Robots con piel sensible

Gordon Cheng desarrolla la piel artificial con el fin de proporcionar a los robots una respuesta táctil. Foto:Astrid Eckert/ Universidad Técnica de Munich (TUM). EFE.

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La máquina luce como un cruce entre el robot.

Formada por 1.260 pequeñas placas hexagonales o "células de piel", esta epidermis sintética sensible que recubren al robot H-1, funciona de manera muy similar al sistema nervioso humano y abre las puertas a máquinas más seguras y humanizadas.

"Esta piel sintética, inspirada en la humana, mejora la capacidad sensorial de los robots y aumenta su seguridad, al permitirles detectar sus cuerpos y entorno", según el profesor Gordon Cheng de la Universidad Técnica de Munich (TUM).

 "Las células de la piel del robot H-1 está dotada de microprocesadores y sensores, en el torso, brazos, piernas y las plantas de los pies, lo que le confiere una nueva "sensación corporal" y la capacidad de responder a las superficies irregulares del suelo o abrazar a una persona.

La máquina luce como un cruce entre el robot humanoide, con la brillante plataforma de baile del videojuego Dance Dance Revolution, pero el H-1 es el primer robot cubierto desde el torso hasta los pies con piel artificial.

Se trata de una luminosa capa de elementos hexagonales que tiene por la mayor parte de su humanoide cuerpo, que le permite sentir  y actuar como un ser humano, según la revista Fast Company.

Semejante a la piel humana

 Esto no solo les ayuda a moverse con seguridad, sino que además los hace más seguros cuando operan cerca de personas y les da la capacidad de anticipar y evitar accidentes de forma activa, según indican. Las células de la piel fueron desarrolladas hace unos 10 años por Gordon Cheng, profesor de sistemas cognitivos en la TUM.

El “truco” consiste en que las celdas individuales transmiten información de sus sensores, solo cuando se cambian los valores, de forma similar a como funciona el sistema nervioso humano.

“Por ejemplo, sentimos un sombrero cuando nos lo ponemos por primera vez, pero rápidamente nos acostumbramos a la sensación. No hay necesidad de volver a notar el sombrero hasta que el viento nos lo quite de la cabeza”, señala Cheng.

“Esto permite que nuestro sistema nervioso se concentre en las nuevas impresiones que requieren una respuesta física”, apunta.EFE

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