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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com

La noticia de la caída de los precios del petróleo sorprendió al gobierno nacional, especialmente a los ministros de Hacienda y al de Minas, que al parecer no contemplaban este escenario dentro de sus cuentas.
Se les había advertido con suficiente antelación, pero el gobierno ignoró las alarmas. Esto va a crear un hueco grande en las finanzas públicas que será difícil de llenar, y que llega en un mal momento debido a las partidas presupuestales necesarias para solventar los programas del gobierno que abarcan temas sensibles como infraestructura, vivienda gratis, educación, salud, educación, seguridad y posconflicto.
La solución planteada por el ministro de Hacienda de producir y vender más petróleo es improcedente. Para comenzar, el país aún no produce de forma sostenida el famoso millón de barriles, y segundo, todos los países productores de petróleo están pensando lo mismo, lo que llevaría a una sobreoferta que deprimiría aún más los precios. Es la tragedia de los commodities y por esto la dificultad de ser leales a los pactos o carteles para coordinar precios y oferta, como lo es la OPEP.
Por su parte el ministro de Minas se preguntaba si la caída de precios del petróleo seria permanente. Pues más le vale que comience a creerlo. Algunas razones de peso son la reducción de la dependencia de los Estados Unidos del petróleo foráneo, y convertirse en exportador. Pero no solo es que los Estados Unidos hayan pasado a satisfacer su demanda interna sino que también se han dado pasos importantes en la búsqueda y uso de fuentes energéticas alternativas. Por ejemplo, poco a poco el consumidor americano ha pasado a manejar vehículos híbridos o eléctricos o carros mucho más pequeños que consumen menos gasolina. Esto atado a atractivos programas de descuentos e incentivos para los compradores de este tipo de vehículos, que realmente incentivan la adopción de estas nuevas tecnologías. Otros ejemplos son el uso inteligente de la energía solar y la construcción de viviendas eficientes que consumen menos energía, dotadas a su vez de electrodomésticos eficientes. Nuevamente, todo esto incentivado con programas diseñados para tal propósito.
Otra razón de peso es la necesidad de evitar la catástrofe ambiental migrando a formas de energía menos contaminantes, y ni que decir de la necesidad que tenían los Estados Unidos y sus socios de minar a las economías enemigas que habían utilizado, y algún lo siguen haciendo, el petróleo como arma económica. Es un tema geopolítico, vital para los intereses de las naciones occidentales desarrolladas. Por esto el tema de la permanencia de los precios bajos no debe ponerse en duda. El petróleo y el carbón como fuentes energéticas han entrado en su fase de obsolescencia. La industrialización de los países en vías de desarrollo no puede sustentarse en el uso de energía fósiles, a menos que la humanidad quiera perecer.
El enfriamiento del mercado de los commodities en general coloca a toda América Latina en una situación difícil, en donde incluso se habla de retrocesos en los logros sociales logrados en la década pasada. Mala noticia.
Colombia debe apostarle a una economía mucho más diversificada y en donde los commodities tengan un peso mucho menor en el PIB. Hacer grandes inversiones -como lo estamos haciendo- pensadas para facilitar las transacciones de los commodities es equivocado. Todas las inversiones en infraestructura, educación y demás, deben hacerse de cara a lograr que la economía colombiana se diversifique y logre generar mayor agregado.

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