Jesús y los dos ladrones

1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 Promedio 0.00 (0 Calificaciones)

Cuenta la historia sagrada que en el momento culminante de la crucifixión de Jesús en la cruz, estuvo acompañado por dos conspicuos ladrones, en la cual uno de los señalados se mofaba del padre de la cristiandad universal diciéndole que si era el hijo de Dios se bajara de la cruz en la cual se encontraba adherido con clavos en manos y pies a pesados listones , mientras el otro delincuente más sensato y por supuesto prudente le dijo en ese estado postrero a Jesucristo: "Señor acuérdate de mí cuando estés en el paraíso" a lo cual el maestro de todos los tiempos le respondió: "….mañana estarás conmigo en el paraíso…", promesas estas que fueron cumplidas a cabalidad por supuesto, por provenir del hijo del padre celestial cuyos enunciados son reputados como veraces, por razones obvias.

Es la misma historia sagrada con su tinta indeleble e impoluta la que nos ilustra que en esos instantes dolorosos de la crucifixión de Jesús uno de los delincuentes de nombre Gestas se burlaba del padre del cristianismo instándolo a que con su poder se bajara de la cruz en la cual con clavos en manos y pies padecía lenta agonía, sin embargo, tales provocaciones no inmutaron a Jesús, todo lo contrario permaneció sereno y estoico hasta último momento en que exhaló su último suspiro, en este hombre no germinó nunca el estado humano de la maldad sin límites, es mas en un acto sin igual en la historia imploró al creador del universo para que en su divina bondad perdonara a sus propios criminales diciéndoles : "…Padre perdónalos porque no saben lo que hacen….", tesis estas que han sido objetadas por eruditos porque la casta de asesinos que facilitaron y ordenaron su ejecución como fueron los sanedrines, Poncio Pilatos y Caifás si eran conscientes de su actuar doloso.

Como un acto postrero para la historia también se señala que Gestas, delincuente consumado, al momento de conminar a Jesús en forma burlesca para que se bajara de la cruz haciendo acopio de su poder omnímodo, dos cuervos se acercaron sigilosos al mencionado y le picotearon los ojos hasta sacarlo de sus cavidades óseas, hecho este que fue calificado por los estudiosos de asuntos religiosos como castigo divino al acto reprobable del mencionado condenado que lo sumergía sin remedio en penumbras permanentes en lo que le restaba de vida.

El segundo de los delincuentes llamado Dimas tuvo otro actuar muy diferente al emulo señalado, quien en un acto provisto de sensatez y buen juicio le pidió a Jesucristo su compasión de tenerlo en cuenta para cuando se encontrara en el paraíso, petición esta que fue aceptada sin ambages por el padre de la cristiandad universal , el cual le manifestó en forma expresa su voluntad que así sería diciéndole: "….hoy estarás conmigo en el paraíso…."

Vale decir que a pesar de no haberse enunciado profusamente en la biblia los nombres de los dos delincuentes que acompañaban a Jesús en la crucifixión, corresponden a Dimas o Tito y Gestas exteriorizado en el evangelio de Nicodemo 9: 11-12.

Por supuesto, los malhechores mencionados pasan a destacarse en la historia sagrada porque compartieron la misma suerte con el padre de la cristiandad universal al haber sido crucificados en día, lugar y hora coincidentes, de lo contrario no hubieran sido tenidos en cuenta, pero obsérvese que de este aparte particular surgieron enseñanzas para la posteridad relacionadas con principios de fe cuando uno de ellos de nombre Dimas le dijo a Jesús: "….señor acuérdate de mí cuando estés en el paraíso…", este hecho singular fue avalado con creces por el maestro de todos los tiempos llamado Jesús quien en una decisión inmediata le respondió afirmativamente su ingreso al reino intangible después de la muerte pregonada con creces por él mismo y sus discípulos, lo cual produjo a la postre su ejecución en la cruz durante el reinado de las monarquías de la época representado por Caifás, sumo sacerdote judío de la secta de los saduceos reputado como el líder de la conspiración que logró la muerte a Jesús de Nazaret.

En todo caso ha sido dilucidado para la historia que el Imperio Romano con sus dominios en la época de Judea no fueron los responsables del crimen de Jesús, sino los judíos representados por los sanedrines, Caifás, Poncio Pilatos, en uno de los primeros juicios vergonzantes del mundo en abiertas yuxtaposiciones jurídicas y doctrinalmente.