Para atrás como el cangrejo

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Escrito por:

Andrés Londoño Botero

Andrés Londoño Botero

Columna: Bitácora del primer y cuarto cuadrante

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Mientras que Colombia dice que quiere hacer parte del club de las buenas prácticas económicas (Ocde), en la práctica hacemos parte del grupo del club de políticas fallidas de nuestro vecindario. La tasa efectiva de impuestos en Colombia, según Price waterhouse Coopers (PwC), es la cuarta más alta de la región.

Por cada cien pesos que se gana un colombiano, el Estado le confisca 66 pesos; en la Ocde el pago promedio es de 41%. Nuestro país es superado por Argentina, Bolivia y Brasil, el quinto lugar fue ocupado por Venezuela.

¿A qué países estamos tratando de imitar realmente? ¿A los dominados por políticas que han llevado a profundas crisis económicas que han empobrecido a sus habitantes, como Venezuela y Argentina?

¿O a naciones que han optado por esquemas tributarios más sencillos con menos impuestos y que han traído crecimiento y empleos como Perú?

El entorno mundial tiende a ser más exigente para países emergentes como Colombia, debido a que los Estados desarrollados están volviendo a la normalidad y, por ende, las inversiones globales van a regresar a estos países, ya que para el mercado son más estables que naciones como Colombia.

Sin embargo, las decisiones que está tomando nuestro Estado están alejando a las inversiones. Las acciones bélicas en el territorio se han intensificado, lo que se traduce en daños a la infraestructura de privados, esto hace que las empresas piensen dos veces antes de invertir en ciertas zonas del país.

Además, el constante cambio en las reglas del juego en materia de impuestos genera incertidumbre sobre los ingresos futuros de las inversiones de largo plazo.

Hace dos años, en nuestro país, no se cobraba impuesto sobre la riqueza (dinero en cuentas bancarias, activos fijos como casas, oficinas, maquinaria etc.). Con la nueva reforma tributaria se pagará más por lo que se gana y por lo que se posee.

Muchas personas optaron por sacar su dinero del país para ahorrarse impuestos, y muchos inversionistas que iban a generar empleos ampliando o mejorando fábricas u otras cosas decidieron no invertir en Colombia. En vez, lo hicieron en países que fomentan más la inversión como Perú.

La estabilización de la economía de Estados Unidos y el dinero que algunos sacaron de Colombia provocó que el dólar aumentara de precio.

Si bien la revaluación beneficia a los exportadores, la balanza comercial de Colombia es negativa, esto quiere decir que importamos más de lo que exportamos. Además, nuestro principal bien de exportación es el petróleo, el cual genera daños ambientales y no crea muchos empleos.

Nuestro país compra más alimentos, en el extranjero, de los que vende. Si el dólar sube de precio, la comida que consumimos se encarece, perjudicando a los colombianos de menores ingresos.

Aunque el dólar caro y los tratados de libre comercio favorecen a nuestras empresas exportadoras, es el Estado colombiano y no los países con los que competimos, como lo dicen quienes engañan a la opinión, el que hace que nuestras empresas estén en desventaja con respecto a las de otras naciones.

Una empresa en Colombia paga 66 pesos en impuestos por cada 100 que se gana, una empresa promedio a nivel mundial paga 41 y una en nuestra región paga en promedio 55. Además, en Colombia el costo de exportar un contenedor es de los más altos del mundo.

Luego, una empresa nacional deberá sufragar más impuestos y más costos por transportar sus mercancías que una empresa en otra parte del mundo, lo que la pone en clara desventaja.

Lo extraño del asunto es que a pesar de haber vivido una bonanza petrolera, los ahorros de este periodo favorable no se ven; ahora el Gobierno debe reemplazar el dinero que sacaba de Ecopetrol. ¿En qué se habrán gastado esa plata?