La cultura de la verdad y la mentira

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Ramón Palacio Better

Ramón Palacio Better

Columna: Desde el Centro Azul

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Por lo general en nuestra patria, infortunadamente la verdad y la mentira nos han acostumbrado vivir en continuo riesgo, a los apuros, a la inseguridad y al conflicto y hasta la perplejidad en determinados asuntos en cualquier instante; y muchos actúan todos los días en medio del mal, del peligro, de la contingencia y hasta de la fatalidad y la perversidad que aprendimos a consentirlo, aguantarlo, hasta llevar junto a nosotros ese mal signo por décadas y aun en pleno siglo XXI; y lo que es peor siempre nos hacemos los de la vista gorda, vivimos desgraciadamente con él; es una contraseña nacional asquerosa, repugnante y muy desagradable de terribles males que parecieran formar parte de las ocupaciones y labores que se llevan a cabo en el oscuro mundo de las tinieblas, ejerciendo y cultivando lo que no es bueno, ni satisfactorio. Terribles conductas que en los actuales tiempos imperan en la nación y no agradan a Dios ni a la dignidad de la patria. Por lo visto, en nuestro país pareciera que estuviéramos destinados constantemente a ser sancionados o infligidos a sufrir severos castigos producto de nuestros propios inventos y ensayos de cambio y quien sabe cuántas cosas más.

Todos los colombianos sabemos que aquellos que infringen, quebrantan y desobedecen la ley o la verdad, con mentiras, se entregan y apadrinan con el temible mal y son culpables o únicos responsables de lo que ejecutan y ocasionan sus espantosas acciones. El mayor desconcierto y la mayor confusión de las ideas se origina cuando se pretende que disimulemos y traguemos entero tantas mentiras, farsas e invenciones para luego convertirlas en una verdad y también al contrario, la verdad a la vuelta de la esquina es una gran mentira. La verdad y la mentira son circunstancias muy antagónicas, por ello, no puede haber, ni  jamás podrá existir entre ambas una unión pacifica, ni mucho menos justa, porque las virtudes malas generalmente concuerdan y conciertan con el desenfreno, la corrupción, la perversidad y la inmoralidad, que desgasta y desmenuza la dignidad de todos los seres humanos. Siempre que los males se adhieren al bien dejan unas secuelas e injustos resultados en donde predomina esencialmente la crueldad en nuestro acostumbrado vivir.

El país no puede seguir viviendo todos los días de repetidas proclamas y pregones que anuncian la búsqueda de la verdad, el pueblo colombiano no puede aceptar de ninguna manera, el pretender encontrar una verdad judicial, de lo que todos sabemos que es mentira; ni mucho menos, el pretender acoger, ni amparar judicialmente los graves errores y las enormes faltas, como un buen y único camino para encontrar la verdad, verdadera de todo lo sucedido en Colombia en los últimos años. Todos sabemos que las reiterativas propagandas de la mentira, que se realizan con grandes divulgaciones y anunciaciones, se originan muy seguramente de las personas que evidentemente aparentan y fingen tener un sorprendente prestigio de carácter eminentemente pacifico, pero en el fondo son falsos o aparentes personajes.

Infortunadamente en estos tiempos en nuestro país, una verdad a medias o incompleta se convierte en un veneno muy activo, eficaz y mortal. En la mentira de los falsos o aparentes personajes que hoy están a la vista de todos la verdad siempre ha promovido la violencia, la intimidación, el terror y forjando arraigados sufrimientos  y múltiples desconsuelos que suscitan el oprobio, la ignominia, la degradación, el vilipendio; lamentablemente la verdad en nuestros actuales tiempos es muy combatida por todas partes, porque, a la verdad se le hace la ofensiva por cualquier frente.

Es totalmente necesario en estos tiempos el saber renunciar a las mentiras y abrazarnos a la verdad, por el bien de uno mismo y de todos, porque vivir en la mentira, es sinónimo de ruina, de fracaso, calamidad que cada vez te encierra más y más en la miseria, en la desgracia y en el infortunio. Basta con mirar cómo está Colombia ante el mundo para darse cuenta que vivimos sumidos en la cultura de la mentira. Para que brille la luz esplendorosa en nuestra vida, hay que rodearse de la verdad, abrazar la verdad sin complejos, ni duda alguna, porque muchos tenemos la capacidad suficiente para saber dónde se ha originado todo, y más aún, donde está la mentira que tanto daño nos viene haciendo.

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