El Plan de Desarrollo

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No imaginó el expresidente Cesar Gaviria, que 24 años después de haber sancionado la Ley Orgánica del Plan de Desarrollo (Ley 152 de 1994), su hijo Simón tuviera la responsabilidad de aplicarla como Director Nacional de Planeación.
El ejercicio de la planeación en Colombia fue instituido a comienzos de la década de los 50 en el gobierno de Mariano Ospina Pérez con el apoyo de una misión del Banco Mundial. En 1968, siendo presidente Carlos Lleras Restrepo, tomó impulso con la creación del Departamento Nacional de Planeación -DNP- y se consolida con la Constitución Política 1991, donde se establece que "habrá un Plan Nacional de Desarrollo conformado por una parte general y un plan de inversiones de las entidades públicas del orden nacional".
Según versiones extraoficiales, en noviembre el director del -DNP-, Simón Gaviria, debe estar dando a conocer al país la carta de navegación en materia de política económica, social y ambiental del gobierno Santos para los próximos cuatros años. En febrero del año entrante, el proyecto debe estar radicado en el Congreso para su discusión y aprobación.
Claramente, este Plan de Desarrollo será muy ambicioso por las circunstancias que rodean al país. Los estándares mínimos que Colombia debe cumplir para el ingreso a la Ocde, la mejora continua de las actuales condiciones económicas y sociales del país, el manejo del post-conflicto y la transformación del campo, exigen del gobierno unos propósitos, objetivos, metas y prioridades muy claras y concretas.
Respecto a la Misión Rural, instancia encargada de estructurar el portafolio de políticas públicas para el campo colombiano en los próximos 20 años, es conveniente que su director, el ex ministro y catedrático, José Antonio Ocampo -al igual que los negociadores de La Habana- socialicen el documento de las propuestas con los gremios y empresarios de la producción agropecuaria del país para poder enriquecerlo y aterrizarlo a la realidad del campo colombiano. El ejercicio que en ese sentido viene realizando el ministro de Agricultura, Aurelio Iragorri, con los dirigentes gremiales del país, es un buen referente.

Los que trabajamos día a día en esta actividad, sabemos que la transformación del campo se logra si el Estado asume el compromiso y la responsabilidad de formar, capacitar y organizar una nueva generación de agricultores y ganaderos profe-sionalizados, instituyendo un mecanismo de planeación (POT rural) que oriente a los campesinos en un mejor uso del suelo, creando un Sistema Nacional de Presas y Canales de irrigación, estableciendo un sistema de coaseguro que agrupe a las compañías aseguradoras para lograr una mayor cobertura de los riesgos -tal como funciona en España-, remplazando el ineficaz servicio de asistencia técnica que prestan las Umatas por uno de extensión agrícola y pecuaria a través del Sena, subvencionando la tarifa de energía rural, facilitando el acceso al crédito y desarrollando un plan de vías rurales. Como decían los abuelos, ponga usted el pavimento y la luz, que nosotros ponemos el desarrollo.
El agobiado sector rural colombiano está exigiendo soluciones de verdad, que sean perdurables en el tiempo y que puedan efectivamente ser llevadas a la práctica. Llevamos 20 años realizando concesiones millonarias de subsidios y adjudicación de predios sin lograr mejorar los modestos rendimientos por hectárea y mucho menos, atender la demanda interna de alimentos. Lúzcase doctor Gaviria.

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