Tesla y Baransky, científicos "borrados"

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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com

Desde cuando el ser humano descubrió el fuego -según unos investigadores de la Universidad Hebrea de Jerusalén, el Hommo Erectus lo dominaba hace 790 000 años- la historia de la humanidad sería otra. El homínido pudo entonces cocinar, protegerse del frío y fabricar armas, lo que le permitía migrar en busca de mejores tierras, defenderse de animales y enemigos, cultivar la tierra y tener animales de cría. Literalmente, el inicio de la civilización.

En la mitología griega, el Titán Prometeo conoce el fuego de los dioses, lo roba y lo entrega a los humanos. Dice el Protágoras de Platón que se llevó también las artes de Héfeso y Atenea. Por ello, es considerado protector de la civilización humana, tanto que en Atenas había un altar en su nombre y se realizaba una carrera de antorchas en su honor, una especie de olimpiadas.

Zeus, habiéndose vengado de la humanidad al liberarlas desgracias de la caja de Pandora (plagas, dolor, pobreza, crimen, etcétera) lo castigó, encadenándole a una roca para que un águila devorase diariamente su hígado que crecía al mismo ritmo, pues era inmortal. Heracles lo libra de ese castigo matando al águila.

La lucha de la humanidad por el control del fuego y cualquier forma de energía comienza, pues, desde los albores de su existencia. Desde la revolución industrial hasta la era atómica, el poder político y económico que genera el control la energía ha sido causante de guerras reales o inventadas, de invasiones y desastres sociales. No es casualidad que el Medio Oriente esté hoy incendiado.

Sucesivos eventos que desmantelaron el Imperio Otomano condujeron al dominio territorial inglés y francés, provocado por el Tratado de Sèvres (1920) y el acuerdo secreto Sukes-Picot (1916) para dividirse el Medio Oriente y controlar el petróleo, que llevó luego a la Declaración de Balfour (1917) para erigir la nación judía en Palestina.

Mientras tanto, la búsqueda de energías alternativas al combustible fósil condujo a investigaciones científicas de alto vuelo. Nikola Tesla fue uno de esos genios que parió la humanidad: el serbio de nacimiento y estadounidense por adopción fue inventor, ingeniero mecánico, ingeniero electricista y físico, y el promotor más importante del nacimiento de la electricidad comercial.

Pudo demostrar la comunicación inalámbrica mediante ondas de radio, realizó grandes descubrimientos e invenciones que, luego de la "guerra de las corrientes", llevaron a la distribución de grandes cantidades de energía por medio de la corriente alterna, origen de la "Segunda Revolución Industrial".

Estaba tan avanzado a su época que lo declararon "científico loco", le relegaron al ostracismo y casi se pierde en el oscurantismo su producción científica. ¿Hubo intereses ocultos? Porque al final, el reconocimiento fue poco y los méritos recayeron inclusive en rivales que controvertían sus tesis.

Leo Baranski, otro genio de la energía, intentó crear un dispositivo de microondas enfocado sobre el ATP (sustancia fundamental en la obtención de energía celular) buscando liberar la energía delos organismos vivos cuerpo mediante las frecuencias de resonancia.

Decía que, según el enfoque, se podía duplicar la vida de los animales o matar a millones de personas (¿antecedente de las futuras armas biológicas?). Del mismo modo, ese suministro de energía podía competir con la incipiente energía nuclear.

Afirmaba Baransky que la energía de las microondas se transmitía a largas distancias, incluso hasta la luna. Trabajó al lado de personajes como Albert Einstein y Lancelot Law Whyte en la Teoría del Campo Unificado. Extrañamente, sus prometedores trabajos, teorías y desarrollos desaparecieron del mundo científico como por arte de magia, como si jamás hubiesen existido, probablementeporque la gente podría disponer de energía "libre", algo que les puso los pelos de punta a algunos personajes de esa época.

Es por lo menos curiosa su prematura muerte en horas, 1971, luego de un diagnóstico de "leucemia aguda". Lancelot muere al año siguiente. Sus teorías hoy son consideradas "cosas de locos o de excéntricos". Sin embargo, todo indica que los avances de ese "chiflado" son utilizados hoy en el campo militar para el desarrollo de nuevas armas basadas en energía. Las balas serán cosa del pasado, como lo expuse hace poco más de dos años en mi columna: "Las nuevas guerras, otras armas".

http://www.elinformador.com.co/index.php/opinion/columnas-de-opinion/39784-las-nuevas-guerras-otras-armas

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