Estocada mortal a la etnia guajira

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Escrito por:

José Vanegas Mejía

José Vanegas Mejía

Columna: Acotaciones de los Viernes

e-mail: jose.vanegasmejia@yahoo.es

"¡Increíble! Las mochilas Wayuu son más económicas en Medellín que en la Guajira".

Este titular destacado en la prensa nacional debería quitarle el sueño a las autoridades colombianas, especialmente a quienes se dicen defensores del patrimonio cultural de la Nación y protectores de las comunidades ancestrales de nuestro país. Sin embargo, la información se lanza al aire como un verdadero triunfo de nuestra industria, que se pone a la par de las más avanzadas del mundo.

Agrega la noticia: "La Fundación adquirió una máquina en China, que fabrica por lo menos unas 500 mochilas en un día, con los mismos diseños y colores de las que hacen las wayuu en el departamento".

No es necesario realizar un estudio profundo sobre esta situación para comprender que la etnia wayuu ha recibido una estocada mortal.

Su modo de vida y su permanencia digna en medio de un ambiente que siempre les ha sido adverso, reciben ahora la puñalada que tal vez esperaban desde hace tiempo.

Lo más doloroso para ellos debe ser el hecho de sentirse traicionados por una de sus mujeres, quien se encargó con entusiasmo de enseñar las técnicas y secretos del arte de tejer a personas que, no hay duda, se enriquecerán con la comercialización de una actividad que para los wayuu ha sido solo un medio de subsistencia.

La información continúa: "La presidente de la Fundación Roca Rompiendo Cadenas, Alexandra López Mejía, indicó que están en capacidad de producir en Medellín las mochilas que se necesiten".

Además, pueden "tejer las mochilas, chinchorros y todas las artesanías con la originalidad propia de la cultura wayuu". Como quien dice: no vayan a la Guajira. ¿Para qué, si aquí consiguen todo? Y más económico, como lo afirma la noticia. Si eso no es un atentado al patrimonio nacional…

A manera de chiste cruel se cuenta por ahí que cuando Álvaro Uribe era Presidente fue informado de la muerte de muchos indígenas wayuu por desnutrición. Muy preocupado, ordenó conformar una comisión de urgencia para averiguar "las causas de la 'inapetencia' de esos indiecitos".

Al paso que van las cosas, dentro de pocos años tendremos que preguntarnos de nuevo, y no como chiste, por qué se mueren los indios guajiros en medio de sus desmantelados telares.

Tres preguntas inquietantes son: ¿Qué provecho sacan las mujeres wayuu de esta tecnificación en materia textil lograda por la Fundación Rompiendo Cadenas? ¿Tiene el Gobierno algún plan B para detener la pauperización de esta etnia milenaria? ¿No será que las primeras cadenas rotas por la llamada Fundación son los lazos que cultural y antropológicamente nos unen con nuestros 'hermanos mayores'?

Ya no recordamos las débiles protestas que surgieron cuando se dio a conocer que el 'sombrero vueltiao' se estaba produciendo en la China y había llegado a nuestro país a precio escandalosamente bajo. Algo parecido espera a la artesanía guajira.

Preocupa en verdad la pasividad de las autoridades, instituciones cívicas y ciudadanía en general del departamento de la Guajira ante este hecho que atenta contra las raíces de su gente; de nuestra gente, tendremos que decir, porque, parodiando la frase más publicada en el mundo en este mes: ¡Wayuu somos todos!

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