Todo lo puedo en Cristo que me fortalece

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Escrito por:

Alberto Linero Gómez

Alberto Linero Gómez

Columna: Orando y viviendo

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Muchas veces me he preguntado por qué la gente no resuelve sus problemas, por qué sigue nadando en los mismos mares, atascados en las mismas olas, sin llegar a la orilla nunca, sin conseguir sosiego, sin detenerse a tomar aire y descubrir que se está ahogando en un charco.

Muchas noches en las que me siento a escribir el oracional, el Man Está Vivo, le pido a Dios que me dé luces para ayudar a su pueblo a superar sus problemas. Y me encuentro con las mismas sensaciones, me rondan las mismas inquietudes de otros, porque muchísimos me escriben y me preguntan, me piden consejos, oración, palabras de consuelo o de ánimo. Pero observo que seguimos cayendo en los mismos errores, que no parece que superemos las mismas dificultades.

Y entonces cuando me siento a escribir, algunas veces escribo sobre lo mismo; y mi editora me dice que los días son repetidos; pero es que la vida de mis hermanos, repite las preguntas una y otra vez. Y cuando pienso en por qué pasa eso, llego a la conclusión de que nos falta Dios.

Que es terriblemente cierto que nos hemos alejado de Él y no encontramos fácilmente un camino hacia su corazón. Por eso tantos vacíos, tantos errores repetidos, tanto desconsuelo y tantas heridas sin cerrarse. Porque no hemos encontrado esa mano salvadora que nos llene de amor verdadero.

Y sí, claro que sabemos que Dios nos salva, y claro que vamos a Misa, y claro que rezamos.
Sin embargo, nos falta dejar que Dios actúe en nosotros. Nos falta dejar que nos llene y nos haga rebosar de la alegría que sólo Él puede darnos.

Parece que insistiéramos en caminar lejos de su amor, que nos diera miedo alcanzar la felicidad. Y nos inventamos entonces mil excusas para alejarnos, para no descubrir ese amor sin límites que nos tiene.

Cómo va a alejarnos de Dios el pecado, si Cristo murió para salvarnos del pecado; cómo va a detenernos de recibir la misericordia el odio, si Él venció el mal en la cruz, cómo podemos hacer que Dios nos mire con ganas de castigarnos, si sólo desea amarnos.

Hoy te invito a tener una experiencia de Dios, a dejarte encontrar por Él, a vivir en presencia de su amor y de su misericordia, a dejarlo actuar en tu corazón y a ver como su poder te impulsa a vencer las dificultades. No puedes seguir aferrado a los mismos problemas tienes que liberarte de ellos y poner todo lo que eres en la manos de Dios.
Te invito a comprender que sí tienes fe lo puedes lograr todo, que con la fuerza de Jesús eres capaz de vencer todas esas situaciones que te hacen sufrir.

No te quedes apegado a esas situaciones difíciles, deja que el poder de Dios te libere pero para ello tienes que tener una experiencia con él, un encuentro que te transforme.

Tienes que amarlo, que vibrar por él y hacerlo tu compañero de camino. No puede seguir con una relación fría, calculada, interesada que no te transforma y que a veces parece sobrarte.

Hoy es el momento para abrir el corazón y tener una experiencia con Dios, que te haga feliz y que te dé una nueva posibilidad de comprender la vida. No puedes seguir sufriendo por lo que El ya venció en la cruz.

Repite conmigo: Señor, te amo. Sé que no soy digno, que tengo mucho pecado en mi vida, que te fallo, que voy en contravía de lo que me pides, que no soy capaz de renunciar a tantas cosas que me hacen mal, que no puedo seguir tus pasos, que soy cobarde para enfrentar mi vida, que soy soberbio para aceptar mis propias equivocaciones e implacable para las de los demás, sé todo eso, pero también sé que eres amor puro, que no hay en tu corazón un ápice de rencor conmigo, al contrario, cada vez que me alejo, que me pierdo, te interesas más por mí, por llenarme de tus dones, por hacer llover sobre mí tu Gracia y tu perdón inagotable.

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