Tutagua tuturumagua

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alvaro González Uribe

Alvaro González Uribe

Columna: El Taller de Aureliano

Web: http://eltallerdeaureliano.blogspot.com

Los diversos análisis sobre las causas de la actual catástrofe invernal nos abren la mente a varias costumbres nuestras. Al margen de la intensidad especial de un invierno, el debate sobre si se adoptaron o no las medidas preventivas para impedir sus consecuencias está al día y es una discusión que pasa por muchos campos: ¿Eran previsibles los desastres?

¿Había dinero para impedirlos? Motivados por una posible tragedia, ¿habrían sido bien calificados los gobiernos que hace 20, 10 ó 5 años, hubieran invertido recursos en reforzar los puntos críticos del Canal del Dique, en dragar ríos o que hubieran desalojado barrios enteros por estar asentados en lugares de riesgo?

Como mínimo, dichos gobiernos habrían tenido que dar muchas explicaciones, no sólo a los organismos de control, sino a los ciudadanos, que seguramente, y también con buenas razones, hubieran cuestionado esa prioridad enfrentada a la falta de hospitales, vías y escuelas, para sólo mencionar algunas de nuestras tantas urgencias.

Es lógico: los dragados de los ríos, los refuerzos de los diques y los desalojos por alto riesgo sólo se notan en los desastres, los cuales por fortuna no siempre ocurren, a veces de milagro. No me imagino a un gobernante mostrando en su balance o rendición de cuentas el profundo fondo de un río, el muro de contención sumergido de un canal, o a los furiosos habitantes de un barrio desalojados a la fuerza. Podrá hacerlo, pero con un impacto mínimo en favorabilidad pública, cuando no negativo por despilfarrador o cruel.

Y esto nos lleva a bucear más profundamente, por ejemplo, en nuestra democracia: observar las motivaciones que llevan a tomar decisiones a los dirigentes y también al votante para elegirlos. La favorabilidad de un gobernante la medimos más por las fachadas materiales y humanas, y no por la importancia de sus obras, y ello conlleva a que los ciudadanos votemos motivados por lo exterior, por el colorido, por el maquillaje si se quiere. En el primer caso se trata de unos políticos populistas e irresponsables, y en el segundo de ignorancia ciudadana. Ambos males graves, y, además, relacionados entre sí, pues el uno se alimenta del otro.

Hay algo peor: muchos gobernantes saben que ante tal situación, es más rentable políticamente acudir al auxilio durante los desastres regalando ayudas frente a las cámaras y al pueblo dolido, que planear y adoptar medidas serias con antelación. Y claro, como no son bobos sino vivos, optan por lo primero. Y los reelegimos…

¿Aprenderemos la lección en este invierno que hoy nos sumerge? Lo dudo, pero tenemos que generar y difundir análisis como este, iniciar la costumbre de meditar más nuestro voto, y que la clase política se vaya entonces dando por avisada: tendrá que cambiar si quiere el favor popular. Porque, además, sin duda este fuerte invierno llegó para quedarse, puede que no siempre con la misma intensidad, pero vendrá anualmente producto del calentamiento global o de lo que sea. Es parte de la historia del planeta.

Por tanto, lo que sigue es aceptarlo, aprender a convivir con él, encausarlo, mitigar sus impactos, y, por qué no, aprovecharlo. No es la primera vez que la humanidad enfrenta cambios semejantes, y como tampoco es época de arcas de Noé, los gobernantes tendrán que meter en sus agendas inviernos intensos y para eso los vamos a elegir. Ya no serán desastres imprevistos, son parte de la vida y lo tendrán que ser de sus programas de gobierno, de sus discursos y de los planes de desarrollo.

Escotilla: En fin. De todas maneras pacientes lectores, ¡feliz Navidad, feliz Navidad, prospero año y aguas no más! ¡Tutagua tuturumagua, tutagua tuturumagua, los pastores de Belén, navegan a adorar al niño, la Virgen y San José, los esperan emparamados! ¡Campana sobre campana, y sobre campana llueve, asómate a la ventana, verás llueve que llueve! ¡El camino que lleva a Belén, baja hasta el valle que el agua cubrió! ¡En mi piragua sabanera, voy remando hacia Belén!

Ven a nuestras aguas, ven no tardes tanto… glu-glu-glu.

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