La demagogia que no quiere educación

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Escrito por:

Andrés Londoño Botero

Andrés Londoño Botero

Columna: Bitácora del primer y cuarto cuadrante

e-mail: a.londono134@uniandes.edu.co

Las 10.000 becas que entregó el gobierno a excelentes estudiantes de bajos estratos es el primer paso para mejorar la calidad de la educación en el país. La primera impresión que deja el programa es la buena imagen que tienen las instituciones de educación superior privada, pues la mayoría de los beneficiarios optaron por este tipo de establecimientos.

Digo que es el primer paso porque abre la puerta a un nuevo modelo de educación, que financie la demanda en vez de la oferta, en el cual las universidades compitan para atraer a más beneficiarios. Al dar el dinero a los consumidores, la posibilidad de elección de éstos incrementa, ya que el dinero deja de ser una barrera, por lo que los individuos se pueden basar solamente en la calidad.

El costo de educar a un estudiante en la Universidad de los Andes no dista mucho del de la Universidad Nacional, y esto ocurre al comparar los valores de las otras universidades, públicas y privadas, de similar nivel. En general, el presupuesto no se afecta mucho si un beneficiario elige una universidad pública o una privada.

Este nuevo modelo permite que los menos favorecidos accedan a educación de calidad, sin pagar, con el mismo, o incluso menor, presupuesto que ya tienen las universidades públicas.

Es curioso ver a quienes se ufanan de ser los defensores de la educación oponerse a esta iniciativa. La MANE y afines pretenden obligar a los estudiantes a entrar a instituciones politizadas, con problemas administrativos e interrupciones continuas del semestre académico.

Además, argumentan, como Rodolfo Arango, que el ser pobre hace que una persona deserte, y por ende no se le puede dar la oportunidad de educarse en una institución de élite, ya que los estudiantes deberán pagar un crédito si deciden retirases de sus estudios ¿acaso el ser pobre lo convierte a uno en incapaz? Estos "defensores de la democracia" se oponen a que la gente tenga la posibilidad de elegir lo que consideran que es mejor para ellos.

Sánchez y Márquez (2013) demuestran que la deserción en el país está relacionada con los resultados de las pruebas Saber 11. Los estudiantes con mejores puntajes, como los beneficiarios de las becas, tienen menos probabilidad de desertar. Incluso, la tasa de deserción en la Universidad de los Andes de las personas beneficiarias de auxilios económicos (11%) es significativamente menor que la tasa total de la universidad (25%).

Otro argumento en contra del programa es el de la trasnochada lucha de clases. Según algunos adeptos de la izquierda, los estudiantes adinerados van a segregar a los becarios.

Este argumento no tiene ni pies ni cabeza. En muchas universidades privadas hay un importante número de estudiantes pertenecientes a los estratos 1, 2 y 3, incluyendo a los Andes. El único matoneo al que se enfrentan los beneficiarios proviene de grupos políticos, quienes quieren universidades politizadas, manejadas por sindicatos, con un componente doctrinario mayor al académico, como el usado por Hitler en la Alemania Nazi.

La verdadera desigualdad es producida por la brecha de habilidades. Permitir que estudiantes de bajos recursos entren a educación de élite, contribuye más a cerrar brechas sociales que ordeñar el aparato productivo a punta de impuestos. El Gobierno debería pensar en ampliar este tipo de programas y concentrar los subsidios en la demanda, así las universidades (oferta) tendrán que esforzarse por atraer a los estudiantes, lo que contribuye a que el nivel de la educación mejore gracias a la competencia.

Pero como la educación es un ciclo, y antes de la universidad está el colegio y el jardín, se deben crear incentivos similares para que el nivel de la educación sea bueno desde el principio. Una manera de hacer esto es a través de los colegios en concesión, que en Bogotá han demostrado mejorar la educación pública. Estos modelos hay que ampliarlos y asegurar su sostenibilidad en el tiempo. Ya que, por la demagogia que se opone a la educación de calidad, están en riesgo de desaparecer.

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