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Columnas de Opinión
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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com

No había ceñido aún su corona de Miss Universo cuando empezaron las críticas a Paulina Vega y a todo lo que significa, como si a algunos, muy pocos, les dolieran los éxitos de los colombianos. Andrea Echeverry, la voz de Aterciopelados, fue escondite de anónimos amargados para hablar de cosificación de la mujer, sexismo, pobreza, inutilidad y banalidad del concurso, etc, como si el dinero de la participación saliera de su bolsillo o del erario. ¿Por qué sufren?

Como diría un personaje popular: ¿es malo, Chichi? Ganar es mejor que perder, al estilo pambeliano. Es mejor tener a una Miss Universo a llegar siempre hasta el segundo lugar, faltando el centavito para el peso. También toca mostrar la cara amable de Colombia, y no concentrarse solamente a difundir de manera obsesiva las noticias dañinas magnificadas por el negativismo, que además suceden en todo el orbe.

No hay que esconder la realidad, pero corresponde equilibrar la balanza. Colombia no es solamente guerra, narcotráfico, pobreza mendicante, exclusión social o concentración de riquezas que afectan el mínimo de decencia social; también hay gente destacada que a diario nos recuerda nuestra cara excelente: lugares únicos y espectaculares, cultura variada, deportistas triunfadores, científicos ingeniosos, artistas arrolladores, emprendedores y ciudadanos decentes que a diario construyen nación, esa que alcanzamos a vivir no hace muchas calendas signada por el respeto, la urbanidad, el triunfo honesto, la honradez, el espíritu de superación. Claro que siempre ha habido gente que desvía el camino, pero jamás con la exultación de estos tiempos; anteriormente había sanción social.

Recuerdo que, muy recién llegado a Bogotá para iniciar mis estudios universitarios, existía la polémica por la construcción de la avenida circunvalar, con argumentos endebles y poco razonables por parte de los negativistas: ¿qué sería hoy del tráfico bogotano sin esa importante vía? Con tesis sacadas de épocas anteriores, cuando se propuso la construcción de la calle 26 y el aeropuerto El Dorado, sacaron a relucir todo el arsenal negativista posible denominándolas "obras faraónicas imposibles de usar a plenitud".

Gracias que los mandatarios tuvieron los calzones bien amarrados frente a la crítica negativista, la capital no se quedó en la categoría de pueblo grande. Y así sucede por toda la geografía nacional. Es que el negativista no piensa en futuro ni concede beneficios a la planeación. Se concentra en los males, muchas veces imaginarios.

En las redes sociales el"negativismo.com" hace de las suyas. Miremos el proceso de paz de La Habana; más allá de los intereses políticos de algunos, una oleada de negativismo digital ha pretendido detener las negociaciones con memes y opiniones descabelladas, muchas de mala leche. El negativismo, más que el escepticismo o el eventual rédito político, considera necesario acabar con las difíciles conversaciones, pero a cambio no aporta nada positivo o constructivo. Suele suceder con ellos.
La crítica es necesaria, claro está; la revisión de los aspectos negativos, una obligación; pero hay una gran distancia entre la broma elegante -la caribeña mamadera de gallo- y el afán destructivo del negativista.

Una cosa es, por ejemplo, alertar acerca de eventuales riesgos y otra muy diferente es atajar cualquier proyecto, éxito o avance con actitudes obstaculizantes. Obviamente que estamos en un país supuestamente emancipado donde teóricamente existe libertad de expresión, y cada quien tiene el derecho a pronunciarse como quiera, idealmente con respeto por los demás; eso lo defendemos a ultranza, pero entendiendo siempre que el respeto debe ser la contracara. Repito, mi derecho a la libre expresión y a quejarme por todo me obliga al respeto por los demás. La unanimidad conceptual no es una exigencia dialéctica, y los gustos varían tanto como personas existen, afortunadamente. Pero el paralizante negativismo contrasta con el progresista optimismo.

Es gracioso cuando esos burlones sistemáticos son confrontados y tratados con sus mismos métodos: en octubre del pasado año, el abogado y periodista argentino confrontó a Ingrid Beck, editora de la revista satírica "Barcelona", a raíz de una caricatura grotesca del papa Francisco; Edudes compuso a la señora usando exactamente sus mismos métodos: esa pieza es un claro ejemplo de dialéctica periodística. Aparece en Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=s8I1g2cbbI0. Vale la pena mirar el resumen editado para entender cuáles son los límites de la libertad de expresión.

