy, mejor enseñarlo a pescar y tendrá pescado casi siempre.

Ese tratamiento desigual es lo que crea cinturones de miseria y focos de la génesis del delito social, como es el homicidio, el hurto y la extorsión. Ya es tiempo de que el Estado y la sociedad, metan la mano a la política en favor de los indigentes, que también son colombianos.