Promover la cultura de la legalidad

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Escrito por:

Jairo Franco Salas

Jairo Franco Salas

Columna: Opinión

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Este proceso implica adoptar mejores prácticas con base en experiencias que representen grandes beneficios en alineación con los objetivos que logren la innovación y resultados más rápidos y mejores; es el impulso a la recuperación que avanza con la construcción de hechos proactivos; es una aplicación enfocada al crecimiento rentable de la cultura de la civilidad, tras la finalidad de fortalecer la estructura de la legalidad en este país. Se hace indispensable una profunda reflexión orientada hacia una nueva mirada a la norma que regula el proceso habitual de la cotidianidad, que señale solidez en la tarea urgente de poner freno a la ilegalidad; en otras palabras es la adopción y reconocimiento social en torno al planteamiento de problemas y posibles soluciones desde diversas perspectivas. Cobra capital transcendencia en este enfoque la interacción de contenidos como la socialización de los problemas donde el activismo social propicie la adquisición de pruebas sustentadas con elementos probatorios articulados a responder diversos interrogantes, al igual que momentos caóticos que despiertan un debate entre la ceguera impuesta por el miedo heredado y la necesidad del compromiso; todo ello exige una estimulación temprana a la socialización. La legalización dentro de un rigor e insistencia gallarda y valiente registra una misión de respeto consignada en su rol como reconocimiento a la excelencia, donde la ética se constituye en un recurso prioritario e indispensable y antagónicamente rechaza las coyunturas de apoyo tiznadas de ilicitud, antes por el contrario la legalidad debe entenderse como la construcción de los cimientos normativos en los diferentes acuerdos dentro de un marco institucional apropiado y desarrollados en torno a ideas sensatas en acciones concretas. En este orden de ideas es válido promover una discusión más realista y abierta sobre el futuro que impulse la articulación, circulación y divulgación de argumentos de gran valía en torno a un escenario propicio, donde múltiples voces dialoguen sobre nuestras raíces para así reconocernos en el presente mediante un estilo directo, claro y objetivo. La legalidad identifica causas y responsables, presenta propuestas concretas y urgentes en historias que rebosen de humanidad, que restablezcan principios y reglamentos de conformación de las características sociales, donde debe prevalecer el fundamento constitucional que se ajuste al requerimiento de las conductas en los procedimientos. Este es un contexto oportuno que reafirma la competencia, referente necesaria y fundamento de la actuación de los poderes constituidos.
La legalidad compromete lineamientos competitivos en grados comprometidos con las causas; es un empeño por superar la estigmatización y el error, son componentes importantes en línea de acción, voluntad concreta que resalta el valor y el sacrificio; son consonancias acordes que permiten interpretar la dinámica actual de un itinerario que enlace mayor eficacia en la interpretación, diseño y ejecución de proyectos enmarcados en esfuerzos reales, equitativos y justos; todo bajo la armónica articulación de procesos que avalen un desarrollo beneficioso para todos. Lo legítimo produce un cambio radical en los seres humanos, principalmente en los que viven enfrascados en discusiones dudosas y planteamientos confusos que se desdicen y niegan. De tal manera que es de vital interés crear espacios que incorporen a la ciudadanía en la toma de decisiones loables y deseables integrados en una sociedad soportada por una franca solidaridad y mediante un diseño consensuado de las actividades del día a día.
Se debe tener en cuenta que la percepción a la legalidad es una intervención articulada al marco del cumplimiento y los objetivos trazados dentro de cualquier proceso de desarrollo organizacional de carácter político, social y económico. Para la legalidad es importante la estructura del apoyo familiar y su influencia en el comportamiento social: de tal palo tal astilla, no de tal corrupto otro igual.

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