El cabo de año


Una vieja y arraigada costumbre cristiana es la celebración del cabo de año de los fieles difuntos y precisamente hoy los colombianos imploramos del Altísimo la resurrección de la Seguridad Democrática, enterrada viva desde el pasado 7 de agosto hace un año, día del advenimiento de la administración del doctor Santos.

No se trata de una percepción de esas que tanto chocan al mandatario, sino de una realidad que registran las encuestas de opinión. Santos arrancó con un 75 % de favorabilidad y apenas un 19 % de opinión desfavorable para, un año después, estar recalando en un 67 % de favorabilidad y una imagen desfavorable del 21 %. La caída ha sido lenta y ya se hace ostensible: en un año cae la favorabilidad en una 8 %, mientras que aumentó en el 2 % el rechazo.

El entierro de pobre que la administración le dió a la Seguridad Democrática trajo como consecuencia el aumento en la tasa de secuestros y extorciones, agresiones terroristas a pequeños poblados, asesinatos de candidatos y bandas criminales enseñoreadas de sectores urbanos y rurales. Lo particular y grave del caso es que el Presidente monta en cólera cuando se le reclama públicamente por la seguridad y desatinadamente enjuaga a los demandantes, como pasó con el rancio senador Iragorri Hormaza y en estos días no más con el alcalde de Apartadó, Oswaldo Cuadrado.

La grave y persistente equivocación de Santos consiste en mantener a capa y espada en la comandancia de las fuerzas militares a un hombre de mar y no de tierra, lo que a todas luces ha resentido a las guarniciones continentales encargadas de proteger a los ciudadanos y de restablecer el orden. Así no se puede señor Presidente y vea que perdió esta asignatura.

Y, ¿en qué va la famosa y cacareada "prosperidad democrática"? Sin duda está en veremos porque las locomotoras están paradas, no se sabe si por falta de repuestos, de combustible o de operarios. En esta materia el Presidente obtiene una mala calificación de casi cero pollitos, aunque bueno es reconocerle que estuvo activo y con cierta fortuna en el asunto de los Tratados de Libre Comercio, pero muy indiferente ante la retención de pagos a los exportadores colombianos por parte del tramposo de su "nuevo mejor amigo".

Antioquia particularmente es víctima de la indiferencia centralista frente a obras de tanto aliento como las "autopistas de montaña" y las troncales existentes, deterioradas por acción del invierno ciertamente, pero también con falta de respuesta oportuna de la nación para su mantenimiento preventivo y correctivo.

La administración Santos está en deuda con el sistema de seguridad social de las personas y por algo el Ministro de Protección Social es el peor calificado de todos los secretarios.

Con el reconocimiento de las pensiones por parte de la aseguradora oficial se siguen cometiendo toda suerte de atropellos contra los derechos de un poco de viejitos indefensos, a quienes les siguen liquidando mal sus pensiones para ponerlos necesariamente en plan de proponer pleitos que, uno a uno, son ganados por los litigantes casi que a la hora de la muerte.

No dudo en ningún caso de la buena fe del señor presidente Santos, pero no le rinde, no se ven los resultados a favor de los asociados más vulnerados y vulnerables.

Tiro al aire: como dicen las señoras, a la administración Santos le hace falta mucho pelo para el moño.