Base naval de Cartagena: qué lío

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Escrito por:

Edgar Castro Castro

Edgar Castro Castro

Columna: Opinión

e-mail: emcastroc@yahoo.com

En Cartagena, hoy, las controversias corren entre gobernantes, gremios y comunidad en general por el publicitado traslado de la base naval a la isla de Tierrabomba.

El presidente Santos, en junio de 2012, aunque antes ya se había referido a ese sueño, anunció las instrucciones dadas al ministerio de Defensa para adelantar lo pertinente a las convocatorias que llevan a bosquejar la guarnición militar que "debe ser la mejor del continente y por qué no, la mejor del mundo". Los escollos que hay que sortear, parecen sugerirle a Santos que debe despertar de esa pesadilla, pues se juzga que ha habido más improvisación que juiciosos estudios.

En las polémicas, se le ha dado mayor importancia al uso que se dará a los terrenos desocupados por la base naval en el barrio Bocagrande, luego del trasteo a la isla de Tierrabomba.

Hay quienes consideran que el área debe ser convertida en una zona verde que se constituya en un área de oxigenación, como lo proponen Camacol y el Consejo Gremial de Bolívar, con un medroso apoyo de la administración distrital; sin tener que modificar el Plan de Ordenamiento Territorial del distrito, que señala un uso institucional con limitación de altura en las edificaciones.

Por su parte, otros, incluido el gobierno nacional y algunos empresarios de la construcción, estiman conveniente llevar a cabo un proyecto de renovación urbana, con lo que se obtendrían recursos para ayudar financieramente en la construcción de la nueva base.

El problema de fondo está en la isla y no en Bocagrande, así haya sido soslayado en su tratamiento. Los inconvenientes que habrá que resolver son de distintos matices: sociales, técnicos, financieros, ambientales y sobre la pertenencia de los terrenos; y que tienen estrecha relación con los siguientes aspectos:

1. La parte financiera, tan significativa en cualquier plan, no está acordada. Es por eso que, para obtener parte de los recursos económicos, con la renovación urbana -que se opone a la propuesta ambiental- y los restantes nadie, en concreto, sabe de dónde saldrán, si bien es presumible que la nación hará su aporte en los cuatro billones requeridos;

2. No está claro ni el sitio ni los costos de la construcción de un puente entre Tierrabomba y Bocagrande, obra que condiciona el trasteo;

3. Está latente un conflicto con las cuatro comunidades que habitan la isla y que directamente serán influenciados por establecimiento del nuevo vecino, aunque podrá haber arreglo cuando haya compromiso en la solución de los problemas que padecen desde tiempos inmemoriales;

4. En la ensenada del Derrotado, que es el lugar previsto con diseños para reinstalar la base, existe un bajo con rocas a flor de agua que no pasa de un metro de profundidad, lo que alejaría toda la intención del proyecto por lo altamente costoso que resultaría hacer un dragado hasta unos 15 metros, amén de todas las consecuencias ambientales;

5. Como si fuera poco lo anterior, la propiedad que dice tener a su disposición la Armada está en juiciosa duda, máxime si se tienen en cuenta el fallo de demandas, que es favorable a los intereses de particulares en el juzgado noveno administrativo de Cartagena y confirmado en segunda instancia por el Tribunal Administrativo de Bolívar, lo que, según los expertos, ha hecho tránsito a cosa juzgada. 6. Lo que dirá Maduro, nuestro vecino del oriente.

Doy los créditos a personas que de alguna manera han ventilado el asunto: el arquitecto urbanista Germán Fonseca Castillo, el abogado Amaury Arteaga López y el empresario Roberto Carlos Martínez.

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