“porque el cáncer no es sinónimo de muerte”

Wendy Peralta, sobreviviente al cáncer de mama

Revista Ámbar
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Ni la amplia sonrisa, ni su relajado andar, ni su esperanzadora mirada nos dejan ver que esta joven mujer, Wendy Peralta, vivió una de las situaciones más complejas que puede enfrentar un ser humano: ser diagnosticada con cáncer de mama. Ella nunca pensó que lo que debió ser un embarazo lleno de tranquilidad, reposo y sosiego, sería una de las épocas más difíciles de su vida.

Esta historia empezó con un examen de rutina para una mujer embarazada, pero todo cambió cuando le detectaron una bolita en el seno. La situación se tornó más compleja cuando le hicieron la biopsia y le confirmaron la presencia de un carcinoma ductal grado 2.

“El embarazo desbloqueó las células cancerígenas. Tuve la fortuna de la detección temprana y el tratamiento oportuno del cáncer. Además tuve suerte porque la EPS me dio el tratamiento y pude recuperarme”, relató esta sobreviviente del cáncer de mama.

Con menos de 30 años, ella enfrentó esta enfermedad, que suele ser considerada como fatal, por amor a su hijo Oscar Iván, a su esposo Javier Rivera, sus padres Oscar Peralta y Elisabeth Canchano, su hermana Ana María y otros familiares cercanos; pero, también la motivó salvarle la vida a esa pequeña Ana Lucía, quien estaba creciendo en su vientre.

“Ellos son mis motores para salir adelante y aferrarme a la vida”, afirma Wendy con lágrimas en los ojos, quien no sabe aún de dónde sacó las fuerzas para enfrentar este cáncer que por poco acaba con su cuerpo y su vida. A medida que avanzaba el embarazo crecía ese tumor maligno, al punto de alcanzar 10 centímetros de tamaño, el cual requirió de seis secciones de quimioterapias, 16 radioterapias y una mastectomía radical, para ser exterminado de su seno.

Estos procedimientos fueron necesarios para enfrentar el cáncer de mama, aunque generaron los malestares afines a la enfermedad pero acató las recomendaciones médicas, cambió los hábitos de alimentación, se hidrataba todo el tiempo y se cortó su cabello hasta quedar como el afamado personaje infantil “Caillou” o Cayú. A través de este pequeño niño de la televisión, Wendy Peralta también le explicaba a su hijo Oscar Iván de tres años, en ese momento, que ella estaba “enfermita”.

Hoy dos años después de su operación continúa con los controles, los exámenes y el tratamiento para seguir contrarrestando este mal que anualmente deja muchas familias sin madres, esposas, hijas, tías, hermanas o amigas.

El caso de Wendy Peralta debe ser el ejemplo de que es posible salvar vidas cuando nos hacemos el autoexamen de seno o la citología, y siguiendo las opciones de vida que entregan los tratamientos, de las garantías que deben ofrecer las Eps, de la fortaleza que debemos tener ante esta enfermedad y de la forma en que se debe rodear a un o una paciente diagnosticada con cáncer.

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