Agradecido de ser Samarquillero

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alberto Linero Gómez

Alberto Linero Gómez

Columna: Orando y viviendo

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Estoy seguro que el cristianismo es un modo de vida (Hechos 5,20) que se concreta en el servicio (Juan 13,17), y se expresa en descubrir al otro como presencia de Dios (Mateo 18,20). Cuando presido la eucaristía celebro a ese Dios que se nos da como gracia capacitante, para que nosotros aprendamos a darnos a los hermanos. Eso es lo que quiero vivir como creyente y como presbítero.
El pasado 18 de septiembre la Asociación Cívica de Barranquilla me homenajeó como amigo de la ciudad. Fue un momento muy emocionante, no solo por encontrarme con buenos y viejos amigos, sino por tener la posibilidad de reflexionar sobre todo lo que esta ciudad ha aportado para a mi crecimiento personal, profesional y espiritual. Les dije que el agradecido con Barranquilla era yo, y que siempre estaba en función de servirla y de ayudar en todo lo que pudiera.
Pero el homenaje me hizo pensar en la necesidad que tenemos todos los seres humanos de reconocer el aporte que los otros han hecho a nuestra vida. Algunas veces creemos que lo que somos lo hemos alcanzado en una batalla individualista y egoísta, pero eso no es cierto. Todos somos el fruto de la urdimbre de relaciones interpersonales. No nos construimos solos, sino que en la construcción de nuestro proyecto participan todos: los que nos quieren y están a nuestro lado ayudándonos a vencer nuestras dificultades; los que nos critican y quieren destruirnos pero con ello nos muestran nuestros puntos a mejorar y cambiar; los que reciben nuestro trabajo con gratitud y nos motivan a seguir adelante; los que nos ignoran y nos muestran que no somos tan importantes como creemos. Todos nos van ayudando a construirnos. Por eso tenemos que ser agradecidos y no olvidarnos de los demás.

Pero, también pensé en que Barranquilla ha sido para mí la oportunidad de realizar mi ministerio desde mi identidad caribe. En este espacio físico pude relacionarme con lo sagrado sin poses, sin caretas, sin miedos, sin despersonalizarme. Barranquilla me permitió comprender qué es lo más importante en mi relación con Jesús, el Señor. Me hizo descubrir lo esencial y no dejarme obnubilar por las luces de lo accidental. Es el corazón abierto que se entrega al Señor y que desde allí sale a servir a los hermanos. No tuve que inventar palabras, hacer morisquetas raras, impactar con reflexiones ininteligibles, sino que pude relacionarme con Jesús desde mi ser caribe construido en la amplitud del horizonte que me da el mar y enriquecido por las mezclas culturales y raciales del negro, el indio y el blanco.
Me emocioné mucho de recibir ese homenaje por parte de esta asociación de barranquilleros, les volví a decir que era un Samarquillero -no sólo porque mi papá es samario y mi mamá barranqullera- sino porque si he nacido en Santa Marta, ciudad que tengo pegada al corazón y a la que siempre me gusta volver para comprenderme, ha sido en Barranquilla donde he podido desarrollar mi proyecto personal. Eso si, les dejé claro que soy un Samarquillero que solo tiene espacio en el corazón para amar al Unión Magdalena.
Te invito a reconocer a tu lado a las personas que te han ayudado a crecer, a ser agradecidos con ellas y a rogar a Dios que las bendiga y las haga felices. Por mi parte hoy al celebrar la Eucaristía estaré teniendo presente en mi patena a tantos amigos que me han hecho tanto bien al compartir la vida conmigo. Bendiciones.

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