Nueva etapa en Uniatlántico

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Escrito por:

Cecilia Lopez Montaño

Cecilia Lopez Montaño

Columnista Invitada

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Sin entrar en el debate actual, la verdad es que se da la oportunidad de iniciar una nueva etapa en la vida de la Universidad del Atlántico, centro de educación superior fundamental para el desarrollo intelectual de la juventud costeña. Sin entrar en una controversia sobre las razones del cambio en la rectoría, la verdad es que la última administración permaneció 8 años al frente de la institución, y así como muchos defienden su gestión, otros la atacan como suele suceder generalmente. Lo grave sería que todos la criticaran, cosa que no está sucediendo.
Ahora, en este momento, en mi opinión, son importantes dos elementos. El primero, que no se ha mencionado con la fuerza que se debería, es que se necesita partir de un balance objetivo de la administración que acaba de terminar. Este es el punto inicial para poder identificar avances, puntos para replantear y hechos que no se deben repetir. Esa debería ser una gestión del Ministerio de Educación para evitar que se cargue esta evaluación hacia un lado u otro. Empero, que por favor no surja el complejo de Adán, típico de los nuevos funcionarios públicos, que parten de la base de que lo anterior era todo malo y, partiendo de eso, proceden a la fórmula de 'borrón y cuenta nueva'. Esta práctica le ha hecho perder muchos recursos y dentro de ellos el más escaso, el tiempo, a muchas entidades para gran perjuicio del país, y sobre todo, para la gente. Debe recordarse que UniAtlántico es una entidad pública que se financia con los recursos de todos.
El segundo, tan o más crucial que el anterior, es que no se politice este centro educativo, abriendo de esta manera las puertas para que surja este hecho en todas las universidades públicas de la Región Caribe y del resto del país. Conozco de las buenas intenciones del gobernador Segebre, pero también conozco, de primera mano, la ambición politiquera de los líderes de la política en Barranquilla, que no tiene límites y que tiene el respaldo de los decadentes partidos que los respaldan. En su orden, Ashton, Name y Char del Partido Liberal, de la U y de Cambio Radical, respectivamente.
¿Cuáles son las consecuencias de la politiquería en las universidades públicas? En primer lugar, el bajo nivel académico de las personas que nombren a través de un rector de su tendencia política. La gente verdaderamente capaz en la esfera académica, no solo con frecuencia vive sobre demandada, sino que siente repudio por estas prácticas clientelistas, propias de estos líderes políticos. Segundo, el tema de los recursos fiscales asignados a las universidades y en especial a UniAtlántico. La universidad está ad portas de recibir un volumen significativo de recursos que se deben destinar a mejorar la calidad de la educación que se imparte en este centro universitario. El peligro de la politización de esta Universidad, y de otras cuyos rectores sean producto de la ambición de los políticos, es que no se asignen adecuadamente estos fondos y se pierda así esa oportunidad que difícilmente se presentará de nuevo.
La verdadera solución está en que el nuevo rector, o la rectora, se salgan del círculo politiquero y se escoja por concurso donde participen los mejores profesionales, hombres y mujeres, que sí se encuentran en Barranquilla. Y que los requisitos para concursar partan de méritos académicos, los cuales casi por definición, excluyen a los malos candidatos que, con seguridad, presentarán los políticos.

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