El secuestro: Procedimiento indignante

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Escrito por:

Jairo Franco Salas

Jairo Franco Salas

Columna: Opinión

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Las Farc rompieron su promesa de no volver a secuestrar. El secuestro realizado por ese grupo insurgente a un General, un Cabo, dos Soldados Profesionales y una Abogada no dan muestra de su aseveración inicial de no repetirlo, violando así el Derecho Internacional Humanitario y a su compromiso. Estos secuestros enrarecen el proceso de cese al conflicto que se adelanta, disminuyen la confianza y credibilidad y ponen a pensar a los colombianos, además a lanzar preguntas y a opinar que al proceso se le debe incluir una serie de condiciones.
Secuestrar es apoderase de una persona para exigir rescate u otra exigencia. El secuestro constituye una violación a los Derechos Humanos que atenta contra la libertad, integridad y tranquilidad de las familias víctimas del delito. Es una violación a los artículos 1, 3, 5 y 9 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. El secuestro no solo afecta a la víctima sino a la familia en general que viven el proceso de una muerte suspendida, que es la angustia que caracteriza al secuestro y además produce un impacto emocional, traumático, lo que puede originar conflictos por los diversos grados en que cada uno siente la ausencia del familiar secuestrado. Durante la privación de la libertad el factor económico también puede generar desbarajustes y gran tensión ya que muchos de ellos son cabeza de familia; también se suma la pérdida del valioso derecho como es la libertad.
Ante el hecho único de esta guerra sin sentido existente hace más de 50 años, el secuestro de un Brigadier General por parte de la subversión, nunca se había dado; razón por la cual el presidente Santos ordenó la suspensión de los diálogos de paz en Cuba, hasta que las Farc entreguen a los secuestrados. Bajo esta perspectiva el deseo y clamor que surge de la opinión es que esta suspensión no sea muy larga y puedan replantearse nuevas y claras normas de parte y parte. Ya están en plataforma los países garantes en este proceso como son Noruega y Cuba los cuales han recibido la solicitud del gobierno para que medien en la liberación de los secuestrados.
No obstante a todo lo anterior y diga lo que se diga a favor o en contra es muy razonable y de mucha validez en criterios el interrogante: ¿Qué hacía el General Alzate Mora en zona de conflicto?, un punto geográfico demostrado hasta la saciedad como neurálgico en materia de orden público; por lo tanto esta pregunta tiene el sello de apoyo por parte de la comunidad internacional, como una reacción de solidaridad con profunda ansiedad, lo que demuestra a las claras que sigue existiendo una cortina de humo ante la no explicación detallada y concertada de lo acordado para la tan anunciada liberación. En el marco de este secretismo inquietante y por demás preocupante que convino el gobierno con las Farc para que se dé la pronta liberación surgen los siguientes interrogantes: ¿Quién gana y quién pierde de darse la liberación?, ¿Qué buscaba realmente las Farc con estas retenciones?, ¿Por qué no ha explicado el gobierno las causas del incidente referente al secuestro del General Alzate?; lo que sí se sabe es que se ha acordado una pronta liberación sin más razones y explicaciones; actitud esta que se asume como la expresión de un síntoma espontáneo y como un brote de improvisación que se propaga como epidemia y que ha recurrido a un proceso de interlocución de pleno derecho con demostración de empatía, afecto y solidaridad, pero el pueblo colombiano no sabe lo que se ha acordado. Todo es interpretado como un favorecimiento de perversas intensiones y de malévolas tendencias si se tienen en cuenta que los seres humanos no son objetos de mercadería. Sin embargo, es necesario articular, armonizar esfuerzos focalizados a trasladar a la esfera de responsabilidades las consecuencias de estas torpezas, lograr profundos cambios estructurales mediante la socialización y participación a través de una visión colectiva con base en estrategias e instrumentos de planificación que generen compromisos frente a la problemática registrada para así poder evaluar la posibilidad de avanzar e identificar las acciones mediante documentos que acrediten las verdaderas razones de este procedimiento. En esta historia de secuestros en que se ahoga el bochorno del día a día, debemos proceder con lineamientos que fundamenten los acuerdos, reinventarnos y adaptarnos a nuevos contextos de la realidad.

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