Santa Marta de mi corazón

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Escrito por:

José Tovar Delgado

José Tovar Delgado

Columna: Opinión

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Cuando decimos los samarios de pura cepa, que Santa Marta es el lugar que lo tiene todo, lo decimos de corazón y con el alma. Pues se nos llena el espíritu de gran satisfacción, no solo por saberlo y creerlo siempre, sino por trasmitirlo al mundo entero. Vemos las escuelas, los colegios y los institutos de educación tecnológica que capacitan a los muchachos que salen al mundo laboral para convertirse en formadores de una sociedad más moderna justa y tecnificada hacia el futuro.
Nos emociona ver el progreso urbanístico que ha tenido la ciudad en los últimos años, el desarrollo de obras viales, la marina internacional, la construcción de hoteles y edificios, que integran a Santa Marta a la elite de ciudades turísticas del mundo.
Sin embargo, no olvidemos la gran responsabilidad que tenemos los samarios de cuidar algunas de las maravillas naturales más imponentes del planeta: nuestra bella bahía, considerada la más hermosa de América, amenazada por el grave riesgo de contaminación a causa del inadecuado manejo del embarque de carbón; la Sierra Nevada de Santa Marta, paraíso natural, donde podemos encontrar los más variados climas, donde se conserva la flora y la fauna digna del mas soñado paraíso terrenal, pero que por descuido de las autoridades ambientales se deteriora a una velocidad tan alarmante, que vemos con angustia como las fuentes del agua pura que descienden de los imponentes nevados llega cada vez más escasa y contaminada a los acueductos de los que se surte nuestra sedienta ciudad.
Todo esto lo digo de corazón, pues estoy recién desempacado de mi último viaje a mi ciudad hermosa, donde encontré a mis mejores amigos de la juventud y condiscípulos queridos que me prestaban los cuadernos para pasar los apuntes que dictaban en las clases, los profesores de gimnasio Santa Marta y el liceo Caribe. Quiero aprovechar este comentario, para agradecer con el alma a todos los amigos samarios, por sus múltiples atenciones recibidas en esta esa encantadora ciudad de Bastidas. Y para ponerme a las órdenes en esta caótica ciudad de Bogotá. Y además, decirles que estoy a sus completas órdenes para lo que se les ofrezca en la capital colombiana.
Da gusto ver a tantos amigos queridos samarios con quienes comparto mis inquietudes acerca del diario vivir de mi ciudad y con quienes a cada momento estoy en contacto para acompañarnos en la distancia y expresar nuestro inmenso cariño y agradecimiento.
A Santa Marta y a mi departamento, desde está congestionada, pero al mismo tiempo encantadora ciudad que a pesar de su permanente caos sigue siendo un vividero muy agradable les digo: Que sean muy felices y que me tengan muy pendientes en sus oraciones.

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