Cambio climático y fragilidad climática

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Escrito por:

Jean Jiménez Fuentes

Jean Jiménez Fuentes

Columna: Opinión

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Cimentada en un escenario marcado por múltiples expectativas, que estuvo a su vez antecedido por el anuncio de Estados Unidos y China para establecer metas de reducción de GEI al 2025- 2030,- por demás insuficientes- , el alcance inquietante del Quinto informe del Panel Intergubernamental - que alertó sobre consecuencias irreversibles en perspectiva de aumentos de temperatura por encima de 2 C - y la necesidad de ir sentando las bases para un protocolo vinculante en materia de emisiones que se firmaría en Paris en 2015 y que entraría a regir desde el 2020,

La Conferencia de las Partes, Sobre el Convenio Marco de la Naciones Unidas Para el Cambio Climático (COP20), que sesionó en Diciembre de 2014 en Lima, solo se erigió como una instancia que reafirmó el fracaso de la humanidad para contener los efectos devastadores del Cambio Climático y su consecuencias en los patrones que hacen posible la propia existencia.

Dinamizada en tres ejes, las negociaciones, se centraron, en definir las promesas de reducción de emisiones al 2020, estructurar un mecanismo de reporte de las contribuciones nacionales y avanzar hacia un acuerdo vinculante.

En el primer eje, relacionado con las contribuciones, Las negociaciones solo alcanzaron a plantear una meta de reducción que cuantificó 56 Giga Toneladas De Bióxido de Carbono a Escala Mundial, lo que contraria la evidencia científica que indica la urgencia de una reducción de 44 Giga Toneladas para fijar una trayectoria que permita mantener el aumento en los 2 C.

Es decir, que el estado actual, evidencia un sobre aumento de 12 Giga Toneladas Anuales sin posibilidad de reducir, lo que traerá desajustes inquietantes.

El segundo eje, definió las contribuciones con una naturaleza flexible, universal e individualizada por estados, definiéndose plazos de presentación desde el primer cuatrimestre de 2015 hasta Octubre, días antes de la COP 21, lo que tendrá una incidencia innegable en este escenario, lamentablemente, negativa.

El tercer eje, relacionado con la dinámica de avance hacia los elementos que permitieran estructurar, las bases para darle vida a un acuerdo vinculante en materia de emisiones, hubo retrocesos evidentes, generándose deficiencias que enturbiaron los aspectos legales que deberían marcar dicho acuerdo, lo que refleja un vacío, que debilita los instrumentos para revestir de garantías el carácter que requiere la esencia del mismo, lo que implica que en París, en las condiciones actuales, todo lo que se construya, será de menor alcance al protocolo de Kyoto, esto si se mantienen las condiciones actuales.
Así también, aspectos como el financiamiento y la adaptación, fueron lesionados por el afianzamiento de los mecanismos de mercados de carbono, la voluntariedad de los aportes y el abordaje subsidiario.

Puede sin embargo destacarse, la importancia que adquirieron los Planes Nacionales de Adaptación al Cambio Climático, -ligados al esquema de las contribuciones nacionales-, Las estrategias para diagnosticar deforestación y estimular una política de reforestación, la estimulación de las dinámicas de participación de agentes no estatales entre las que cuentan las ciudades, la dimensión de género como elemento esencial, la capitalización del fondo verde, el lanzamiento del portal nazca y el día de la acción climática y la declaración conjunta de las Secretarías de Perú y Francia, articulada a la Secretaría de la ONU y la Secretaría de la Convención, días después de la Cop 20.

No obstante es claro, que el camino hacia París, se marcó por el influjo de enormes dificultades, que obligarán a potencializar mecanismos de articulación efectiva, y a generar escenarios que permitan ganar en capacidad técnica, presupuestal y política, motivando un plan de acción que destaque el papel fundamental que jugará la Sociedad Civil de América Latina en este proceso, fortaleciendo la agenda ciudadana en perspectiva de revisar mecanismos que trasciendan las negociaciones y estimular un proceso de consultas públicas subregionales, que tendrán en Diciembre una prueba histórica de proporciones inmensas para el futuro de la humanidad.

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