Anotaciones históricas como referente para la ‘destraquetización’ de Colombia

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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com

Recientemente me preguntaron qué era lo que pasaba en Colombia que a pesar de todos los esfuerzos, parecía atrapada en un ciclo de violencia y corrupción.

Respondí echando mano de la historia. Advierto, que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Cuando la Alemania Nazi fue derrotada, los Aliados enfrentaban el problema de la desnazificación de las masas.

La llegada de Hitler al poder fue ambientada por circunstancias malas en Alemania, y un pueblo desesperado estaba dispuesto a ponerle atención a los cantos de sirena de un mesías, que recobrara la grandeza de la raza aria.

Hitler, logró un aparente milagro económico, en el que un país, antes humillado y derrotado, se convirtió en potencia económica y militar, y que hizo que el pueblo alemán recobrara su orgullo. El milagro económico de Hitler lo convirtió en un dios digno de admiración.

Aunque la mayoría de los alemanes sabían lo que estaba sucediendo con la campaña de exterminio de judíos y otros grupos, el pueblo optó por hacerse el de la vista gorda porque los tiempos eran buenos y el mesías no podía equivocarse, y ni qué decir que el régimen llevó la propaganda a niveles nunca antes visto, en lo que quizás constituye el referente moderno del uso efectivo de los medios masivos para hipnotizar a todo un pueblo.

El pueblo alemán, aún estando ocupado y derrotado nuevamente, seguía aferrado a la ideología y a los valores nazis porque era lo mejor que le había pasado.

Una cuidadosa estrategia de desnazificación fue diseñada por expertos de un equipo multidisciplinario, con el propósito de contar la verdad de lo que había sucedido y confrontar al pueblo alemán con el horror del exterminio. La idea era que los héroes y el mesías fueran descendidos al nivel de monstruos asesinos que les correspondía.

No fue accidental que los juicios de guerra, diseñados para la ocasión, se hicieran públicos y en Núremberg, que había sido el bastión de la máquina propagandista del régimen.

Tampoco fue accidental que se hicieran monumentos mostrando el horror, y que los campos de exterminio y los campos de concentración fueran abiertos al público alemán para que vieran con sus propios ojos lo que había sucedido.

Era necesario desenterrar la verdad, y condenar ejemplarmente a los culpables para que el horror no volviera a repetirse.

La estrategia fue efectiva, y alteró de manera importante la mente del pueblo alemán, y colocó las cosas en su sitio. El impacto de esta estrategia aún puede apreciarse en el pueblo alemán, que no se siente orgulloso de ese pasado, y que hace que el ciudadano alemán se sienta muy incómodo ante chistes o menciones discriminatorias, especialmente contra los judíos.

En Colombia no salimos del atolladero porque no hemos ‘desnarcotizado’ y ‘descorruptizado’ a las masas.

Todavía seguimos haciéndonos los de la vista gorda. Mi generación fue la generación en que Colombia cambió de manera dramática, y dejó de ser un país de valores tradicionales para convertirse en un país en donde lo importante es tener poder o plata o ambos sin importar como fueron habidos.

Ante nuestros ojos, el país se ‘traquetizó’. No hicimos a tiempo la tarea de romper los ídolos de barro de la era del narcotráfico, de la era paramilitar, y otras tantas, y al no hacer la tarea, esos modelos de comportamiento fueron aceptados socialmente.

Peor, el poder de los medios masivos, como la televisión con sus narconovelas, fue puesto al servicio de la causa equivocada, haciendo mucho daño interna y externamente. La imagen del país en el exterior da ganas de llorar.

En Colombia no ha habido, y parece que no habrá, juicios ni castigos ejemplarizantes, y la verdad sigue, y seguirá, enterrada. El contexto actual en que hemos crecido explica los Preteles, los Uribes, los Jorge 40, los Morelli, los Moreno, y en fin toda una larga lista de personajes polémicos.

Hace algún tiempo alguien recolectó ensayos de distintos personajes de la vida pública, y lo tituló: En qué momento se jodió Colombia. Más importante que saber en qué momento se jodió el país, es saber por qué seguimos jodidos y qué vamos a hacer para cambiar las cosas.

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