Reflexiones para empezar el año

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

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El escándalo de los Nule y su "cartel de la contratación" no dio tregua durante el obligado receso de fin de año. En Miami, frente a una "justicia a domicilio", los "brillantes empresarios" prófugos de la justicia mostraron cómo, en connivencia con funcionarios inmorales, se hicieron a los más jugosos contratos en Bogotá, así como al control de su ejecución: jueces y parte, yo con yo; señalaron al Alcalde de Bogotá y a su hermano, a políticos, funcionarios públicos, entes de control, al exministro Gallego y, asómbrese usted, a periodistas vendidos al primer postor para publicitar en pomposas publicaciones los "destacados éxitos" de los bandidos de marras mientras el dinero de los impuestos capitalinos fluía a raudales hacia sus cuentas en el extranjero sin la menor posibilidad de retornar a su debido lugar. También saltaron a la palestra nombres de funcionarios y contratistas del orden nacional, enredados en acusaciones que hoy tienen ocupados en pesquisas al periodismo investigativo, sabuesos y autoridades judiciales.

Y es que el robo de recursos públicos a través de dolosas componendas tiene visos de homicidio: ocasiona muertes por el desvío de recursos de la salud hacia las alforjas de los saqueadores; también, de crimen organizado, gracias a la delincuencia que genera la falta de educación, vivienda u oportunidades en la gente excluida. Muchas veces propiciada desde los altos mandos, la impunidad que campea en Colombia para los hampones de cuello blanco y manos sucias es la plataforma que lleva a los colectivos criminales a llenar cuentas bancarias con fortunas habidas con la desgracias de muchos compatriotas.

Casi todas las campaña proselitistas prometen cambiar esas funestas costumbres y mucha gente, esperanzada y creyente, elige cándidamente a cínicos promeseros profesionales que no tienen la menor intención de erradicar sus fraudulentas prácticas. La desesperanza, por otra parte, lleva a muchos compatriotas a vender su voto o, sencillamente, a apartarse pragmáticamente de los comicios electorales al ver sempiternamente que las cosas nunca cambian y que, por el contrario, empeoran hasta niveles inaceptables que, tal como la Ley de Murphy proclama, pueden seguir empeorando. Son descomunales y crecientes las sumas de dinero que se gastan en demagógicas campañas perolos salarios del beneficiado, las primas, viáticos, bonificaciones legales y demás arandelas sumadas no llegan ni remotamente a suplir tales costos. Entonces, somos nosotros los "pagaimpuestos", quienes como siempre terminamos pagando esas onerosas empresas proselitistas; y cuidadito con quejas o denuncias, proclaman amenazadores estos asaltantes.

Causa indignación saber que la indiferencia ciudadana provocada por estos nefastos personajes es el alimento de la corrupción. Un colombiano del común es objeto de implacable persecución oficial cuando no alcanza a responder por sus tributos: son precisamente los codiciosos corruptos y sus cómplices quienes acosan al ciudadano usando el mascarón de proa de falta de recursos para suplir "necesidades estatales", faltantes esos que han ido a alimentar su insaciable voracidad. Por fortuna, todavía existen personas de bien con las mejores intenciones de gobernar con decencia, pulcritud, prudencia y compromiso, a quienes se les aleja mañosamente del elector en medio de campañas de desprestigio que favorecen a quienes aspiran a ocupar los cargos públicos para aprovechar su "cuarto de hora", según su propio decir. Y es que la ineptitud, la indolencia y la corrupción son las peores maldiciones de la sociedad.

El recogimiento de los espíritus que recién termina debe servir para reflexionar acerca de los siguientes comicios electorales. ¿Seguiremos eligiendo a los impecables y sonrientes pero inútiles figurines de los comerciales electorales, cual si fueran modelos de dentífricos? ¿Escogeremos una vez más a aquellos cuyos antecedentes, jefes y adeptos son garantía de perniciosas costumbres políticas? Con el lema de "esta vez sí", ¿nos convencerán las eternas promesas de ríos de leche y miel, siempre incumplidas por los incapaces? ¿Acogeremos con la mano abierta el dinero, el "TLC" (tejas, ladrillos, cemento), el sancocho y la botella de ron sin importarnos que en los siguientes cuatro años habrá detrimento para el ciudadano? ¿Serán nuevamente las armas las que definan el mapa electoral? Es hora de revisar si el partido político, el carisma de un líder o el dinero que compra conciencias son los criterios que han de definir a los siguientes mandatarios; o, si serán los programas de gobierno, las capacidades demostradas de las personas o su transparencia y gestión lo que les coloque en el primer sillón del Distrito o en el primer cargo del Departamento. Porque más que politicastros en busca de reconocimiento judicial y protección en refugios paradisíacos junto a sus enormes cuentas bancarias mal habidas, necesitamos gerentes de verdad con programas de gobierno serios y compromiso moral con sus electores, para que trabajen en beneficio de una sociedad y no en el de sus bolsillos.

Apostilla: ¿El Departamento con 2 gobernadores? ¿Quién manda a quien?

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