El otro punto de peregrinación en Belén

Vista de la entrada principal de The Walled Off Hotel., ideado por el grafitero británico, se ha convertido en un nuevo punto de peregrinación.

Turismo
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Alrededor de medio centenar de familias viven directamente del hotel, pero, de manera indirecta, muchos más se benefician de la presencia del establecimiento y de las pintadas del más famoso de todos los grafiteros.

Por: Natalia Otero
EFE/Reportajes

Basta con poner un pie en la concurrida plaza Manger, frente a la visitadísima Iglesia de la Natividad, en Jerusalén, para entender que a las habituales “atracciones” religiosas les ha salido un duro competidor.

“¿Os llevo al hotel de Banksy, a los murales, os hago un tour?”, dice un taxista a un par de turistas latinoamericanos. La escena se repite unas cuantas veces más. El nombre de Banksy se escucha como un eco en cuanto turistas y taxistas confluyen en espacio y tiempo.

Más de 60.000 clientes

The Walled Off, el hotel ideado por el grafitero británico, se ha convertido en un nuevo punto de peregrinación en una de las ciudades más sagradas para el cristianismo.

En 2017, el establecimiento abrió sus puertas con un reclamo claro: “El hotel con las peores vistas del mundo”. Al otro lado de la calle, a aproximadamente cinco metros, está el muro de separación que construyó Israel en Cisjordania. Un muro aún inacabado que, en este tramo, es de puro hormigón. Mide casi 10 metros de alto y está coronado con valla metálica.
Una paloma de la paz con chaleco antibalas y un visor de un francotirador dibujado sobre su pecho en la ciudad de Belén, Cisjordania, obra de Bansky, cerca del hotel.
Una paloma de la paz con chaleco antibalas y un visor de un francotirador dibujado sobre su pecho en la ciudad de Belén, Cisjordania, obra de Bansky, cerca del hotel.

En su primer año, alrededor de 60.000 personas se alojaron en este hotel. Los precios están lejos del presupuesto medio de los mochileros que caminan anonadados delante del muro, viendo las pintadas y cavilando sobre su significado.

La opción más barata es compartir litera en una habitación comunal, a modo de barracón, por sesenta dólares la noche. La más cara, alojarse en la suite presidencial que roza los 1.000 dólares.Sin embargo, aunque no puedan pernoctar, son muchos los curiosos que se acercan a ver el edificio, a tomar algo en el bar del hotel o a visitar el museo sobre el conflicto árabe-israelí que está en la planta baja.

En la calle principal que da al hotel, pocos metros antes del establecimiento, la famosa pintada de la paloma de la paz con el chaleco antibalas y, en medio, una anotación indica que se va por el buen camino.

Un aire muy británico

“¡Bienvenidos al hotel!” dice sonriente el portero del establecimiento. Va con frac y chistera. El hotel es un edificio de dos plantas, con pintadas que pretenden darle un aspecto más victoriano. Sin embargo, bajo el espray se adivinan las características de las casas palestinas: el color arena del revestimiento, balcones de obra y verjas en las ventanas.
The Walled Off Hotel tiene un ambiente muy británico. En la decoración del hotel podemos apreciar una reproducción de otra de obras significativas
The Walled Off Hotel tiene un ambiente muy británico. En la decoración del hotel podemos apreciar una reproducción de otra de obras significativas

En el bar, dos parejas toman un té, algo muy británico y a juego con la decoración interior. Todo en esta sala recuerda a Gran Bretaña. No es de extrañar, porque los territorios palestinos estuvieron bajo mandato de este país desde el fin de la Primera Guerra Mundial hasta 1948.
La reconocida imagen de un manifestante lanzando un ramo de flores se convierte en un tríptico con un marco dorado y pomposo que cuelga de una pared con papel pintado. En la barra, una pareja de turistas latinos pregunta por el acceso a las habitaciones: “Están detrás de esa estantería que no es una estantería, es el acceso”, dice una de las camareras.

La puerta de al lado, cubierta por una cortina de terciopelo rojo, oculta un museo sobre el conflicto. Johny, el encargado del museo, aclara que la recaudación se queda en Palestina; que Banksy no recibe ni un dólar de ese museo y que, gracias a él, muchas más personas se han interesado por su historia.

Dando visibilidad a la realidad del muro

“Los turistas que vienen aquí lo hacen conscientes de la situación. Es gente solidarizada con nuestra causa, respetuosos y que nos apoyan”, dice cuando se le pregunta si su sufrimiento se ha convertido en un Disneyland para turistas.

A través de varias estancias, con un estilo muy urbano tan característico del movimiento grafiti, se explica con vídeos, audios, fotografías, infografías y objetos, el conflicto entre árabes e israelíes. La entrada cuesta 15 shekels, algo más de cuatro dólares.

“Gracias por venir. No solo los británicos ayudaron a crear este desastre, sino que ahora vuelven a contar su historia. Este museo ha sido curado por un profesor y un artista del grafiti de Inglaterra que trabajaron en secreto y, al igual que el muro, está incompleto. Ahora que podemos pedir públicamente artefactos e historias, se espera que a medida que crezca pueda reflejar las voces de aquellos que viven en la sombra. Si hay algo con lo que te gustaría contribuir, por favor, contacta con un empleado”, dice un cartel a la salida.
Vista interior del hotel. En su primer año, alrededor de 60.000 personas se alojaron en este hotel. Los precios están lejos del presupuesto medio de los mochileros que caminan anonadados delante del muro.
Vista interior del hotel. En su primer año, alrededor de 60.000 personas se alojaron en este hotel. Los precios están lejos del presupuesto medio de los mochileros que caminan anonadados delante del muro.

El artista de Bristol tampoco tiene nada que ver con el funcionamiento del hotel, que dirige Wisam T. Salsaa, quien asegura que, aunque se haya construido con cierto fin social, no deja de ser un negocio. “La mayoría de nuestros huéspedes son personas que no vendrían de vacaciones a Palestina si no fuera por el hotel”, dijo a un medio español el año pasado.

Aunque pueda atraer a más curiosos, el hotel no pretende frivolizar o quitar protagonismo al muro, todo lo contrario. Desde un bar de aire victoriano amueblado con sofás chéster y piezas de madera noble, con paredes con papel pintado de las que cuelgan obras del artista urbano más deseado en la actualidad, el hormigón parece todavía más duro, alto e insalvable.

Al otro lado de la calle, a aproximadamente cinco metros, está el muro de separación que construyó Israel en Cisjordania. Un muro aún inacabado que, en este tramo, es de puro hormigón. Mide casi 10 metros de alto y está coronado con valla metálica

El encargado del museo que alberga, Johny, aclara que la recaudación se queda en Palestina; que Banksy no recibe ni un dólar de ese museo y que, gracias a él, muchas más personas se han interesado por su historia.

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