Nostra barbaridad

Columnas de Opinión
Tamaño Letra
  • Font Size

Escrito por:

Alvaro Padilla Racines

Alvaro Padilla Racines

Columna: Opinión

e-mail: [email protected]

Twitter: @varitocharpure

Resulta deprimente que vía redes sociales muchas personas demuestran hipócrita indignación ante el descuartizamiento de un caballo, de un toro, ¿y pronto hasta de una gallina?, en medio del ambiente festín de unas corralejas. Sea en Buenavista o en Turbaco, la cultura festiva que se reúne en las acostumbradas corralejas merece ser conservada más allá de que salga uno que otro "animalista" a defender derechos de seres vivos que no cuentan con estos.
Pero la idea no es avalar sacrificios animales que producto del alcohol y el morbo logra convertirse en verdaderos baños de sangre. Creo importante resaltar que solo la condición humana es aquella que se hace con derechos y obligaciones ante la ley, cosa que los muchos activistas no han comprendido, pues en un país leguleyo las leyes poco o nada cambian la realidad cultural de nuestras gentes: Entonces, ¿Para que una ley protectora de animales?
Los casos de abuso hacia estas criaturas vivas no han sido pocos. Hace no menos de un año circula un vídeo en la web de soldados en Arauca asesinando a tiro de fusil un perro que merodeaba la zona en que ellos se encontraban. No debo mencionar que en igual medida causó la misma indignación que los más recientes vídeos donde un toro y un caballo son maltratados hasta el punto de ser sacrificados por una multitud que ve esta práctica común a su cultura.
He aquí donde debemos centrar el debate, ¿será que no es extraño culturalmente las corralejas de la muerte? ¿No es acaso claro que la tradición festiva de muchos pueblos se ciñe al sacrificio animal? ¿Resulta más fácil penalizar esta práctica, que generar conciencia sobre el cambio cultural del maltrato animal en estos escenarios de fiesta?
Ya está más que claro que los extremos son negativos y crean limites pocos necesarios, por ello debemos considerar inaceptable que se busque penalizar esta práctica cultural de vieja data tal cual lo anunció la Fiscalía. ¿Ustedes se imaginan un 20 de enero sin corralejas en Sincelejo? No podemos cometer la barbaridad de que por vanidades ideológicas de activistas protectores de animales afectemos la tradición festiva de muchos pueblos que esperan la fecha en el calendario para disfrutar de bonitas verbenas.
Si en las corralejas se cometieran verdaderas masacres animales, donde docenas enteras de estos fueran asesinados sin más ni más, créanme que es justo hacer un reproche social donde condenemos la práctica festiva que en ella se aglomera, pero como no es el caso, no podemos llegar a la barbaridad nuestra de penalizar sin antes promover un cambio cultural en el trato animal.
Al Estado le resulta más cómodo penalizar la práctica del sacrificio animal que impulsar políticas públicas proteccionistas. Sin embargo, si hay decidida presión de estos animalistas mas allá de inoperantes muestras de solidaridad en redes sociales, creo que se podría entender mejor la conveniencia de abandonar practicas tan deshonrosas en las corralejas a partir de cambios culturales que toman tiempo.
Los llamados "animalistas" deben encaminar acciones que vayan más allá de una sesión pública de agujas en el cuerpo tal como pasó en Cartagena. Me preocupa ver a cientos de estos en la ciudad haciendo juicios por redes sociales, pero ningún foro de opinión donde tratar el tema. Nostra barbaridad nos da para tan poco, que aún muchos perros callejeros son maltratados sin resguardo alguno.
Ñapita: Hermosas las fiestas de Ciénaga, demuestran que el jolgorio y la alegría caracterizan el paisaje más bonito del Caribe.