¿A quién le duele la Ciénaga Grande?

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Escrito por:

Edgar Castro Castro

Edgar Castro Castro

Columna: Opinión

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Un alboroto está armado por cuenta de las obras de expansión que particulares, propietarios de predios privados adyacentes, han realizado en zonas que hacen parte de la ciénaga Grande de Santa Marta, causando deterioro ambiental en el cuerpo de agua que ha sido protegido por la Unesco al declararla Reserva de la Biosfera y como área Ramsar por la importancia de sus humedales. Además, como si fuera poco, allí se encuentra el Santuario de Flora y Fauna Ciénaga Grande de Santa Marta, creado en 1977 como área del Sistema de Parques Nacionales Naturales.

Tanto la ciénaga Grande como la Vía Parque Isla de Salamanca, han sufrido menoscabo desde hace mucho tiempo: es de recordar, que cuando se construyó la carretera que une a Ciénaga con Barranquilla, en la década de los sesenta, se rompió el equilibrio que en forma natural se daba en el intercambio de aguas entre el mar y la albufera. Esto, incrementó los índices de salinidad desembocando en la muerte de espesas áreas de bosques de manglar, que revisten su importancia por ser hábitat para diferentes especies de la fauna. La nación aún no ha saldado la deuda por los perjuicios ocasionados.

En el caso de Corpamag, entidad ambiental del Magdalena, sería conveniente que dé las explicaciones que diluciden algunos interrogantes, porque no parece válida la excusa de no contar con la infraestructura suficiente para llevar a cabo los controles en un sitio de difícil acceso, que por ministerio de la ley le corresponde ejecutar.

Informaciones de prensa advierten, en boca del director, que la corporación no tenía conocimiento de lo sucedido, pero también revelan, contradictoriamente, que, en el año 2009, confirió permiso de aprovechamiento forestal a la sociedad Agropecuaria RHC en la hacienda Los Patos y, con posterioridad, autorizó a la empresa Williams el dragado de caños.

Si asumimos que los beneplácitos otorgados se hicieron con el cumplimiento de la normatividad existente y que con amparo en los mismos hubo excesos para expandirse a otros terrenos; ¿por qué entonces si hubo ingreso al área de funcionarios del organismo oficial? ¿Hubo o no visitas de revisión ulteriormente?

Tal parece que algo no está marchando bien, en el desarrollo de las funciones de las Corporaciones Autónomas Regionales, especialmente en lo que toca al tema de las aguas cenagosas. Por razones presupuestales o por desánimo burocrático, sus tareas están casi limitadas a una sola que es la de dar trámite a concesiones, permisos o autorizaciones para usar los recursos naturales renovables. Por esto, suceden tantos desafueros contra el ambiente bajo su distante e imperturbable mirada.

Colombia, a pesar de que tiene una amplia normatividad sobre el manejo de los recursos naturales renovables y del medio ambiente, considerada de las mejores del mundo, la aplicación si está muy lejos de la realidad. Existe un desconocimiento total en la comunidad, pero lo peor es que no hay acciones orientadas a enseñárselas.

¿Será por todo esto que estamos acostumbrándonos a que se desfalquen el agua, los bosques, la fauna y el suelo, y no pase nada? Ya nadie se acuerda que hace algo más de un año el país se estremeció por la catástrofe que ocurrió por la sequía en el Casanare con la muerte de 23.000 chigüiros, que no mereció la visita del presidente Santos que, bien se sabe, es dado a tomarse fotografías en cuanto evento le montan: ya conduciendo buses, ya inaugurando casas en calzoncillos.

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