Saber reír

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Escrito por:

Alberto Linero Gómez

Alberto Linero Gómez

Columna: Orando y viviendo

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El sentido del humor es patrimonio de las personas con buena salud mental. Necesitamos aprender a reírnos de la vida misma, a encontrar los motivos graciosos de nuestras actividades y disfrutarlos.

La amargura, el humor destructivo, el pesimismo son características de alguien que no se siente bien consigo mismo y que está teniendo dificultades muy serias en el desarrollo de su personalidad.

Necesitamos tener esa capacidad de percibir lo cómico y lo humorístico que tiene la cotidianidad para poder ser felices.

Tener un buen sentido del humor no significa burlarse de los demás y pisotear su dignidad sino que se trata de encontrar ese “sabor”, ese “picante” que tiene algunas situaciones de nuestra vida que nos permiten reír, gozar y ver de manera optimista lo que hacemos.

Quien tiene buen sentido del humor saber burlarse de si mismo, sabe reírse de esas situaciones graciosas que se dan en su vida. No tiene miedo de encontrar que muchas de las cosas que hace son risibles.

¿Cómo mejoramos nuestro sentido de humor?

1.Hay que ser consciente de que hay distintas clases de sentido de humor: una cosa es un chiste, otra es una ironía, una comedia, etc. Es muy importante que tú tengas claro cuál de esas clases del sentido del humor se adapta a tu personalidad.

No todos nos gusta reírnos de lo mismo. Está claro que el límite siempre es el respeto. Si consideramos que con nuestra broma estamos faltando el respeto a la otra persona lo mejor es no hacerla, y guardar silencio.

2. Disfruta las publicaciones cómicas, ya sea en la radio, en la televisión o en el cine. A mi personalmente me gusta mucho disfrutar del humor de Joselo o de Lucho Torres, que tiene ocurrencias muy Caribes que me hacen ver la realidad de mi región desde un ángulo gracioso.

3. Detente a mirar los hechos graciosos de tu vida. No tengas reparos en reírte de lo que te ha pasado que es risible.

A mi particularmente me gusta reírme de una experiencia que tuve algún día en San Andrés, estaba con mis hermanos menores de vacaciones y nos íbamos a pasear en un bote, ellos se subieron primero y cuando yo me iba a subir le pedí a ellos que me ayudarán, sirviéndome como apoyo, para poder subirme bien; pero claro soy más pesado que ellos y cuando jalé me los traje y me cayeron encima mojándonos completamente. No pude parar de reírme. Y cada vez que recuerdo la escena vuelvo a sonreír a carcajadas.

4. Aprende chistes o cuentos graciosos y trata de compartirlos con las personas con las que convives.

Es muy importante que sepas contar esas anécdotas graciosas de tu vida. A mi me gusta reunirme con amigos, buenos contadores de anécdotas, y recordar esos buenos momentos de la vida.

No se puede confundir un buen sentido del humor con irresponsabilidad ni seriedad con amargura.

Podemos reírnos a carcajadas y saber cumplir con responsabilidad los compromisos que hemos asumido.

Ser alguien que sabe encontrar motivos para disfrutar no implica que seamos gente leve, superficial y sin compromisos serios en la vida. Al contrario estoy seguro que quien sabe reír es de verdad bien responsable. Me gusta imaginar a Jesús riendo (Lucas 10,21)

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