El lenguaje nunca estará en peligro

Columnas de Opinión
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Escrito por:

José Vanegas Mejía

José Vanegas Mejía

Columna: Acotaciones de los Viernes

e-mail: jose.vanegasmejia@yahoo.es

Cuando pensamos que el lenguaje corre peligro por el uso que llamamos 'incorrecto' y los abusos que soporta la lengua de Cervantes, nos equivocamos. La lengua tiene sus propios mecanismos de defensa. Es por ello que las variaciones introducidas por el empleo de abreviaturas y de palabras mutiladas para satisfacer las necesidades que impone el lenguaje vertiginoso de las llamadas 'redes sociales', aunque causaron inquietud hace unos años, no anuncian la aniquilación de la lengua de Castilla.
Una de las grandes preocupaciones de los defensores de nuestro idioma fue el uso de neologismos en el habla cotidiana. Los neologismos o palabras nuevas eran considerados términos intrusos, los cuales había que rechazar; labor infructuosa en cualquier momento del desarrollo lingüístico, pues la ciencia, la tecnología, las artes y la cultura en general necesitan dar nombre a los elementos que las conforman. ¿Cómo no llamar 'jet' a un avión que llegó para sustituir al que se impulsaba con la sola fuerza de sus hélices? La nueva realidad impuso un nuevo sustantivo para designarlo. La Real Academia Española, esa entidad que "limpia, fija y da esplendor", ordenó que se dijera "avión a reacción". Nadie obedeció y seguimos llamándolo 'jet'.
Los neologismos dieron paso a numerosos extranjerismos; consecuencia apenas lógica, puesto que los grandes inventos generalmente se dan en países de lengua diferente de la castellana. Se procedió entonces a españolizar extranjerismos al por mayor, empresa imposible en muchos casos. Los profesores de español decidieron establecer diferencias entre extranjerismos 'necesarios' y extranjerismos 'innecesarios'. Los 'necesarios' entraron para quedarse. Con esa invaluable ayuda creció nuestro acervo lingüístico.
¿Sabía el lector que la Real Academia Española autorizó hace años el uso del término 'asentarse' con el mismo significado del 'sentarse' que utilizamos nosotros? La comunidad hispanohablante no emplea esa palabra sino con el sentido de tomar posesión de un sitio y establecerse en él; además, acepta que se asiente el café, pero no una persona en una silla; tal vez 'asentarse' le parezca un arcaísmo. Pero hablando de arcaísmos, también estas formas antiguas del lenguaje contribuyen al enriquecimiento de nuestro léxico. Son elementos lingüísticos que pertenecen a épocas pasadas. Todavía decimos 'acullá' cuando queremos señalar lo que está más allá del lugar donde estamos; pero no nos atrevemos a usar 'moguer' en vez de 'aunque' y mucho menos 'apoteca' en lugar de la tradicional 'botica'. Sin embargo, los arcaísmos están ahí como testigos de una lengua que se niega a morir y lucha a brazo partido contra su deterioro.
Hay quienes consideran que el lenguaje español de la península ibérica se ha empobrecido al perder tantas voces que fueron de uso corriente en la Edad Media e incluso en el siglo XVII. En el español de América, en cambio, la presencia de muchos arcaísmos, sobre todo en las áreas rurales, establece un puente entre el antes y el ahora de nuestra idiosincrasia. ¿Quién niega la fuerza expresiva de la arcaica preposición 'do' en vez de la manoseada palabra 'donde'? La poesía da testimonios fehacientes. Para finalizar traigo a cuento toda una frase que, siendo niño, escuchaba de labios de una venerable anciana: "Cuando allegué yo te vi, pero en verdad te desfiguré". ¡Ojalá nunca desaparezcan los benditos arcaísmos!

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