Voto obligatorio: un absurdo más

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Escrito por:

Andrés Londoño Botero

Andrés Londoño Botero

Columna: Bitácora del primer y cuarto cuadrante

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En vez de corregir la apatía que generan los políticos y la falta de contexto del sistema electoral que impera, nos obligan a padecer los antipáticos choques de egos, que a la mayoría de personas tienen sin cuidado. Si la gente no sale a votar es porque no se siente representada, y por los cuestionamientos a la labor que desempeñan aquellos a quienes elegimos.
Las revoluciones democráticas hacen parte del pasado, las personas han encontrado mejores métodos para ser escuchados. La revolución digital está transformando nuestras vidas, hoy en día es más efectivo un trino que un voto. Las personas votan por unas ideas y les terminan imponiendo otras, en el Twitter pueden decir exactamente lo que piensan.
Desde luego que es importante ejercer el derecho al voto, ojo: derecho no deber, con el fin de propender a que nos gobierne alguien con una forma de pensar similar. Si no vota, después no se queje. Pero resulta que las personas que elegimos son seres distantes para el grueso de la población. Las dinámicas de la globalización han traspasado las esferas nacionales, hoy en día los procesos locales son los que imperan. Es más, lo que pase en las principales ciudades es lo que se impone a nivel mundial. Es en las ciudades donde vive la mayor parte de las personas, además allí se produce más del ochenta por ciento del PIB mundial, luego es absurdo que en el Congreso sigan existiendo circunscripciones tan amplias. Incluso, dentro de las ciudades hay sub-ciudades por así llamarlas, por lo que las elecciones de autoridades locales también deberían replantearse.
Además de que el diseño del sistema conlleva a una poca representación, y por ende a una pobre rendición de cuentas, los choques entre distintos egos tienen hastiados a los posibles votantes. Cuando se habla de política es inevitable no pensar en el enfrentamiento personal entre dos personas, con argumentos tan vagos que ya no sabemos quién piensa qué. Por las falencias del sistema, y quienes pertenecen a él, los costos de desplazarse a votar aumentan, llegando a tal punto que es mejor ser indiferente. Luego el problema no es de los habilitados para sufragar.
Las épocas en las que los políticos movilizaban a las masas se quedaron en el siglo pasado. La sociedad, en nuestros tiempos, prefiere que se le deje actuar con libertad sin ninguna planeación central. Hoy en día, el sector que moviliza a las personas es el de tecnologías, y si no me creen reto a cualquier político a movilizar más personas que un lanzamiento de Apple. La política dejó de ser innovadora y su tendencia es a desaparecer. El Estado debería dedicarse a cosas básicas como la justicia, la defensa y quizás una porción de la educación y salud. Lo que verdaderamente está cambiando nuestras vidas, de manera positiva, son las innovaciones que provienen del sector privado.
El Gobierno de la sociedad está tendiendo a relegar al Gobierno electoral. Las redes sociales son más poderosas que las ordenanzas. Los políticos se han ensimismado en peleas y acciones corruptas e ineficientes que apaciguan los ánimos de las personas. Obligarnos a votar es ignorar la profunda inoperancia del sistema, además es un atropello a la libertad humana.
El voto en blanco representa el desacuerdo con quienes aspiran, el abstencionismo es reflejo de la incapacidad que tienen los dirigentes por conquistar a los ciudadanos.

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