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Escrito por:

Alvaro Padilla Racines

Alvaro Padilla Racines

Columna: Opinión

e-mail: [email protected]

Twitter: @varitocharpure

En todo un escándalo se ha convertido la telenovela de corrupción que hoy protagoniza el presidente de la Corte Constitucional por utilizar su cargo para favorecer la revisión de una tutela.

Y aunque este hecho causa gran preocupación, no deja de ser menos lamentable que esto ayude a que la imagen del profesional del derecho sea foco de dudas.

Es bueno que la gente comprenda que estudiar Derecho no están fácil como parece, menos en un país leguleyo donde abundan tantas normas como burbujas de Alkazeltser en un vaso de agua, esto sin mencionar, que muchos esperan que con el solo título te las sepas todas y resuelvas los problemas de todos: que la pensión, que la cuota de alimentos, que el cheque, que la tutela...

Pero quizás lo que hace menos fácil prepararse en leyes, es la mítica frase: "Estudias derecho es para salir torcido" con su seguida risa sarcástica.

A todos nos ha pasado en más de una ocasión, y es tan común que no se le daría más trascendencia de lo normal si escándalos como el que sufre la Corte no sucedieran a menudo.

Recordemos que unos años atrás fue un crucero para magistrados con viáticos pagos, en otra ocasión la famosa puerta giratoria para ser magistrados en casi todas las altas cortes, a esto agreguémosle lo del Caso Colmenares y de en adelante omitamos demás procesos en estado de impunidad.

Todo esto genera un ambiente de desconfianza en la justicia del país conformada casi en su totalidad por quienes optamos estudiar la norma.

Este escándalo ha puesto de presente un debate de vieja data en el derecho sobre las virtudes éticas del abogado, es que en realidad de nada sirve ser el mejor abogado del país, si dices que la ética no tiene nada que ver con el derecho.

Eso de por sí demuestra que el éxito en el derecho es por ser astuto y no justo.
En el país existe infinidad de juristas cuya trayectoria jamás ha sido teñida de "vueltas raras" para conseguir gran reconocimiento a su labor, muestra de ello es el fallecido maestro Gaviria.

Otro ejemplo positivo de la labor del abogado es visible en el docente, columnista, investigador y abogado Rodrigo Uprimny quien está postulado para ser miembro de la Corte interamericana de DDHH.

Podría utilizar el resto de mi columna enunciando una lista completa de aquellos abogados, que reconocidos o no, hacen de esta profesión una oportunidad más para el progreso del país.

Ya está bueno que la irresponsabilidad de unos tantos afecte la honra de muchos. Es un mito que los profesionales del derecho somos corruptos solo porque unos desviados le ponen precio a los fallos. Los que hacen esa práctica perdieron toda noción de justicia convirtiendo a los juzgados en plazas de mercado donde se comercian derechos.

Toda esta situación muestra una crisis de valores en la sociedad gracias a que las nociones de lo justo, lo equitativo y de lo derecho se toman como oportunidades perdidas para conseguir un dinerito extra para los bolsillos. Mientras las dinámicas del país sigan versando sobre la corrupción generalizada, conoceremos mas escándalos de válgame Dios.

La salida a esta crisis en la profesión del abogado no será pronta, pero desde las mismas aulas donde nos formamos podemos iniciarla recordando que lo que está en juego es el prestigio de una buena profesión en un país de dañinas costumbres.

A la luz de toda esta situación es bueno recordar que los mitos son producto de un saber más o menos alejado de lo real, por eso aquellos que ofenden y tachan de torcidos a los que estudiamos derecho, han de saber que no es una profesión, sino la sociedad misma, la que ha perdido la dirección por andar sin un rumbo de valores fijos.