No había ceñido aún su corona de Miss Universo cuando empezaron las críticas a Paulina Vega y a todo lo que significa, como si a algunos, muy pocos, les dolieran los éxitos de los colombianos. Andrea Echeverry, la voz de Aterciopelados, fue escondite de anónimos amargados para hablar de cosificación de la mujer, sexismo, pobreza, inutilidad y banalidad del concurso, etc, como si el dinero de la participación saliera de su bolsillo o del erario. ¿Por qué sufren?

Como diría un personaje popular: ¿es malo, Chichi? Ganar es mejor que perder, al estilo pambeliano. Es mejor tener a una Miss Universo a llegar siempre hasta el segundo lugar, faltando el centavito para el peso. También toca mostrar la cara amable de Colombia, y no concentrarse solamente a difundir de manera obsesiva las noticias dañinas magnificadas por el negativismo, que además suceden en todo el orbe.

No hay que esconder la realidad, pero corresponde equilibrar la balanza. Colombia no es solamente guerra, narcotráfico, pobreza mendicante, exclusión social o concentración de riquezas que afectan el mínimo de decencia social; también hay gente destacada que a diario nos recuerda nuestra cara excelente: lugares únicos y espectaculares, cultura variada, deportistas triunfadores, científicos ingeniosos, artistas arrolladores, emprendedores y ciudadanos decentes que a diario construyen nación, esa que alcanzamos a vivir no hace muchas calendas signada por el respeto, la urbanidad, el triunfo honesto, la honradez, el espíritu de superación. Claro que siempre ha habido gente que desvía el camino, pero jamás con la exultación de estos tiempos; anteriormente había sanción social.

Recuerdo que, muy recién llegado a Bogotá para iniciar mis estudios universitarios, existía la polémica por la construcción de la avenida circunvalar, con argumentos endebles y poco razonables por parte de los negativistas: ¿qué sería hoy del tráfico bogotano sin esa importante vía? Con tesis sacadas de épocas anteriores, cuando se propuso la construcción de la calle 26 y el aeropuerto El Dorado, sacaron a relucir todo el arsenal negativista posible denominándolas "obras faraónicas imposibles de usar a plenitud".

Gracias que los mandatarios tuvieron los calzones bien amarrados frente a la crítica negativista, la capital no se quedó en la categoría de pueblo grande. Y así sucede por toda la geografía nacional. Es que el negativista no piensa en futuro ni concede beneficios a la planeación. Se concentra en los males, muchas veces imaginarios.

En las redes sociales el"negativismo.com" hace de las suyas. Miremos el proceso de paz de La Habana; más allá de los intereses políticos de algunos, una oleada de negativismo digital ha pretendido detener las negociaciones con memes y opiniones descabelladas, muchas de mala leche. El negativismo, más que el escepticismo o el eventual rédito político, considera necesario acabar con las difíciles conversaciones, pero a cambio no aporta nada positivo o constructivo. Suele suceder con ellos.
La crítica es necesaria, claro está; la revisión de los aspectos negativos, una obligación; pero hay una gran distancia entre la broma elegante -la caribeña mamadera de gallo- y el afán destructivo del negativista.

Una cosa es, por ejemplo, alertar acerca de eventuales riesgos y otra muy diferente es atajar cualquier proyecto, éxito o avance con actitudes obstaculizantes. Obviamente que estamos en un país supuestamente emancipado donde teóricamente existe libertad de expresión, y cada quien tiene el derecho a pronunciarse como quiera, idealmente con respeto por los demás; eso lo defendemos a ultranza, pero entendiendo siempre que el respeto debe ser la contracara. Repito, mi derecho a la libre expresión y a quejarme por todo me obliga al respeto por los demás. La unanimidad conceptual no es una exigencia dialéctica, y los gustos varían tanto como personas existen, afortunadamente. Pero el paralizante negativismo contrasta con el progresista optimismo.

Es gracioso cuando esos burlones sistemáticos son confrontados y tratados con sus mismos métodos: en octubre del pasado año, el abogado y periodista argentino confrontó a Ingrid Beck, editora de la revista satírica "Barcelona", a raíz de una caricatura grotesca del papa Francisco; Edudes compuso a la señora usando exactamente sus mismos métodos: esa pieza es un claro ejemplo de dialéctica periodística. Aparece en Youtube:

. Vale la pena mirar el resumen editado para entender cuáles son los límites de la libertad de expresión.

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